
El próximo sábado, 11 de septiembre, se celebra en Madrid la Noche en Blanco, evento multitudinario consistente en animar a los habitantes a deambular de un lugar a otros, asistiendo a actividades más o menos culturales. No es difícil conseguir que los madrileños pasen la noche en vela, de modo que la Noche en Blanco suele ser un éxito: las masas toman las calles y participan encantados en esta suerte de botellón institucional con coartada cultural.
La Noche en Blanco es coherente con la concepción de la ciudad-marca y de la cultura-espectáculo, una actitud que irrita a grupos de artistas, que este año han pedido abiertamente el boicot a la Noche en Blanco. Uno de los argumentos para oponerse a la celebración (además de que la organice Gallardón) es la convicción de que la celebración es, en realidad, una práctica de control de multitudes, una herramienta, en fin, de control social.
Para demostrarlo, recurren al decálogo de la página web del evento en Bruselas (La Noche en Blanco se celebra en otras seis ciudades europeas), uno de cuyos puntos afirma lo siguiente:
“La noche en blanco hace posible que las ciudades que organizan el evento reflexionen de forma conjunta sobre los desarrollos actuales de la noche urbana, para implementar servicios y medios de organización adecuados ( economía de la ciudad, señaléctica, iluminación, seguridad, servicios …).”
No parecen muy taimadas las intenciones de los organizadores belgas, para qué engañarnos. Muchas de las críticas hacia el Ayuntamiento de Madrid por la Noche en Blanco tienen que ver con el doble rasero hacia la cultura: “se prohíben las fiestas populares con la excusa de la seguridad pública y el descanso de los vecinos” y, sin embargo, “ el 11 de septiembre ocupará la calle y pondrá todos los medios, incluidos los de transporte, al servicio de su propia fiesta, movilizando a los ciudadanos a través de una intensa campaña publicitaria, autorizándoles, ahora sí, a tomar la calle”, según puede leerse en el manifiesto contra el evento de los artistas.
Sea como fuere, el macroevento también admite la crítica interna. Uno de los grupos que se encargan de comisariar La Noche en Blanco es el colectivo Basurama, grupo que, como su nombre indica, crean sus obras a partir de objetos recogidos en la basura, y animan al público a participar activamente en la elaboración y disfrute del arte.
http://www.cookingideas.es/%C2%BFes-la-noche-en-blanco-una-herramienta-de-control-de-las-multitudes-20100909.html