S. BRITO

Público

Esta es la historia de un prisionero contada en dos tiempos: una donde la prisión no tiene barrotes la cárcel está en la calle, en una cocina; la otra, abarrotada, donde el muchacho en cuestión logra la libertad y el poder que no tenía afuera. ¿Cómo? Conquistando, como dice el dicho, por el estómago. El debut del brasi-leño Marcos Jorge, cuenta la historia de Nonato, un joven que llega de provincias a una gran ciudad brasileña, donde se topa con su instinto natural para la cocina y aprende, de paso, lo mucho que le puede servir para su ambición.

Estómago, que se estrenó el pasado viernes en salas, y que fue la absoluta vencedora de una edición de la Seminci de Valladolid alicaída y de tránsito, es una fábula gastronómica sobre el poder y su inseparable capacidad para corromper. «He querido hacer un filme que no sea paternalista con las clases bajas. De hecho el protagonista, explotado, se convierte en explotador», asegura. Cuestión de claroscuros, para Jorge.

Esta fábula con tono de farsa sobre la trayectoria de un personaje y su ascenso social (o descenso, según se mire) es para el director un camino de huida de los tópicos del cine brasileño: «Favelas y violencia», apunta. La ciudad funciona en Estómago como «la tierraprometida, pero como una falsa tierra prometida», aclara el director. «Paradójicamente, Nonato es más libre en la cárcel que fuera», aclara.

El director, que se había prodigado antes de pasarse al largo en documentales, videoarte y televisión, preparó el filme como un plato: con minuciosidad en la preparación, pero atento a dejar suficiente espacio para la improvisación y el instinto. «El toque mágico sucede tanto en un rodaje como entre fogones», dice.

Si bien la seducción y la sensualidad suelen ser ingredientes básicos de las películas que toman la gastronomía como primer plato de la trama, estos elementos aparecen en Estómago expuestos de forma grotesca. Aquí hay más gula que sensualidad, más empacho que placer, más pedantería que verdadera sabiduría. Y todo aderezado de generosa acidez y un humor negro, que hace olvidar que los muchos indicios que va entregando la película y su insistencia repetitiva desvelan más de lo debido y dejan un regusto ligero.

Del aparato digestivo

«Las buenas comidas se acaban convirtiendo en mierda, y el poder hace lo mismo con las personas», afirma Jorge, que se ocupó de salpicar la película de buenas dosis de culos para constatar la sugerencia.

De Brasil a Italia, Estómago, cuarta película en la taquilla brasileña de este año, bebe de referencias como Marco Ferreri o Federico Fellini, y en lo gastronómico, de la cocina italiana. «Estuve viviendo en Italia 10 años y eso se nota en el tono de la película».