
Mis huesos contra el asfalto
(Hipocondría de la Persecución)
Los servicios de inteligencia mundiales, los de la CIA, los de Pekín, los de Tokio, los de Israel, los de Madrid y los de Buenos Aires me van a volver loco por completo. O bien ya estoy un poco bastante loco y no corro, por tanto, ese riesgo.
Hace unos días fui objeto de un atentado… Iba en mi bici playera, tan tranquilo, por Liniers, avanzando por una vía llena de humos, autos, camiones, buses, motos y gentes. Tenía que realizar un gestión en Villa Uro. ¡Bah, un paseo de poco más de 20 kilómetros!
Y fui derribado por un auto, que me atropelló a toda velocidad y se dio a la fuga. Acabé en el suelo, donde siempre me gusta estar pero nunca me gustó estar de esa manera: lleno de rasguños y de sangres…
Los servicios de inteligencia quisieron acabar conmigo, seguro. Pero, ¿por qué? ¿Qué temen de mí todas las policías del mundo si no paro de escribir contra las militancias, los socialismos, los comunismos, la Revolución, la lucha armada, las guerrillas, el Che, los troskistas de vientre abultado, etcétera?
¿Temerán que también critico a los profesores, los médicos, los periodistas, los jueces, los sindicalistas, los políticos progresistas o transformadores, los policías “democráticos” y los militares “de paz”, los trabajadores siempre, los estudiantes y, sobre todo y por encima de todo, a mí mismo, esta piltrafa de escritor?
¿Temerán la crítica?
¡Para, Pedro, no hables más como un narciso de la lucha y un hipocondríaco de la persecución! ¡Que no fuiste víctima de un atentado, sino de un “atontado”, un pecho caliente argentino que iba a toda mecha por la ciudad y te llevó por delante!
En fin… ¿Y qué tengo que hacer para sentirme verdaderamente peligroso, para merecer una persecución profunda, seria, no tan ritual y automática como la que encierra a los ladrones, los alborotadores de las marchas y los simpatizantes de causas-otras que se encaran con la Pasma?
¿Entre urnas, convocatorias ciudadanas y movilizaciones reguladas mataron la posibilidad del peligro? ¿Solo queda el narcisismo y la hipocondría de cuantos van de rebeldes con tarjetas de crédito en el bolsillo y neveras llenas de cerveza?
Yo creo que no. Siento que el peligro todavía habita. Pero no sé muy bien dónde.
Buenos Aires, septiembre de 2018
Fuente: https://www.facebook.com/pgarciaolivo/posts/10215544676561516