
Por Heródoto el Rojo (junio de 2004)
En estos últimos meses la invasión y ocupación de Irak por una “coalición” de depredadores nos sacude diariamente con las consecuencias de la guerra. Sin embargo, existen en el planeta un gran número de conflictos armados que parece que no tienen espacio en los medios de comunicación, son guerras olvidadas, pero con elementos en común, prácticamente todos estos conflictos tienen un origen económico y de control de recursos. En Liberia no hay mucho petróleo que robar, como en Irak, pero tiene minerales, maderas, caucho y diamantes. Lo que debería ser la riqueza de un país en beneficio de sus ciudadanos se convierte en su tumba y su desgracia, cierto es que estos conflictos tienen otros factores distorsionadores, como las luchas tribales o religiosas, pero el principal problema es el control de los recursos naturales por parte de los poderes económicos capitalistas. Estas multinacionales, apoyadas por sus gobiernos de origen mediante sus ejércitos, lo único que les interesan es que los “civilizados” occidentales consumamos sus productos, mientras los gobiernos y medios de comunicación intentan que miremos a otro lado, que no nos preguntemos porqué estos países están así. Destacan en esta lucha de intereses en África los estados de Francia y U.S.A., aunque también Israel y otros países europeos intentan sacar las mayores tajadas de la desgracia ajena.

• Antecedentes históricos
A mediados del siglo XIX una sociedad filantrópica norteamericana compró parte de la colonia británica de Sierra Leona para reintroducir a los esclavos negros liberados, y así librarse de ellos. Aunque no llegaron gran cantidad de personas fueron suficientes para dominar a las tribus indígenas, a las cuales se les daba un trato parecido al que habían recibido los ”libertos” en las plantaciones de algodón norteamericanas, siendo esta nueva explotación un elemento de odio desde entonces. Liberia se convirtió en el primer estado independiente de África, cuyo nombre de la capital, Monrovia, fue puesto en honor del presidente norteamericano Monroe. Sin embargo la dependencia económica respecto a USA, Inglaterra y Francia era total, para atraer dinero los recursos del país fueron cedidos a las grandes empresas de los países occidentales.
De estas concesiones de explotación destacó sobre manera, ya en el siglo XX, Firestone, que tenía auténticos bosques de caucho, y de donde sacaba gran pare de las materias primas que necesitaba. Era tan importante que a Liberia se la conocía como la “República Firestone”, ejemplo de país dominado por los poderes económicos, que provocan la inexistencia de un estado que garantice el más mínimo derecho social al pueblo.
Esta política de permitir cualquier inversión extranjera hizo que a mediados de los setenta el 90% de las riquezas del país estuvieran en poder de empresas foráneas. La corrupción, financiada y alentada por las propias transnacionales, se instala en todos los ámbitos de la escasa administración.
En 1980, el sargento Samuel Doe (de la tribu Krahn y aliado temporalmente con los Mano y los Gio) da un golpe de estado, proamericano declarado, sus soldados son armados y entrenados por Estados Unidos, lo que fue aprovechado para arrasar todas las tribus y aldeas que no le eran afines, con la consecuencia de miles de muertos y la creación de un odio irreparable.
Es a partir de ahora cuando los intereses comerciales, mezclados con antiguas rivalidades étnicas originadas por la elite afro-americana en el poder, desatan una serie de guerras civiles que llegan hasta nuestros días. Las diferentes tribus, dirigidas por “señores de la guerra”, se enfrenta y alían según los intereses de sus dirigentes y se empiezan a financiar con los recursos naturales de sus territorios.

Así, a principios de los años 90, termina habiendo 3 grandes bloques, los seguidores de Doe (Kranh), de Charles Taylor (Gio y Mano, ya enfrentados a Doe) y Johnson (escisión del grupo de Taylor). La guerra civil es tremenda, alentando un odio irracional entre etnias y facciones dentro de los mismos grupos. También luchan guerrillas de países vecinos como Sierra Leona o Burkina Faso. Quizás lo más terrible es el reclutamiento de miles de niños, a los cuales se les obligaba a realizar los actos más inhumanos sobre los prisioneros o sus propias familias.
A estas alturas la O.N.U. ha organizado un ejército de interposición, la ECOMOG, formado en gran parte por nigerianos, cuyo gobierno intenta ser el país más poderoso e influyente de la región, por lo que muchas veces actúan más por interés propio.
Finalmente Johnson entra en Monrovia, asesinando a Doe, mientras Taylor domina el 80% del país, excepto la capital.
En 1992, desde los campos de la Firestone, Taylor y su grupo (NPFL), se enfrenta a las tropas de la ECOMOG, en donde los nigerianos bombardean varias ciudades. Así, se intenta un acuerdo de Paz, pero no se cumple por casi nadie, apareciendo además nuevos grupos armados que complican aún más la situación. Con el apoyo de la ECOMOG, entran en combate el grupo LPC, de las etnias kranh, gio, mano y mandinga. Durante 1992 y 93 conquistan algunos condados. Para complicar aún más el panorama la ULIMO (antiguos partidarios de Doe) se dividen en dos facciones. Las luchas continúan a pesar de diferentes intentos de acuerdos de Paz, con un coste humano indescriptible de vidas, mutilaciones, violaciones, etc..
Más tarde, y tras durísimos combates en los alrededores de la capital, Taylor y sus aliados consiguen entrar en Monrovia. Hace pocos meses, otra alianza y la presión internacional consigue expulsarle del país, con el inestimable apoyo de los U.S.A.
Después de años de guerras, miles de personas están exiliadas, hacinadas en Monrovia o muertas. Se cree que ha habido más de 200.000 muertos, cientos de miles de heridos, mutilados y violadas, un millón de exiliados en un país de tres millones. El interior del país está prácticamente vacío, con los cultivos abandonados y sin el más mínimo futuro de una vida digna.
• ¿Por qué ocurren estas cosas?
Aunque la mayoría de los medios de comunicación cuentan estas guerras como un conflicto entre países, etnias, facciones, etc…, detrás hay un complejo mundo de intereses económicos que son los que alientan y financian estos grupos. Sólo hay que ver cómo gente que no tiene casi para comer manejan armas últimos modelos, vendidas por un tráfico comercial, que en teoría es “ilegal”, pero que no encuentra dificultades en llegar a todos los conflictos, los miles de millones de beneficios de estas ventas hacen que los tentáculos e influencias de estos “comerciantes” estén por encima de cualquier ley o ética. Pero no es sólo culpa de estos desalmados traficantes, estas armas se fabrican en nuestros países “civilizados”, por mucho que nos quieran engañar los políticos occidentales de que es un tráfico fuera de su control, nosotros fabricamos las armas que luego se utilizan para estas guerras.
Estas armas no son baratas, por lo que para financiarse los grupos armados ceden la explotación, o venden directamente, los ricos recursos naturales que poseen a cualquier multinacional que les pague al contado.
Es precisamente este comercio inmoral el que permite que estos conflictos sean inacabables, que el odio se vaya extendiendo hasta que la locura ciegue cualquier posibilidad de acuerdo pacífico.
Desde el estallido de los primeros conflictos, las potencias económicas no dudaron en aprovecharse de estas situaciones, así, Francia y sus multinacionales, establecieron contactos con Charles Taylor para la venta de madera y minerales, por supuesto a cambio de armas. Igualmente compañías americanas o del resto de Europa han practicado este comercio inmoral, destaca la influencia de los productores de diamantes, sobre todo Israel y la ciudad belga de Amberes, que producen más de la mitad de los diamantes pulidos del mundo. Así, y a pesar de ser ilegal, los diamantes de las minas de Liberia y países limítrofes (destaca Sierra Leona) llegan sin problemas a estos fabricantes sin escrúpulos.
Estados Unidos olvidó el país en cuanto vio que no tenía gran importancia geoestratégica, pese a pobres intentos de mediación, su implicación ha sido mínima para el problema que realmente provocaron los políticos de su país en el siglo XIX para deshacerse de los negros.
La lista de empresas y países que se benefician del horror es casi interminable, no sólo financian y arman a estos grupos, si no que estos grupos utilizan prisioneros como esclavos, para garantizar la produción a bajísimos costes. Estas multinacionales tienen muchas veces sus propias “oficinas” en el lugar, defendidas por cientos de mercenarios que protegen las concesiones y a los “honorables” hombres blancos.
No es muy difícil de entender cómo pueden ocurrir estas cosas, en un mundo dominado por el amor al dinero, en la creación de beneficios a cualquier coste, y en sobre todo, la ceguera de una sociedad consumista como la occidental (no confundir con el objetivo de un estado de bienestar en Europa) que prefiere mirar a otro lado mientras el mundo se desangra por nuestra culpa.
Así lo vi, así os lo cuento