En esta ocasión tenemos el gusto de presentarles el gusano de la palma Carlos Murgas llamado “el zar de la palmicultura, exministro de agricultura en el periodo de Pastrana; este gusano se destaca por su gran labor en el ministerio: reafirmando la política neoliberal que busca tecnificar el agro en beneficio de la concentración de tierra y el monopolio de la ganancias, en especial a los palmicultores; además de esto se destacó por incentivar el cultivo de cacao y palma en el Catatumbo y el Cesar, zona en donde está el complejo industrial La Hacienda “Las flores” que además de ser de su propiedad, captó ayudas desde el plan Colombia para financiar y proteger el área de los cultivos para la muestra “proyecto de sustitución de cultivos en Tibú… millonarios créditos del Banco Agrario y de Finagro, ofrecidos por funcionarios de las empresas del ex ministro y otros palmicultores”1

En este caso el panorama del Catatumbo y el departamento del Cesar , que no son los únicos lugares donde pasa esto, no ha sido solo la tenencia de la tierra, sino que este se ha mantenido gracias a la incursión paramilitar que ha marcado la historia de la violencia en la región con más de cien mil desplazados, más de diez mil muertos y más de 600 desaparecidos, todo esto es la consecuencia de los intereses creados en la región no solo para la concentración de la tierra para los monocultivos, sino que van en contravía con la integridad, la dignidad y el respeto que merecen los campesinos; convirtiéndose en una contrarreforma agraria donde este gusano y otros se ven beneficiados.

El gusano murgas no solo con las políticas implementadas para fortalecer el neoliberalismo en su cargo, sino que con otras que se han promovido e impuesto por los gobiernos de terratenientes sobre el tema de los monocultivos de la palma, una de las mas beneficiadas es la Hacienda “Las Flores” que se ha consolidado como la primera plantación del país en producir semillas, sembrarlas y llevar el proceso productivo hasta el consumidor final; esto nos hace caer en cuenta que la producción de monocultivos de palma para el biodisel solo beneficia a los grandes terratenientes y empresas ya que estos son los que tienen la tierra-usurpada-, los medios de producción y el dinero; los mas importante es que son ellos quienes quedan con toda la ganancia que sale; la muestra de esto se da en “el municipio de Tibú, donde, inclusive ya se han denunciado casos de esclavitud de familias enteras, incluidos los niños y niñas”2.

Esto es poquito de lo que realmente pasa en un país en donde se legisla para empresas privadas y mega-proyectos, planes de integración que solo benefician los intereses de la explotación y privatización de las riquezas sin mirar tan siquiera que todos estos intereses van en detrimento del campesino y generando irreversibles impactos ambientales producto del reemplazo de grandes extensiones de bosques tropicales por monocultivos de palmas, y además, los impactos socioeconómicos que genera este modelo productivo, como la usurpación de territorios colectivos son desastrosos.

De lo anterior podemos extraer que “las masacres, los tratos crueles, inhumanos y degradantes, las detenciones arbitrarias, los empadronamientos a la población civil, los falsos positivos, las ejecuciones extrajudiciales, el desplazamiento forzado, los bloqueos económicos, señalamientos hacia la población civil por supuestos “reinsertados”, la estigmatización del movimiento popular, el pillaje, los bombardeos indiscriminados, etc., son el resultado de la implementación de esta nueva estrategia para la exploración y explotación de la riqueza natural de la región”3. Además las comunidades afros han denominado a la palma aceitera como-la palma de la muerte- pues ellos han vivido situaciones similares en sus territorios, como pan de cada día.

Esta situación de violación de derechos de la población, de concentración de la riqueza y de la tierra en manos de los terratenientes especialmente productores de los monocultivos, trae a la larga lista de gusanos, unos personajes que continúan apostándole a la guerra, a la injusticia, a la militarización y en ultimas, al fortalecimiento de las causas estructurales del conflicto colombiano; púes son estos quienes requieren de grupos armados legales e ilegales para poder mantener sus megaproyectos y por tanto a quienes no les conviene que las condiciones de la población mejoren.

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