
Conversamos con el filósofo John Zerzan sobre alternativas al desarrollo industrial y al modelo de progreso económico vigente en la sociedad de masas.
Ástor Díaz Simón (Redacción)
Foto: Olmo Calvo.
DIAGONAL: En una entrevista reciente decías que están surgiendo planteamientos que cuestionan eficazmente la modernidad y el progreso. ¿Qué opinión tienes del movimiento del decrecimiento y su capacidad de respuesta a la crisis económica global?
JOHN ZERZAN: Hace un par de años, en Barcelona, hubo una discusión considerable, sobre todo desde grupos franceses, de esta tendencia. Algunos aspiraban a integrarse en el juego parlamentario, lo que considero mala idea, y no sé qué grado de radicalidad implica su propuesta. Por un lado, algunos de sus conceptos no van demasiado lejos, como las “ciudades lentas”, la “alimentación lenta” o la idea de simplificación. Por otro, no tienen mucho alcance porque carecen de crítica sobre la totalidad del fenómeno. Todo el mundo va en la dirección del crecimiento industrial descontrolado: China, India y otros muchos países avanzan con rapidez hacia esta realidad. Así pues, el decrecimiento puede ser deseable, pero hay que plantear una lucha concreta contra todas estas dinámicas, instituciones y fuerzas que empujan en la otra dirección. Creo que promueven algo sano, pero, si optan por la vía de integración en partidos verdes y demás, creo que su enfoque quedará comprometido por la dinámica de partidos, aunque tal vez sean capaces de encontrar una vía alternativa.
D.: ¿Cuál sería tu acercamiento teórico a esta lucha?
J.Z.: El antiindustrialismo. Si no nos ocupamos de este problema, estamos evitando encarar la manifestación principal de la sociedad de masas, que ya tiene una vigencia de 9.000 años. No podemos sino reconocer una realidad que no hace feliz a casi nadie, ante la que están reaccionando grupos humanos en todos los continentes, en todos los países. La sociedad industrial envenena el aire, conduce a la esclavitud a millones de personas, acaba con los pueblos indígenas y sus formas de vida. Y hoy en día ni siquiera se trata de esconder su verdadera naturaleza; sus agentes operan a la luz del día. Copenhague ha sido un desastre completamente predecible y Obama es otro Bush; parece que definitivamente se ha terminado la ilusión y tal vez ahora nos podamos enfrentar con nuestros problemas verdaderos.
D.: ¿Qué opinión te merece internet? ¿Es un síntoma de domesticación o tiene un peso específico como herramienta transformadora?
J.Z.: Creo que ambas cosas. No sé aquí, pero en EE UU pasamos nuestra vida frente a la pantalla. Somos adictos a este tipo de interacción, supongo que por el nivel de desamparo existente. Hoy un amigo es alguien a quien probablemente nunca hayas visto en persona, vamos a todos lados con el móvil en la oreja. Parece que nadie quiere estar presente en este mundo arrasado, siempre estamos en otra parte. Pero no existe otra parte. Este mundo se define por la tecnología, la tecnocultura se expande con gran velocidad, a pesar de ser económicamente excluyente. Y en la base de este proceso está el posmodernismo, que se caracteriza por la adopción incondicional de la tecnología, así como por la pérdida de las ideas de causalidad, valor o significado. Sólo deja espacio a lo momentáneo y trivial.
D.: ¿Crees que este sistema se ha implementado desde arriba o se trata de una deriva que nos hemos trabajado nosotros mismos?
J.Z.: Creo que esta situación proviene de nuestro sistema de consumo. Y será imposible abordar el problema eficazmente sin aplicar una crítica radical a este fenómeno, porque la tecnología en sí es neutral. Si no politizamos la cuestión de su uso y las raíces de su existencia es imposible frenar esta situación. Los efectos negativos de este modelo son visibles en la salud física y mental de nuestra sociedad. Por ejemplo, el fenómeno de los tiroteos en escuelas e instituciones. Estas manifestaciones patológicas se producen en los países más desarrollados –EE UU, Finlandia o Alemania–, como síntomas de una sociedad disfuncional, del vacío de un mundo uniformizado que está acabando con la idea de comunidad y tantos otros conceptos importantes en nuestra vida. Mientras sigamos apostando por una sociedad tecnológica de masas, como hace la izquierda, no seremos capaces de librarnos de todo este lastre y regresar a una experiencia directa del mundo.
D.: ¿Y cómo enfrentar el proceso práctico de cambiar el modelo?
J.Z.: Poniendo el problema sobre la mesa, dándole la relevancia que merece e insistiendo en el papel central que debe jugar en la discusión pública. Nuestra postura implica destruir todo el aparato tecnológico antes de que nos destruya y de que elimine todo valor y textura de la vida. Se trata de reconectar con la tierra, por ello nuestra inspiración fundamental son los modos de vida de los pueblos indígenas.
D.: ¿Qué harías si el sistema cayera mañana y tuvieras la oportunidad de intervenir e implementar cambios concretos?
J.Z.: El problema es que la mayor parte de la población de las grandes ciudades moriría en tres días. No duraríamos mucho sin energía, con los alimentos pudriéndose, sin habilidades para sobrevivir y con el instinto atrofiado. No sabríamos qué comer, qué planta es cuál, como hacer fuego, buscar agua, refugio… Nos tenemos que preparar para ese proceso, porque la ciudad es artificial e insostenible, y no representa el mundo al que nos enfrentaremos cuando el sistema se detenga… Además, poseer esas herramientas de supervivencia empodera políticamente, da sensación de autonomía. Si quieres salir del sistema, pero no tienes estos conocimientos, al final seguramente no des el paso.
PRIMITIVISMO RADICAL
Con ocasión del cien aniversario del anarcosindicalismo organizado por CGT, nos acercamos al pensamiento de John Zerzan. Sobre la dialéctica negativa de Adorno, Zerzan expone, en textos como La catástrofe del posmodernismo o El crepúsculo de las máquinas, su idea de que esta civilización es una construcción acumulativa de alienación. Para reconstruirla apela a la experiencia de las comunidades anteriores a la adopción de la agricultura, la domesticación y la propiedad privada. De éstas extrae la práctica de formas de vida libres de alienación basadas en la experiencia directa.
http://diagonalperiodico.net/Hay-que-destruir-el-aparato.html
“Hay que destruir el aparato tecnológico”
Bien: De acuerdo en el 99% del diagnostico y de la terapia propuesta: Volver a las raices.
Pero completamente en desacuerdo con el titulo.
Recuerden que el problema no es tecnológico ni por asomo: Es de consumismo desmadrado y de capitalismo-militarismo.
Ahora por ejemplo, somos capaces de comunicarnos a una velocidad mucho mayor: Si hace 30 años uno publicaba un libro y lo leian 100 personas en un año (si no se promocionaba por la TV), y si el libro era bueno, hacían falta 10 años para que todos lo conociesemos, ahora todo este proceso se hace en un par de semanas.
Esto significa que SE SABE TODO. En la era internet, cualquiera con inquietud y curiosidad, puede aprender lo que quiera de forma prácticamente gratuita,
efectiva y rápida.
Yo creo que esto es bueno en si mismo: Democratiza el conocimiento. Eleva el nivel cultural colectivo, de forma horizontal y distribuida.
Pero el capital esta tratando (infructuosamente) de demoler esta «auto-educación colectiva en red»:
Los nuevos aparatos tratan de quitar al ordenador personal abierto y libre de enmedio: Los nuevos aparatos usan lenguajes incompatibles entre si, no son reparables, reciclables, ampliables, estudiables…
Están diseñados SOLO PARA VENDER MAS Y HACERNOS DEPENDIENTES, en lugar de para mejorar nuestras vidas y permitirnos entender la realidad social (y técnica) de forma mas profunda.
Esta es la degeneración pseudo-tecnológica que verdaderamente me preocupa e indigna.
El conocimiento libre es la batalla crucial de nuestro tiempo. Desde como plantar ajos de manera mas armónica con la tierra, hasta entender el ciclo eterno del agua, o reparar un molinillo eólico para autogenerarse electricidad limpia.
«Destruir el aparato tecnológico» es lo que intenta (y no consigue) el capitalismo salvaje, depredador y corrupto.
Porque la tecnología es un producto de nuestra imaginación, como la musica o el arte, y esto es lo que mas acojona a los zombies de arriba.
Y parece ser que también a algunos de abajo…
La tecnología debe ser sencilla y todo el mundo debe ser capaz de saber como funciona.
Si no, no es tecnología, sino una nueva forma de esclavitud disfrazada.
De hecho, la tecnología es muy sencilla per se.
Somos nosotros los que renunciamos a entenderla, porque nos han contado que es «muy complicada y solo al alcance de muy pocos expertos superinteligentes».
Esta es la verdadera falacia: La tecnología no tiene nada de complicado, solo requiere de una única cosa para que cualquiera pueda entenderla:
P-A-C-I-E-N-C-I-A
Y esto es precisamente lo que tratan de robarnos, y no lo consiguen…
El reloj no va contra nosotros: Va contra los que se han aventurado por el camino rápido, fácil e inmoral…
Apostaría a que este señor de la entrevista usa un windows corrupto, en lugar de un linux libre.
Y de ahí su desconocimiento, incomprensión y desencanto del hecho tecnológico.
Alejandro Bonet
Propietario de un Ordenador Personal
PC compatible 486 a 16 MegaHertzios, del año 1993, con linux…
internete
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“Hay que destruir el aparato tecnológico”
+1, de acuerdo contigo.