
Nunca he visto tanta maldad, tanta gente ansiosa por expresar su crueldad y compitiendo entre sí para demostrar su falta de empatía y humanidad. Nunca creí que las personas fueran capaces de ser tan malvadas: alegrarse del dolor ajeno, regocijarse cuando otros sufren, pasan hambre, lo pierden todo y son asesinados. Por eso nunca he sentido tanto miedo, porque tengo la sensación de que una enorme presa se ha roto y las masas de israelíes están despojándose de toda contención humana para revolcarse en el odio, la deshumanización y la violencia. Como si hubieran estado esperando el momento de liberarse de las reglas que los obligaban a mantener una apariencia de moralidad.
A gritos, se deshacen de las convenciones que la sociedad ha construido durante miles de años. La igualdad ha sido borrada de su léxico, por no hablar de la dignidad humana. La compasión, la empatía, amar al prójimo como a uno mismo… han sido abolidos. La nueva «unión israelí» se basa en una adicción al odio y a la sed de sangre.
Nada de esto ocurrió por ciencia infusa de la noche a la mañana. Hubo alguien que durante años construyó una sofisticada maquinaria de veneno y rencor. En la lista de crímenes contra la humanidad perpetrados por Netanyahu, despojar a muchos israelíes de toda inhibición moral es uno de los más graves. Y su punto culminante sucedió cuando logró convertir su fracaso más terrible, la masacre del 7 de octubre, en la excusa que justifica y estimula la nueva maldad israelí. Como una respuesta pavloviana implantada mediante hipnosis: basta con que la gente recuerde ese día, para que inmediatamente deseen la destrucción de los palestinos.
Netanyahu no es el único que tiene responsabilidad pública por la espantosa desintegración que estamos presenciando. Los miembros de su gobierno y los diputados de la coalición, los medios de comunicación que le sirven con una obediencia nauseabunda y cualquiera que aspire a un puesto de liderazgo y no establezca límites morales ni presente una alternativa, son igual de culpables.
Cuando una sociedad pierde su brújula moral se hace más necesario que nunca un liderazgo valiente que no tema llamar al mal por su nombre y exigir un comportamiento ético. De lo contrario, la sociedad israelí tendrá muy difícil salir del pantano donde se está hundiendo. Allí, en el fondo de la miseria moral, muchos ciudadanos de Israel están cegados frente a los 2 millones de gazatíes que están siendo expulsados y masacrados, mientras en Cisjordania se organizan pogromos con el respaldo de las autoridades y el ejército.
A pesar del estruendo de los israelíes que corren hacia el abismo, estoy segura de que la mayoría de nosotros desea la vida y la paz; que no hemos renunciado a la humanidad. Hemos sido silenciados ante la violencia y la fealdad, pero todavía estamos aquí.
Fuente: https://kamchatka.es/israel-esta-inundada-de-maldad-por-eso-tengo-tanto-miedo/