DIEZ AÑOS DESPUÉS

Srebrenica 2005

En junio de 1995 estaba terminando mi libro sobre los refugiados de la antigua Yugoslavia “La maleta” (University Press of California) en donde entrevistaba a hombres y mujeres de diferentes nacionalidades, originarias de cualquier sitio y desplazadas a donde fuera.

Una de estas personas era un hombre joven de Srebrenica, exiliado en Viena. Era musulmán, muy educado y amable conmigo, una serbia que escribía para los norteamericanos; me invitó a su apartamento, a cenar, y me contó que había huido del país a través de la Cruz Roja en Belgrado. Se consideraba a sí mismo yugoslavo y odiaba las guerras, hechas por los políticos, según decía, y no por la gente.

Al final dijo algo que nunca olvidaré, una frase que en aquel momento sonaba angustioso y turbio. “Si le pasa algo a mi familia en Srebrenica, que es un enclave musulmán protegido por las tropas de la ONU, juro por Dios que mataré con mis propias manos al primer serbio que encuentre en mi camino, mi colega aquí en Viena y no me importa que no sea culpable, no me importa si voy a la cárcel para siempre…”

Unas semanas más tarde, ocurrió la masacre de Srebrenica; más de ocho mil personas fueron ejecutadas en solo unos días por un ejército de serbios de Bosnia dirigidos por el General Mladic. Las tropas de la ONU miraron para otro lado… los cuerpos fueron enterrados en toda la región, algunos en la propia Serbia, con una eficiencia sin precedentes en las guerras balcánicas. Todavía hoy, diez años más tarde, algunos, en Serbia y en todo el mundo, siguen mirando para otro lado. En Serbia, el argumento de la gente es que se cometieron crímenes en todos los bandos… En el globalizado mundo militarista la justificación para esta actitud es: dejémosles pelearse en los Balcanes, el aislacionismo espléndido de los que pueden permitírselo.

No sé si la familia de aquel hombre fue asesinada en la masacre, no sé si él mató a su colega, no conseguí contactar con él más tarde… Después de la matanza de Srebrenica el 11 de julio, los Croatas bombardearon la Krajina a comienzos de agosto y doscientos cincuenta mil serbios huyeron de Croacia.

Unos meses más tarde, en Dayton, se firmóun tratado de paz entre los tres bandos (Serbios, Croatas y Musulmanes). Recuerdo como estuve toda la noche despierta, esperando que llegaran a un acuerdo. Recuerdo a mi hija de 11 años levantándose de la cama cada cierto tiempo para venir a preguntarme, ソLO HAN HECHO? Cuando por fin le dije que sí, se fue a dormir y comencé a llorar. No eran lágrimas de alivio sino de desesperación. El tratado lo firmaron Milosevic y Karadzic. Se dieron la mano, con Bill Clinton, actuaron como “pacificadores” y yo supe, inmediatamente, que ocho mil cuerpos de las fosas comunes de Srebrenica volverían algún día, tan seguro como el padre de Hamlet, porque no habrá reconciliación y paz sin verdad y justicia.

Cada año, durante todos estos años, nosotras como Mujeres de Negro de Belgrado, nosotras como personas que teníamos amistades en Bosnia, nosotras que clamábamos que No en Nuestro Nombre, hemos ofrecido nuestro respeto a los que han sido desenterrados, a los que lo han sido parcialmente, a las víctimas identificadas y no identificadas de esta matanza. Fuimos a Srebrenica, escribimos al mundo sobre ello, nos manifestamos en la Plaza de Belgrado, donde nos escupieron, nos atacaron físicamente, nos insultaron por traidoras, durante la era de Milosevic y también después.

La negación continúa diez años después: el Parlamento serbio no puede adoptar una resolución sobre la matanza de Srebrenica por desacuerdo sobre el nombre. Los militares holandeses que fueron responsables directos de la zona condecoran a los soldados holandeses que sobrevivieron al crimen sin hacer nada por evitarlo. Los principales responsables, Mladic y Karadzic, están huidos. Recientemente, los medios de comunicación serbios mostraron un video clip con la ejecución de algunas víctimas musulmanas. No causó un impacto inmediato en el mundo político, sólo en las desgraciadas madres y otros familiares de las víctimas.

ソQue ha pasado en el mundo durante estos diez años?. El mundo entero se ha convertido en unos Balcanes. Hay mucha mayor eficiencia en los asesinatos: bombas suicidas, terrorismo, invasiones y ocupaciones, crímenes de Estado, terrorismo paramilitar hablan la misma lengua del fundamentalismo contra la ciudadanía y la sociedad civil de todo el mundo.

Diez años después y más que nunca, el movimiento no gubernamental feminista pacifista u otros grupos de base son los únicos que ven la necesidad de desvelar los crímenes, condenar los crímenes y enfrentar la responsabilidad internacional de la matanza de Srebrenica llevada a cabo por las fuerzas paramilitares serbias. La cadena de la responsabilidad va desde los que apretaron el gatillo a los que dieron las ordenes en Bosnia, a los que en Serbia les dieron apoyo, a los que convirtieron un régimen criminal en un pacificador.

Reconciliación, verdad y justicia, además de exposiciones, muestras y escritos que ONG de todo el mundo, pondrán en práctica este 11 de julio. Para mi, reconciliación, verdad y justicia quiere decir abrazar a aquel hombre de Srebrenica al que hice una entrevista hace diez años cuando los dos éramos tan ingenuos como para pensar que había esperanza por todos nosotros fuera de los Balcanes. Le diría: perdóname, nunca olvidaré…..

Jasmina Tesanovic

Traducción: Marisa Méndez-Vigo, Mujeres de Negro. Barcelona