
La última ejecución en la horca que conocemos ha sido recientemente, la de Sadam Hussein, el 30 diciembre de 2006; tenía 69 años, pero nada comparable con la que nos ocupa, ninguna como la de «Jayme El Barbudo».
Trasladado a la plaza de Santo Domingo de Murcia, es ahorcado el lunes 5 de julio de 1824 por el verdugo Joseph Merino. Nuestro protagonista rechaza la capucha que le ofrece el «executor de sentencias» negándose a llevar la cabeza cubierta.
Esta es la trama que desarrolla el libro de José Sáez Calvo, presentado en los salones de La Constancia de Catral terminando el año 2007, concretamente el 28 de diciembre, festividad de los Santos Inocentes. Un éxito de asistencia de público si nos atenemos a la irregular respuesta de público a esta clase de actos culturales en los tiempos de corren.
No de una historia contada por «viejas» que se reúnen al calor del fuego…, ni es un folletín al uso de otras épocas… El presente relato se basa en una investigación, amplia y severa, pero no es una tesis al uso académico, y lo que pretende es que llegue al gran público para que conozca toda la verdad de un personaje sobre el que la mentira se había instalado.
Jayme se conocía la sierra como la palma de su mano y era «más listo que el hambre». El trato que tuvo y mantuvo con la gente de a pie, fue tan exquisito, cercano e inteligente, que a nadie se le hubiera ocurrido denunciarle o darle la espalda.
No me ha sido fácil sacar adelante este libro (4 años de arduas investigaciones, indagaciones, entrevistas y visitas a los lugares más significativos de su vida). Pero antes de continuar, quiero aclarar la razón del porqué utilizo la «y» griega en su nombre siendo nacido en Crevillent y por tanto una localidad valenciano-parlante del Baix Vinalopó.
Primero, porque así figura en su partida de nacimiento y bautismo y en otros documentos de la época. Pero también porque he querido ser riguroso con la forma de escribir del momento, independientemente de su valor lingüístico, que en este caso me parece secundario. Jayme es el nombre por el que se le conoció y se le conoce en la inmensa mayoría de territorios por los que pasó, aunque, como en su tierra natal u otros pueblos valencianos, se le nombre como «El Barbut», o como «Jaime»; para nosotros, siempre será «Jayme El Barbudo» o «Jayme de la Sierra».
Igual sucede con el nombre de Crevillente, que consta así en su partida de bautismo, y en su testamento. El nombre de Crevillent se adopta recientemente, así que he querido conservar el nombre original, mejor conocido en la gran mayoría de territorios que conoció Jayme.
El colapso de los depósitos de una buena parte de los archivos consultados no me ha impedido descubrir historias y aspectos llamativos de su vida y andanzas. Creo que el libro es digno de un guión cinematográfico con los ingredientes necesarios para hacer una película llena de emocionantes aventuras.
Jayme adquiere el dinero con riesgos y fatigas, y lo distribuye, según él mismo afirma en el «Manifiesto de la Pila», entre el «espartero hambriento, el sediento obrero, el sencillo agricultor o el humilde carretero».
Carnarvon, que escribe «Viajes por España», dice en 1823: «El entusiasmo que algunas gentes del pueblo levantino sienten hacia Jayme Alfonso, es sólo comparable al que los campesinos prehistóricos sienten por el jefe del clan». Y continúa: «cuando algún matrimonio joven quiere casarse y no tiene dinero, acude a Jayme, quien ofrece dote a la mujer y aparece en la boda vestido de bandolero en plena ceremonia, baila con la novia, la besa en las mejillas y desaparece entre los aplausos de los asistentes».
Se cuenta que casi nunca roba del todo a los viajeros, les pide un tanto de lo que llevan, y les dice que pueden seguir el viaje tranquilos sin que nadie les moleste, ni siquiera fuera de su territorio. En el momento de registrar los equipajes, Jayme habla tranquilamente con los desvalijados, les ofrece vino, tabaco y conversación y atiende cualquier queja.
En mayo de 1822, a Jayme le llegan noticias de que en una casa de la «Pila» se esconden unos frailes dedicados a repartir propaganda subversiva. Tras días de estrecha vigilancia, Jayme y su cuadrilla entran en la casa y encuentran a Fray Benito de Monóvar, al que apresan por sospechoso. Fray Benito vive en la sierra de la «Pila» y baja de oculto a casa de la viuda de Vicente Abad, en Abarán, donde tiene encuentros amorosos con la «Marieta» de Monóvar.
En otra ocasión decide visitar un prostíbulo de Murcia, lo que tiene por costumbre hacer a menudo. Al entrar al local cree reconocer en un «cliente», otra vez, a Fray Benito de Monóvar. Cuando el fraile, acompañado por una mujer, pasa por su lado camino de una de las habitaciones, ya no le cabe duda: es Fray Benito, al que bien conoce. Preso de una gran rabia penetra en la estancia y sin mediar palabras la emprende a golpes, propinándole una soberana paliza. Este es un hecho real como lo es el que se refiere a La Tía Casacas de Catral.
El Barbudo es muy religioso, al parecer siempre lleva medallas, escapularios, asiste a misa cuando puede, hace rezar el rosario a los suyos cuando cometen alguna fechoría y es devoto de la Virgen del Carmen y San Cayetano. Durante la Guerra de la Independencia lucha contra los franceses con su cuadrilla en los Cerros de Úbeda, Albacete, Alicante y Murcia. En tierras andaluzas va de emboscada en emboscada y en Murcia, combate junto al capitán general Elío, que le proporciona el primer indulto, y ayudando al general Martín de la Carrera, muerto desangrado en San Nicolás de Murcia y es vitoreado por los murcianos en su marcha triunfal por la capital.
Nos encontramos ante una biografía entre el ensayo histórico y la novela que, optando por un estilo directo y ameno, sin duda es la biografía más completa escrita sobre «El Barbudo» y la principal fuente de información a la que tendrán que acudir cuantos quieran conocerle. El libro ha sido editado por Natursport, de Murcia, y se convierte por propios méritos en un referente editorial en la actualidad. Tengo que decirles que si yo fuera crevillentino, me sentiría muy orgulloso de tener como paisano a «Jayme El Barbudo» y no escondería que su patria chica es la mía.
Porque a pesar de los errores, que sin duda cometió, fue ante todo un hombre noble, cabal y generoso, fiel a sus principios, que siempre defendió valientemente. Y llegados a este momento, yo me permito lanzar al aire, a quien corresponda, ¿por qué no un reconocimiento al «Barbudo» en forma de ruta turística, una plaza, una calle, una estatua?
Hoy, espero, se rompa la leyenda y entre a formar parte de la historia, yo les animo amigos lectores, a que lean el libro y disfruten con este personaje que siempre estará entre la historia y la leyenda: «Jayme Alfonso El Barbudo».
Diario Información
Jayme El Barbudo, entre la historia y la leyenda
es muy interesante,tengo 14 años
Jayme El Barbudo, entre la historia y la leyenda
esta muy Interesante jaime el barbudo. Mi felicitacion jose
Jayme El Barbudo, entre la historia y la leyenda
hola soy de crevillente y me siento indentificado con mi paisano jayme,habia oido algo sobre jayme y ahora se que es verdad.
Jayme El Barbudo, entre la historia y la leyenda
Es el mejor libro que he leido de El Barbudo, su autor se nota que ha investigado a fondo y con una narración ágil y literaria ha conseguido elevar su libro a la categoría de «libro de culto». Enhorabuena. María.
Jayme El Barbudo, entre la historia y la leyenda
No hauries de caure en la trampa de mitificar el personatge. En aquestes coses sempre hi ha una part de propaganda i de recreació partidària.
I perquè tanta excusa per tapar la part valenciana del personatge? No cal justificar-se tant.
Jayme El Barbudo, entre la historia y la leyenda
quisiera conseguir este libro me gustaria saber donde compralo, por favor es muy importante para mi, ruego mandeme un correo , muchas gracias.
Jayme El Barbudo, entre la historia y la leyenda
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