
Un joven acusa a cuatro guardias de darle una paliza al detenerlo y los agentes alegan que les atacó con «una fuerza sobrenatural»
MANRIQUE C. SÁNCHEZ | ALICANTE.
Un joven acusó ayer en un juicio a cuatro guardias civiles de propinarle una brutal paliza hace cuatro años tras interceptarlo en un control rutinario en una rotonda de acceso a Monóvar. Él está acusado de un delito de atentado, por los que podría ser condenado a una pena de entre 8 meses y 2 años de cárcel, mientras que los agentes se enfrentan a una posible condena por un delito de lesiones, aunque niegan haberse extralimitado. La Fiscalía pide para ellos sendas multas y la defensa del detenido tres años de prisión y otros tantos de inhabilitación.
Los hechos ocurrieron sobre las dos y cuarto de la madrugada del 3 de septiembre de 2008, en plenas fiestas patronales de la localidad. Las versiones de ambas partes difieren desde el principio. En cambio, no se discute que los uniformados, una pareja de Monóvar y otra de Pinoso, pararon el coche conducido por el quinto acusado, el entonces estudiante de 23 años José M.J., minutos después de haberle permitido el paso en el mismo control junto a su novia, a la que llevaba a su casa.
El conductor terminó en los calabozos, detenido, con una brecha en la cabeza, el dedo de una mano fracturado y numerosos hematomas en la espalda y el tórax. En el lado contrario, un funcionario sufrió un mordisco y otro arañazos. El trasfondo del incidente incluye también una supuesta relación de la actual novia del chico con un guardia del pueblo.
José M.J. niega que insultara a los guardias y se subiera en el capó de un coche patrulla, como reflejaron ellos en el atestado. «Uno me golpeó con una porra entre el cuello y la cabeza. Cuando me quise dar cuenta, ya estaban todos con las porras fuera. Yo estaba como un pato mareado, solo quería salir de allí. Me golpearon los cuatro, muchas veces y muy fuerte. Me caí al suelo y solo pararon cuando vieron que venía un coche de la Policía Municipal», relató a la sala.
Por su parte, los cuatro agentes, Francisco Javier H.R., José Manuel P.T., Francisco Javier M.M. y Carlos Manuel G.B., expusieron una historia totalmente distinta en la que repitieron que el conductor se mostró «agresivo y muy violento».
Uno de ellos llegó a asegurar que exhibió «una fuerza sobrenatural», por lo que tuvieron que coger las porras, solo dos de ellos, y usarlas «lo justo e imprescindible» para reducirle. Según su versión, la brecha en la cabeza y la fractura de un dedo se pudieron producir en el transcurso del forcejeo, al golpearse «con un bordillo o unas piedras».
Sin embargo, la forense que examinó al lesionado confirmó que los golpes que presentaba en la cabeza, el pecho y la espalda fueron causados probablemente por porrazos o puntapiés. La brecha abierta sí es compatible con el impacto de una superficie en forma de borde o canto. La especialista relató que fue el juez de guardia de Novelda quien le solicitó por teléfono que examinase en persona al chico al ver la entidad de las lesiones cuando lo tuvo frente a sí.
La Verdad