Estoy lista para insistir de forma apasionada que la guerra nunca es una respuesta. (…) Pero ¿qué se puede decir a un niño moribundo, traumatizado, huérfano o mutilado? Quizás las únicas palabras que hemos murmurado una y otra vez junto a la cama de los niños moribundos en los hospitales de Iraq: lo siento, lo siento muchísimo.