La revista Ecología Política se hace eco en su número 39 de la edición relativamente reciente de una biografía en inglés de Kumarappa, economista y colaborador de Gandhi. Y aquí me hago eco del eco de Ecología política (Crates).

1) Homenaje a Kumarappa, economista ecológico gandhiano / Mark Lindley.

Describiré a Kumarappa como un teórico de la economía de importancia mundial para el siglo XXI.

El famoso libro de Schumacher de los años setenta, Lo pequeño es hermoso, lleva como subtítulo “La economía como si la gente importase”. Habrán notado que el subtítulo del libro del De. Karunakaran es “La economía como si la gente y el planeta importasen”. Entre los economistas del siglo XX, Kumarappa fue el profeta de este enorme cambio en el pensamiento económico. Esto se ha vuelto bastante perceptible en la actualidad y creo que inexorablemente tenderá a ocupar una posición central en la teoría económica de este siglo. Me estoy refiriendo, por supuesto, a la economía ecológica. Es a lo que Kumarappa aludía en el título de su libro sobre teoría económica, “Economía de la permanencia”, escrito en prisión durante la segunda guerra mundial.

… La ciencia de la economía, el estudio de los aspectos materiales de la vida humana, trata de nosotros y nuestros hijos y nuestros nietos y sus hijos y nietos, de ese tipo de cosas, no del Big Bang y todo lo demás. Kumarappa tenía razón.

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Aquí creo necesario explicar un par de distinciones básicas de categorías dentro de la teoría económica. (1) La economía de mercado trata de bienes y servicios por los que se paga. Es el tipo de economía que las escuelas de negocio enseñan a aquellos estudiantes cuya razón de estar allí es que quieren hacerse ricos; y esa es la parte del león del trabajo que los teóricos occidentales de la economía han venido haciendo durante los últimos cien años o más.

No obstante, (2) hay mucho trabajo económico por el que no se paga –por ejemplo, gran parte del trabajo que todavía siguen haciendo las mujeres- y que por lo tanto no es tenido en cuenta en la economía de mercado; pese a que buena parte del mismo es social (dejemos a un lado a los eremitas), una cuestión de seres humanos interactuando entre sí. Los modelos económicos de todo eso –de los mercados y todos los demás intercambios socioeconómicos- son actualmente catalogados como ‘sistemas cerrados’; mientras que (3) los modelos de “sistema abierto” abarcan toda la gama de sistemas cerrados más los intercambios materiales entre la humanidad y el resto de la naturaleza. Creo que estarán de acuerdo en que esto establece nuevos fundamentos teóricos.

El estudio de la ecología existía ya como disciplina académica desde antes de la época de Kumarappa. Pero aún no había sido tomada en serio por los economistas. Kumarappa, no obstante, lo hizo; y no sólo describió a los ecosistemas (no con esa palabra) sino que tuvo la perspicacia de introducir dos conceptos de enorme importancia para pensar sobre modelos económicos de sistema abierto: agotamiento y contaminación.

La idea de “agotamiento de recursos naturales no renovables” es fundamental para adaptar a la economía de sistema abierto el concepto de “asignación de recursos escasos” que se había convertido en un factor esencial de la economía ortodoxa unos cincuenta años antes de la época de Kumarappa. Su precisa comprensión de la importancia económica del agotamiento es evidente en su distinción, ya señalada en Economía de la permanencia, entre una “economía río”, basada en utilizar los recursos naturales renovables no más rápido de lo que demoran en renovarse, y la “economía cubo”, basada en la utilización de recursos no renovables. Su precepto de que una economía cubo favorece la “competición malsana” brinda la posibilidad de una competencia saludable en ciertas circunstancias, y es por lo tanto un ejemplo, como su precepto de equiparar la duración “astronómica” con la permanencia, de una cierta discriminación sutil en su vocabulario técnico (aun cuando la retórica de sus ocasionales escritos políticos fuese, como Gandhi cierta vez comentó, tan fuerte como un curry de Madrás).

También captó con mucha claridad, aunque no lo menciona en las páginas de ‘Economía de la permanencia’, el concepto de contaminación ecológica. Me ha sorprendido que donde él alude a este concepto sea en el otro libro que escribió en prisión durante la guerra, Práctica y preceptos de Jesús. En un extraordinario pasaje de este libro afirma que los animales son nuestros compañeros hijos de Dios y que por ello merecen nuestro respeto. También escribe que debemos tener, en nuestras actividades económicas, un profundo respeto por el agua, el aire y la luz del sol. Resulta notable encontrar tales ideas expresadas por un miembro de una religión bíblica, puesto que el Libro del Génesis dice que Dios ordenó a los hombres que ejercieran el dominio sobre la tierra, el agua y el aire y sobre las criaturas que en ellos habitan. Este aparente permiso divino para desenterrar todo, talar todo, y sentirse libre para arrojar infinitas cantidades de veneno en la tierra, el agua y el aire es, en mi opinión, una de las razones básicas de por qué el capitalismo surgió primero en la cultura occidental.

En la década de 1930, Gandhi señaló que un país grande como la India podía, sin explotaba al mundo tan implacablemente como la pequeña Gran Bretaña lo estaba haciendo, “arrasarlo como las langostas”, y en los últimos diez años de su vida valoró enormemente el mensaje casi panteísta del primer mantra del Isha Upanishad. Pero mientras tanto Kumarappa iba mucho más allá, preparando el camino para el desarrollo de la economía de sistema abierto.

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2) J. C. Kumarappa : Mahatma Gandhi’s economist / Lindley, Mark. – 2004, Popular Prakashan, 2004. – 223 pp. Reseña de Joan Martínez Alier.

El libro sitúa la vida de J. C. Kumarappa (1892-1960) en dos contextos diferentes: el desarrollo internacional de la economía ecológica, y la lucha de Gandhi en la India contra el colonialismo y a favor de una agricultura aldeana sostenible y una industria en pequeña escala.

Kumarappa, un cristiano de una aldea de Tamil Nadu, inicialmente había comenzado una exitosa carrera como contable, llegando a residir durante algún tiempo en EE.UU. Obtuvo un master en economía por la Universidad de Columbia, siendo discípulo de E. R. Seligman y H. J. Davenport. Su tesis fue sobre las finanzas públicas en la India, cuantificando la plusvalía que los británicos obtenían del país. En 1930 envió su tesis a Gandhi, que había regresado a la India quince años antes, después de descubir el poder de la resistencia civil no violenta en Sudáfrica, a favor de los inmigrantes indios. Gandhi publicó inmediatamente la tesis de Kumarappa. Este regresó de Nueva York y se unió a Gandhi y sus seguidores, manteniendo una fidelidad a los ideales más allá de la muerte de Gandhi en 1948: los últimos años de su vida los pasó retirado en una choza de un poblado en su región natal. Lindley ha hecho investigaciones en ese preciso lugar, donde se conservan algunos libros y escritos de Kumarappa, mientras que el resto se encuentra en la Nehru’s Memorial Library de Nueva Delhi.

Lindley analiza la influencia de otros economistas sobre Kumarappa, destacando también la ausencia de autores a los que podría haber leído, como Pigou. Encuentro interesante que haya leído atentamente el libro de Patrick Geddes, Ciudades en evolución, en 1915. Geddes, un planificador urbano, culpaba a los economistas ortodoxos de ignorar el rendimiento de la energía y los materiales en la economía. Gandhi también leyó a Geddes. Tanto uno como otro admiraban la obra de Ruskin A este último (Unto this last), con su famoso lema “No hay riqueza, sino vida”.

La experiencia de Kumarappa en contabilidad y economía, además de su concienzudo trabajo sobre la economía agrícola de la India, contribuyeron a que se convirtiese en “el economista de Gandhi”. Pensaba y vivía como un gandhiano. Más aún, Lindley le sitúa entre los precursores de la economía de “sistema abierto”, oponiendo esta línea de pensamiento a la de los economistas ortodoxos y a la economía marxista. Los economistas ecológicos ven la economía como un sistema abierto. No aspiran (sólo) a internalizar las externalidades negativas o positivas en el sistema de precios. Sino que (también) reconocen a la economía como un sistema abierto al acceso de economía y materiales, y a la salida de desechos. Los efectos externos son tan penetrantes e importantes que la noción de internalización de externalidades es insuficiente para describir las relaciones entre la economía y el medio ambiente.

Al regreso a la India y comenzar a trabajar con Gandhi, Kumarappa se hizo cargo de las investigaciones rurales y de la All Village Industries Association, convirtiéndose en un experto en nutrición y agricultura, además de pasar varios años en la cárcel antes de la independencia de su país. Escribió un libro titulado La economía de la permanencia, reeditado en varias ocasiones, donde distingue explícitamente entre una economía basada en recursos renovables y la que se fundamenta en recursos agotables. Los combustibles fósiles son transitorios, mientras que el agua que fluye y la madera brindan servicios permanentes. Kumarappa es mencionado brevemente en el libro de Schumacher Lo pequeño es hermoso (1973) pero, según Lindley, Schumacher no reconoció suficientemente la influencia de Kumarappa.

A Gandhi le hubiese agradado contar con Kumarappa como miembro de su gabinete en la India ya independizada, pero después del asesinato del primero Kumarappa fue dejado de lado en la India de Nehru, aunque siguió participando activamente en el bando perdedor durante los debates sobre la descentralización de la industria, las tarifas y los subsidios, y lo que posteriormente sería conocido en el comercio internacional como seguridad alimentaría, tecnologías adecuadas y cadenas de materias primas. La noción de aparigraha, la autocontención en el consumo, estuvo presente tanto en la teoría como en la práctica de vida de Kumarappa.

El libro cuenta con una excelente bibliografía y un índice muy detallado, pero algunos capítulos habrían merecido una edición más meticulosa antes de ser publicados. De todos modos, están logrados los objetivos de Lindley, tanto la descripción de la vida y la obra de Kumarappa como su recuperación –y la de la economía gandhiana- dentro de la historia de la economía ecológica. Kumarappa se adelantó a otros economistas que serían relevantes para la India… No obstante, el crucial tema del crecimiento demográfico escapó a su atención –y a la de Gandhi-. Desde la época de Kumarappa, la población se ha cuadriplicado en lo que entonces era la India, y que ahora son la India, Pakistán y Bangla Desh.