La publicidad es comunicación. La comunicación es mensajes. Los mensajes son información, acerca de uno y de su entorno. Identifica, educa y condiciona el comportamiento. Está en todas partes. Incluso en uno mismo; la manera en que hablamos, nos relacionamos, los lugares a los que vamos, la ropa que usamos… todo brota de la información que manejamos de nosotros mismos.

El problema es que la publicidad – siendo tan poderosa – subordinada a los intereses del mercado, entrega información falsa, hostiga y confunde manipulando desde las emociones

Es verdad, el hombre quiere interconectividad, quiere poder, quiere belleza, quiere juventud, amor, seguridad, humor, comodidad, comprensión, compañía, pertenencia. Sabe lo que quiere y desde que nace que busca estas cosas, por instinto de supervivencia, es lo que le dicta su naturaleza. Ya que el hombre necesita de estas cosas para sentirse pleno, he ahí su diferencia esencial. Siempre va a dirigir su mirada y atención hacia esas flores. Siempre. La publicidad es como una bruja embustera que para atraer al hombre se viste con los bellos ropajes de su eterna amada, mas no lo es. Nunca lo será. Y está hechizado, atontado bajo el embrujo constante de esta vieja mentirosa.

La información es todo. La información es percepción. Determina la manera en que percibimos la realidad. Si a un hombre se le inculca por todos los medios que el amor lo encontrará sólo si tiene éxito y que el éxito consiste en ganar mucha plata y tener los amigos adecuados, esta persona hará lo que sea necesario para ganar, incluso dejará de ser él mismo, y así automáticamente menguará su capacidad de amar. Y así, por tratar de conseguir lo que siempre quiso, de a poco y a cada paso se aleja, hasta que simplemente lo cree imposible, un cuento de hadas, una ridiculez. Y su alma se oscurecerá. La persona perderá brillo literalmente. En el fondo no gana absolutamente nada y pierde todo, porque ese brillo es todo lo que tiene para sobrevivir, para atraer eso que tanto anhela. Cuando ese brillo interior es proyectado en el exterior vemos a una persona verdaderamente exitosa.

La publicidad ha servido para dormir a las masas. Ha sido una herramienta del todo eficaz, es increíble cómo la gente obedece sin cuestionar. Pero si es así de poderosa, es entretenido imaginar qué pasaría si su objetivo fuera ahora despabilar. Si comenzara a aparecer en los diarios, en las revistas, en la televisión, en la radio, en las calles… la Antipublicidad. El Robin Hood del mercado. Obstinado en la verdad. Parodiando las mentiras. Brillando y aliviando a todas esas personas que se sienten intimidadas ante la violenta falsedad de los estereotipos, la discriminación, la indiferencia, la frialdad, la frivolidad, la alegría fingida y la ceguera colectiva.

Todas esas cualidades que el hombre busca en las cosas del mundo, son lo que el hombre es. El ser humano es belleza, poder, amor, valentía, hogar, sabiduría, libertad, fe y esperanza. Y mientras esté obstinado en buscarlas afuera, las va olvidando adentro. Y cuando quita su atención de adentro y la pone afuera, ahí empiezan todos los problemas. Todos.

La información es poder. Y lo justo es que cada persona pueda empoderarse como se le dé la gana. Pero todos, absolutamente todos deberían tener acceso a ella. Privarlos o ultrajarlos de ésta es aberrante. En todas sus formas. Es atentar contra el libre albedrío. Y tiene consecuencias gigantescas, invisibles para un ojo egoísta e ignorante.

Si tu objetivo en la vida es ser buena persona, si eres temeroso de dios, si quieres hacer la diferencia, o si quieres que tu vida tenga sentido para poder sentirte real, lo único necesario es que te respetes y te ames más de lo que te respeta y te ama el mundo. Pff. Mucho más. Incondicionalmente. Porque tú, y nadie ni nada más que tú eres información necesaria, es decir, amor. Límpiate de los mensajes del mundo que te rodea, has que tu alma se vuelva a sentir querida y sostenida en ti, no esperes eso de nadie más. Escúchate. Conéctate con tus verdaderas necesidades y busca soluciones auténticas. Esas soluciones serán tu aporte, inmensamente necesario. Que no hubiera existido si le hubieras hecho caso al mundo y hubieras sido un consumista más de mentiras.

Maria Ignacia

Kaos en la Red