José Precedo / J. J. Gálvez. Madrid

A Diego Pérez le rompieron el cuello antes de morir. El hombre, de 43 años, falleció tras recibir una brutal agresión que le provocó la fractura de múltiples vértebras cervicales, según determina la autopsia practicada al cadáver y a la que ha tenido acceso EL PAÍS. Las conclusiones del forense, que subraya que se trata de un homicidio, implican además que el cuerpo de la víctima fue arrojado al mar después de perder la vida. «No se observan signos de sumersión», escribe el experto, que fija como fecha de la muerte entre el 8 de marzo y el 16 de marzo.

Precisamente, el 11 de marzo, Diego Pérez fue visto por última vez por un grupo de seis agentes del Cuerpo Nacional de Policía (CNP), que acudieron a su domicilio tras una llamada de auxilio de este al 091 porque estaba siendo amenazado de muerte. Los policías, encarcelados este miércoles y acusados de homicidio por el juzgado de instrucción número 4 de Cartagena (Murcia), llevaron ese día al hombre hasta una playa alejada del casco urbano.

Los propios agentes han reconocido este traslado ante la instructora después de que una cámara de seguridad captase la presencia de tres coches policiales en ese punto de la costa. Según la declaración de uno de los arrestados, condujeron a la víctima hasta Cala Cortina —la playa donde apareció flotando su cuerpo 15 días después con fuertes golpes en la cabeza— para dejarlo allí «y que volviera andando para que se le quitara la paranoia que llevaba». Eso sí, los detenidos han negado que asesinaran al fallecido. Todos aseguraron el pasado miércoles ante la juez que su custodiado huyó playa abajo nada más aparcar el vehículo policial y que ahí le perdieron la pista.

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El forense, en su escrito, describe los «signos evidentes de violencia física» y las «múltiples lesiones traumáticas» que presenta en la cabeza el cadáver de Diego Pérez. El experto aprecia una fractura-luxación de múltiples vertebras cervicales, así como lesiones en los discos intervertebrales del C2 al C7. El cuerpo se encontró, además, con lesiones postmortem derivadas del arrastre por el fondo marino. «Presenta signos evidentes de haber permanecido muchos días en el agua. la fauna marina ha comenzado a devorar las partes más accesibles», recalca la autopsia. Diego Pérez apareció flotando el 26 de marzo dentro de una bolsa negra.



“Lo llevamos a la playa para que se le quitara la paranoia”

José Precedo. Cartagena

Los seis policías encarcelados en Cartagena acusados de matar a Diégo Pérez, un vecino del barrio de Las Seiscientas que llamó para pedirles socorro porque estaba siendo amenazado de muerte, admitieron ante el juez que actuaron de manera irregular al llevarse a este hombre a una playa alejada del casco urbano pero negaron haberlo asesinado.

Los seis agentes arrestados acusados de homicidio, que según fuentes presentes en el interrogatorio mantuvieron una única versión, reconocieron una conducta irregular ante la juez: que el 11 de marzo decidieron por su cuenta trasladar a Diego Pérez, un hombre de 43 años con un diagnóstico de esquizofrenia, a Cala Cortina, (el lugar donde apareció flotando su cuerpo 15 días después con fuertes golpes en la cabeza) a tres kilómetros del centro para dejarlo allí «y que volviera andando para que se le quitara la paranoia que llevaba». Según la declaración de J. G. M., uno de los dos policías que iba en el coche zeta 54 en el que se trasladó a este vecino de Las Seiscientas, un barrio marginal de Cartagena, durante todo el trayecto a la playa su custodiado preguntó reiteradamente si la policía le iba a pegar. «La intención de llevarle a cala Cortina era alejarlo de donde estaba y que se tranquilizase y volviese andando para que se le quitara la paranoia que llevaba», relató al juez según la declaración a la que ha tenido acceso EL PAÍS.

Según ese testimonio, al llegar a la cala en el coche policial, «Diego abrió la puerta y salió corriendo hacia la zona de la playa. Desde entonces lo perdimos de vista». Lo que sigue en un extracto de la declaración entre sollozos del detenido J. G. M. recogida por la jueza de Instrucción número 4 de Cartagena, María Antonia Martínez, que dirige el caso:

«Que no es cierto que lo agredieron en ningún momento, ni lo arrojaron al mar ni lo mataron. Que el declarante puede asegurar que hasta que lo perdió la vista ninguno de sus compañeros lo agredieron. […]

«Que cuando Diego salió corriendo, se quedaron hablando los compañeros entre ellos, hablando de que tenían que asegurarse de dónde estaba Diego. Que recuerda que volvieron después a dicho lugar. Que cuando volvieorn a Cartagena tras haber salido Diego Corriendo y marharse del lugar, entiende que siguieron patrullando por sus zonas».

Este policia, como los otros cinco patrullaron la noche del pasado 11 de marzo está acusado de homicidio. Todos fueron arrestados el pasado lunes tras una investigación de meses efectuada por la brigada de la Policía Judicial de la misma comisaría de Cartagena y agentes del departamento de Asuntos Internos desplazados desde Madrid. Entre las pruebas figuran grabaciones con micros en los vehículos policiales que utilizan los seis detenidos.

A los arrestados se le imputan los delitos de homicidio y detención ilegal. Su declaración ante la juez contrasta con la versión que el relato que los agentes de policía hicieron a sus superiores la noche de los hechos. Contaron que la salida al barrio de Las Seiscientas fue rutinaria para atender a un vecino al que dejaron en su casa.


Ver en Tortuga: Detenidos seis policías por la muerte de un cartagenero al que supuestamente pegaron y tiraron al mar