
Insurgente.- Si hay una actividad que florece ante la crisis, ésa es, sin duda, la del pequeño hurto por necesidad. Los cepillos de dientes, las pastillas para el dolor de cabeza, la pizza, la ropa interior y la papilla para bebés son los productos más requeridos en las tiendas. La coyuntura parece favorecer estos actos: desde la entrada de la recesión, cada vez hay más personas que se van de las tiendas sin pagar por los productos. Muchos de los “ladrones” son madres y amas de casa que se llevan productos de primera necesidad.
Ya el año pasado muchas tiendas lamentaron el aumento en las pérdidas a causa de los robos.
Pero, la tendencia se está extendiendo actualmente de un modo alarmante. Según la última encuesta de la Retail Industry Leaders Association (RILA), una asociación que concentra a comercios minoristas, el 60% de las tiendas y cadenas más grandes detectaron un importante crecimiento de los robos en el primer trimestre de 2009, comparado con las cifras del año pasado.
Pérdidas de 25 millones de euros diarios
También están proliferando las estafas a las tiendas mediante tarjetas de crédito y otros tipos de fraude. Un 70% de comercios registró, además, un aumento en los robos a gran escala por bandas organizadas, que luego liquidan sus mercancías en mercadillos o a través de Internet. Todo esto, a pesar de los 12.000 millones de dólares anuales que destina el comercio para combatir los robos y estafas.
Esta situación está provocando pérdidas en el sector por valor de 35 millones de dólares (25 millones de euros) diarios.
En los últimos cinco años, más de 10 millones de personas fueron sorprendidas in fraganti, según cálculos del National Association for Shoplifting Prevention (Asociación Nacional para la Prevención del Robo en Comercios). Este dato tampoco es muy elocuente: según la asociación, los mismos ladrones declaran que sólo uno de cada 48 robos es descubierto y únicamente en la mitad de los casos los damnificados recurren a la policía.
Un claro ejemplo es el de Richard Johnson, de Indiana: a finales del año pasado perdió su trabajo en el ramo de la construcción. Quería comprarse en una droguería un somnífero, y cuando llegó a la tienda se dio cuenta de que le faltaba un dólar para su compra. Entonces, decidió llevarse las pastillas sin pagar y fue atrapado. «Estaba desesperado,» dijo Johnson, de 25 años.
Éste es uno de los casos típicos que se registran desde California a Florida. Así, se supone que la crisis económica es la causa de muchos robos de tiendas. «Según mi opinión, la economía lleva a gente, que de otro modo no lo haría, a robar,» dice en el «Salt Lake Tribune» el sargento de policía James Van Feet en St. George.
Como prueba de la relación con la crisis, está el tipo de botín. En lugar de productos caros, se roban objetos de uso cotidiano: fideos, pasta dentífrica, hojas de afeitar, pañuelos cosméticos, champú, y los alimentos para bebé.
Sin embargo, muchos de los ladrones sí que tienen luego dinero para poder pagarse a un abogado, como afirma la jurista Catherine Cleveland de Salt Lake City. La mayoría de sus clientes son madres y amas de casa entre 30 y 50 años, que se llevan productos espontáneamente, declaró Cleveland al «Tribune.» Esto plantea la pregunta de «si el impulso a robar aumenta cuando la gente tiene preocupaciones sobre la economía».