Víctor Atobas

Kaos en la Red

Este autor, padre de la Teoría Crítica y miembro fundamental de la Escuela de Frankfurt, va a hablar en su libro “La función de las ideologías” (1962) entre otras cuestiones del miedo de la filosofía a ser relegada por una técnica que cada vez más lo “asola todo”.

Las Facultades de filosofía son hoy un lugar donde formar a potenciales profesores, que la realidad ha ubicado dentro de la “utilidad” en el mercado de trabajo. Así se devalúa su capacidad humanística, de lo que Horkheimer llama las ciencias del espíritu, y la filosofía se ve reformulada a una razón de existencia; a participar en la política, y sobre todo en la enseñanza (siendo parte así de la economía).

Mientras que con anterioridad los filósofos vivían alejado del mundo y desapegados del mismo (Nietzsche, Schopenhauer, etc.) ahora han concretado la paz con el mismo.

Ya no existe diferencia entre el concepto y su objetivo, la disimilitud entre verdad y orden vigente se extingue y – como vemos en la siguiente cita- las ciencias del espíritu se alejan de la factura que antaño significaba la filosofía.

“A través de la filosofía, como a través del arte, se manifiesta, en lo existente en cada caso, la gran distancia entre lo que es y lo que debe ser. Todo orden que se impongan los hombres bajo la constricción de las condiciones en que estén, toda estructura cultural no menos que todo juicio aislado, plantean -queriéndolo o sin quererlo- una pretensión de justicia, y ningún concepto y ningún orden hacen justicia a su propia pretensión.” (M. Horkheimer, “La función de las ideologías”).

De esta forma, si no existe diferencia entre concepto y pretensión, habría justicia y se difuminaría toda la historia europea (hablamos fundamentalmente de Alemania) de barbarie, genocidio, y oscuridad.

La riqueza, el valor del pensamiento filosófico, ha radicado siempre en la crítica y la contraposición de la realidad – donde el concepto no permanece inmutable y sin cuestionarse a sí mismo. Es la lucha entre idea y realidad, “[donde el] pensamiento libre ha sacado en otro tiempo su fuerza” (Ibíd.)

El alemán va a criticar a los filósofos positivistas (J.S. Mill, Comte, etc.) porque realizan trabajos, aunque significativos y valiosos, auxiliares y científicos. No se cercioran de que para la ciencia existen, pero ellos no toman a la ciencia porque el pensamiento teórico no está delimitado a disciplinas especializadas.

Brevemente menciona a Stalin y a Hitler, y como su negación del pasado, la liquidación del pensamiento y la utilización del terror como transición y construcción de una sociedad nueva que acaba con olvido y ceguera.

Los primeros filósofos eran ya críticos con la mitología y las creencias divinas. Los sacrificios y el politeísmo encontraron contradicción en los pensadores griegos pero los romanos (escuelas postsocráticas, etc.) se retiraron al placer y al pensamiento que renunciaba a la oposición.

Así mismo los teólogos cristianos se enfrentaron al fanatismo y al sectarismo, en ciertos aspectos, de la realidad de su religión y “habían negado considerablemente la cara del Evangelio por la que se aparta éste del mundo […]” (Ibíd.)

Durante el Renacimiento se aparta el pensamiento de la teología y niega lo anterior, de tal forma que su negación consistió en glorificar el conocimiento natural. La Ilustración luchó contra el absolutismo, continuando con la unidad crítica de la filosofía que constituye su historia europea como una masa caótica de errores (según la deriva científica del pensamiento) pero que tiene en común el avance crítico de superación.

Después Horkheimer habla de Marx y de su teoría, que según él significa el avance de la libertad en lo político y en lo jurídico, donde los proletarios deberán “aprender” a participar y dirigir la economía en vez de subyugarse a ella; donde se concreta la libertad y se dinamiza la participación social; donde se expanden y generalizan las facultades logradas por los burgueses.

La política, a través de la sociedad de masas, se estanca en la conciencia individual de la relación del sujeto con los pensamientos generales y con su “función diferenciadora”; sólo puede el sujeto formar parte de la realidad vigente, a lo dado, “a lo que hay que pertenecer”.

Ataca después al consumismo y al progreso industrial que es un fin en sí mismo como algunas de las razones por las que la filosofía contemporánea se encuentra sin dirección, sin frutos que en las épocas anteriores – como hemos visto- suponían la superación del orden vigente.

“A la práctica industrial, en constante progreso, se deben, junto con la elevación del nivel de vida, la neutralización, no sólo de la filosofía, sino también de toda teoría no enderezada hacia el enseñoramiento; junto al aumento de las expectativas vitales, la guerra total, y junto a la vigilancia de los políticos, gracias a la opinión pública -vigilancia problemática en los tiempos de los lavados de cerebro-, un cinismo objetivo nada mal mirado, como el que era propio […] de los potentados de épocas pasadas y de sus secretarios.” (Ibíd.)

Achaca a la deriva científica del pensamiento haber contribuido a la tecnificación, a la industrialización y los demás procesos que engloban al pensamiento libre dentro de unos bloques; partidos, asociaciones nacionales, etc.

Es la consumición de la “materia intelectual” como cualquier otro producto, y el filósofo no puede contestar que es reclamar la libertad. La educación es técnica, orientada también hacia la industria y no hacia la adquisición cultural.

“Las masas no son hoy más obtusas que en otro tiempo; pero, por irles ahora mejor, a todo el mundo se le viene la idea de que son más juiciosas, más humanas, más activas intelectualmente; si no es así, el poder tiene que recaer de nuevo en unos pocos” (Ibíd.)

Estableciendo ya una valoración personal vemos como el autor califica a la filosofía no como una potencia que sea capaz (después de la aparición al Estado moderno a la que va unida en la educación) de superar la realidad, sino como la unidad – a través de su historia europea- en la capacidad crítica de los elementos fanáticos, dictatoriales… y su función de polemizar los conceptos para ubicarlos en la realidad y encontrar nuevas respuestas que el mundo, el hombre y la sociedad plantean con la “aglomeración” utilitarista y científica de la modernidad.