Nos parece interesante el análisis que se hace sobre el miedo y su influencia en la geopolítica. Vamos a comentar sólo algunos de sus párrafos, aunque el artículo es más largo y recomendamos leerlo por completo.

El miedo se produce por un sentimiento de inquietud causado por un peligro real o imaginario, y acaba consolidándose como una sensación de inseguridad que, desde lo individual, se vuelve colectiva. Así, el miedo de una sociedad es el estado de inseguridad.

¿Quién protege a la sociedad? Los gobernantes. De ellos depende la seguridad de las personas, siempre y cuando haya algún temor que las inquiete o preocupe. Con ausencia de miedo, el individuo no necesita ser protegido por nadie. Y eso no conviene a los gobernantes.

¿Quién encargó a los gobernantes ser nuestros protectores?

Nadie. Ellos se han arrogado el trabajo, el deber y el privilegio. Sobre todo el privilegio de ser nuestros defensores.

Los gobernantes se encargan de vendernos miedo, de amedrentarnos con enemigos y con riesgos etéreos o reales que son los que les convienen para poder estar en el poder. Así se vuelven imprescindibles. Los militares usan las mismas técnicas (mas bien habría que decir que abusan).

Y, ¿cómo hemos sido tan ingenuos de darles tanto poder a los gobernantes y a los militares, cómo hemos asumido que deben ellos cargar con la responsabilidad de la defensa?

Esta delegación es la que ha impedido nuestra soberanía ciudadana en los temas de defensa y nos ha hecho servidores de sus intereses particulares.

A lo largo de la historia, todas las instituciones que han tenido el poder han utilizado el miedo para conseguir sus objetivos: las instituciones religiosas con el pecado (el premio y el castigo), las instituciones políticas con el delito (lo correcto y lo incorrecto), las instituciones educativas con el saber (lo apropiado y lo inapropiado), las instituciones económicas con el trabajo (lo productivo y lo improductivo), y así varios ejemplos. Una vez el sistema se acepta como correcto, el individuo tiene miedo a ser improductivo, a hacer algo inapropiado, a ser castigado, etc.

Y, entonces, los objetivos de las personas en el poder (o de los militares) se convierten en los objetivos propios de poder, no en los objetivos del bien común. Les interesa su modo de vida, sus privilegios, su forma de entender los conflictos y, sobre todo, su forma de sacar provecho en interés propio de estos conflictos.

Con la creación de las leyes, que determinan el bien y el mal, aparecen los enemigos. Enemigo es todo aquel opositor que se cuestione el sistema establecido, y puede estar dentro del sistema o fuera. Para el enemigo interno existen las leyes, para el enemigo externo, la guerra.

El concepto de enemigo justifica la existencia de los defensores del sistema. Existiendo un enemigo (aunque sea potencial), tiene que existir un ejército. Según la lógica del sistema y de la política del miedo, el enemigo interno quiere derrotar a los poderes acabando con el sistema, mientras que el enemigo exterior tiene como objetivo invadir o destruir el territorio.

En el escenario mundial actual, hemos asistido al nacimiento de un enemigo global, el terrorismo, que actúa violentamente reivindicando sus causas particulares. La imposibilidad de previsión o control sobre este enemigo (que no tiene nacionalidad), inquieta a la sociedad, no sólo de un país concreto, sino de todo el mundo.

El concepto de enemigo es fiel compañero del concepto de miedo en la geopolítica y en los temas militares. Los medios de comunicación, normalmente con poco sentido crítico y menor perspectiva alternativa, se encargan de publicitar los enemigos que convienen a las élites para seguir manteniendo su poder: algunos son muy generales e inespecíficos, los extranjeros, los homosexuales, las mujeres, etc. y basan su poder en toda una política y educación racista y nacionalista a ultranza; otros son más difusos: el terrorismo, las migraciones, la pobreza energética. Como bien saben, enemigos hay a montones, y si no los hay, se inventan o se crean de la nada.

¿Cuál es la alternativa a la geopolítica del miedo? La geopolítica de la consciencia, de la crítica y del compromiso.

Deberíamos empezar por hacernos una pregunta simple. ¿Qué queremos defender? ¿Qué es lo que realmente nos interesa defender como personas para que nuestras vidas y las de los demás humanos, de los que dependemos, sean mejores?

Deberíamos guardar silencio un rato y ser críticos con todo lo que hemos oído hasta ahora.

Quizá así nos saldrían respuestas como que queremos defender la educación, la vivienda, la vida digna, la ecología, los derechos humanos, los objetivos del milenio, …

Un cambio en la visión de lo que queremos defender implica un cambio radical en el cómo llevar adelante la defensa de lo que nos interesa. Supone un cambio de modelo y de pensamiento radical.

Luego tendríamos que leer y profundizar más sobre el concepto de Seguridad Humana o el libro Política Noviolenta y lucha social para tener un punto de vista alternativo pero razonado y razonable con el que poder empezar a construir una defensa alternativa.

Fuente: http://www.utopiacontagiosa.org/2014/08/19/la-geopolitica-del-miedo/?utm_source=rss&utm_medium=rss&utm_campaign=la-geopolitica-del-miedo