Las políticas de nuestro gobierno son extremadamente auto-indulgentes y libertinas. La Tesorería y la Reserva Federal quieren castigar a los ahorradores mediante la continua premiación a la especulación financiera, a la creación del crédito y del gasto. De hecho no hay mejor manera de castigar a los ahorradores que ofrecer una tasa del 1% de interés y una baja del 20% anual en el valor del dólar. Por otra parte, asegurarse de que la Reserva Federal no aumentará las tasas de interés y continuará el flujo ilimitado de crédito hasta que haya suficiente crecimiento en el empleo para asegurar tanto la ratificación del representante de la Reserva como la reelección del Presidente. Estabilizar el dólar será problema de nuestros socios comerciales.
Si cualquier país desea traer saneamiento y estabilidad a los mercados mundiales del dinero, no serán los Estados Unidos. Dependerá de nuestros socios comerciales «actuar como los adultos y decir no» al niño indulgente. Un dólar en picado parece bueno y es un estimulante a nuestra economía en el corto plazo. Los automóviles importados y otras mercancías más caras y menos competitivas ayudan a nuestra industria doméstica. Las corporaciones estadounidenses pueden traer ganancias del extranjero (las ganancias en Euros parecen un 30% mejores que los dólares de EEUU cuando llegan a casa.) En la actualidad, algunos de los países que están siendo aplastados por la guerra del dinero son Europa, el Reino Unido, Canadá, Australia y África del Sur. Los países marcados por el «bombardeo de dólares» tienen algunas cosas en común: políticas económicas generalmente legítimas, poco desequilibrio en comercio exterior y un deseo de luchar contra la inflación. Ellos todavía no han «capitulado ante la campaña de bombardeo de dólares» y han empezado a comprarlos para impedir el alza de sus monedas. Mientras sus bancos centrales poseen ya demasiados dólares y están perdiendo de sus contribuyentes decenas de millones de dólares, no han firmado para comprar cantidades interminables de dólares adicionales para mantener a sus monedas controladas.
Por otro lado, los japoneses y chinos parecen haber capitulado. Ellos comprarán cualesquiera y todos los dólares necesarios para que EEUU viva más allá de sus medios, pero sólo harán esto con tal de que nosotros les enviemos nuestros trabajos. Comprando los dólares, los bancos centrales extranjeros ayudan a mantener las tasas de interés en los EE.UU. a niveles artificialmente bajos. Con el tamaño de nuestro comercio y déficit del presupuesto sin ahorros, este país no podría mantener su almacenaje, su bolsa de valores ni las burbujas de consumo a flote si las tasas de interés subieran.
En esta guerra del dinero, los japoneses, chinos y el resto de Asia, están «matándonos con la bondad». La guerra del dinero está siendo emprendida con dos metas alternativas: los países deben permitir el alza de sus signos monetarios y sufrir la pérdida de trabajos en Estados Unidos, o deberán comprar la deuda gubernamental estadounidense sin restricción. En tanto los Bancos Centrales extranjeros compren dólares, serán quienes paguen por nuestra guerra en Irak, y serán quienes cancelen cuando un estadounidense compre un Hummer con una segunda hipoteca.
Sin embargo, está quedando fuera de duda que quien compre deuda estadounidense está haciendo una horrible inversión. Para aquellos países que mantengan y compren esta deuda, significa mayores impuestos a sus ciudadanos en tanto el dólar caiga. El gasto libertino de los EEUU y la guerra del dinero son dolorosos para el resto del mundo, particularmente para aquellos países que desean tener políticas fiscales y monetarias responsables y prudentes.
Hay una salida para los otros países, pero no es lo que EE.UU. espera o querría para un año electoral. Nuestra Reserva Federal está dando una gran fiesta con el dinero fácil y un dólar débil, mientras, pide a los gobiernos responsables y a los bancos centrales sufrir nuestra «resaca» por nosotros. No hay ley natural alguna que diga que la única cosa que los bancos centrales extranjeros pueden hacer para bajar la presión a sus alzas monetarias sea emitir dinero y comprar dólares.
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