
Publicado en Guerra Eterna
Aznar ha reiterado su amistad con George Bush en una entrevista con el programa de la BBC «Hardtalk». Demuestra así su altura de miras, porque el ex presidente español carga munición mucho más pesada que la de su amigo texano. Aznar no sólo está ya a la derecha de Bush, sino que quizá haya superado a Atila, rey de los hunos.
En la entrevista, Aznar ha dicho que la OTAN podría intervenir en la guerra de Líbano. ¿Bombardeando el país para acabar con Hizbolá?, le han preguntado. «Si es necesario, sí», ha dicho.
Como si los israelíes necesitaran ayuda para eso. Como si fueran a pedirla.
Aznar ha justificado su diplomacia de los cañones con el argumento de que «Israel es una parte del mundo occidental» y que «Israel está luchando ahora por su existencia y contra el terrorismo».
Terrorismo ha sido la palabra más utilizada por Aznar, casi hasta la extenuación, aunque no sé si eso se debe a su limitado manejo del inglés. Ha reiterado su propuesta, que nadie en todo el planeta ha aceptado recoger, de que Israel forme parte de la OTAN. Considera que «el objetivo de la OTAN debería ser luchar contra el terrorismo», un programa que tendría como consecuencia más directa el aumento del terrorismo por todo el mundo.
Quizá sea eso lo que busque Aznar.
Pero en toda esta creciente amenaza del terrorismo islamista, hay una sonora excepción. Ante la incredulidad del periodista, y probablemente de los espectadores, Aznar ha dicho que no hubo ninguna conexión entre el atentado del 11-M y la «crisis e intervención en Irak».
Aunque debo decir que me ha costado entenderle, sus razones sobre la autoría de la matanza han sido éstas:
«No se sabe aún quién imaginó (sic) el atentado, ni quién fue el líder del atentado, quién definió el objetivo y quién estableció la estrategia. Una parte de los perpetradores eran islamistas, pero no creo que fuera un atentado islamista».
Los perplejos espectadores de la BBC todavía no saben lo que son los «black holes».