El cáncer en jóvenes y la invasión química: la alarma del Dr. Nicolás Olea. Contaminación del planeta humano y del ser humano. Evidencia científica

El Dr. Nicolás Olea, catedrático de Medicina de la Universidad de Granada y reconocido experto en disruptores endocrinos, ha lanzado una seria advertencia: el cáncer en jóvenes está aumentando a un ritmo alarmante. Algunos datos globales sugieren un incremento de hasta el 80 % en ciertos tipos de cáncer en las últimas décadas. Para el Dr. Olea, esta preocupante tendencia no es casual; está directamente relacionada con nuestra exposición masiva y constante a químicos tóxicos y plásticos que nos rodean a diario.

La evidencia del aumento del cáncer en jóvenes

La observación del Dr. Olea está respaldada por una creciente cantidad de estudios a nivel mundial. Múltiples investigaciones han documentado un incremento en la incidencia de cáncer en adultos jóvenes (menores de 50 años). Este aumento se ha notado particularmente en tipos como el cáncer colorrectal, de mama, tiroides, páncreas y próstata. Aunque la magnitud exacta puede variar según la región, la tendencia general es clara y motivo de grave preocupación para la comunidad científica.

Un estudio clave publicado en la revista BMJ Oncology en 2023, basado en los datos del Global Burden of Disease 2019 Study, confirma esta tendencia a escala global. Este análisis, que examinó 29 tipos de cáncer en 204 países entre 1990 y 2019, reporta un aumento del 79 % en la incidencia de cánceres de aparición temprana en menores de 50 años, pasando de 1,82 millones de casos en 1990 a 3,26 millones en 2019.

Los cánceres de tráquea (nasofaringe) y próstata mostraron los mayores incrementos, con tasas anuales de aumento del 2,28 % y 2,23 % respectivamente, mientras que el cáncer de mama representó la mayor carga de casos (13,7 por cada 100 000 personas) y muertes asociadas. Los autores del estudio señalan que, además de factores genéticos, los estilos de vida poco saludables (como dietas ricas en carne roja y sal, consumo de alcohol, tabaquismo, inactividad física, obesidad e hiperglucemia) y la exposición a factores ambientales podrían estar contribuyendo a esta tendencia. Sin embargo, reconocen limitaciones, como la variabilidad en la calidad de los registros de cáncer entre países, lo que podría subestimar la magnitud real del problema.

Disruptores endocrinos: químicos tóxicos en nuestro día a día

El Dr. Olea enfatiza que la clave de este problema reside en los disruptores endocrinos. Estas sustancias químicas, una vez en nuestro organismo, pueden alterar el delicado funcionamiento del sistema hormonal. Las hormonas son mensajeros químicos cruciales para el desarrollo y la correcta función de innumerables procesos biológicos. Una interferencia con ellas puede tener graves consecuencias para la salud, incluyendo una mayor predisposición al cáncer.

El problema es la omnipresencia de estos compuestos en nuestro entorno moderno.

Alimentos envasados en plástico. Un foco principal para el Dr. Olea. La mayoría de los plásticos usados en envases alimentarios contienen disruptores como los bisfenoles (por ejemplo, BPA) y los ftalatos. Estas sustancias no permanecen en el plástico, sino que pueden migrar a los alimentos, especialmente con el calor, el contacto con grasas o aceites, o el desgaste. El BPA, un conocido disruptor que imita los estrógenos, se ha relacionado con un mayor riesgo de cáncer de mama, próstata y ovarios. Los ftalatos, usados para flexibilizar el plástico, también interfieren con el sistema hormonal y se asocian con problemas reproductivos y un posible aumento de ciertos cánceres hormonales. Además, los plásticos se degradan en microplásticos y nanoplásticos que también podemos ingerir.

Neumáticos y tubos de escape. El aire que respiramos está cargado de contaminantes del tráfico. El desgaste de los neumáticos libera microplásticos y una mezcla compleja de químicos, incluyendo hidrocarburos aromáticos policíclicos (HAP). Estos pueden contaminar suelos y cultivos, llegando eventualmente a nuestros alimentos. Los tubos de escape emiten partículas ultrafinas, óxidos de nitrógeno, monóxido de carbono, compuestos orgánicos volátiles y HAP. Muchos de estos son carcinógenos conocidos o disruptores endocrinos. La exposición crónica a estos contaminantes, incluso a bajas dosis, puede acumularse y aumentar el riesgo de varios tipos de cáncer, especialmente los respiratorios y sanguíneos (leucemias).

Champús, geles, cremas, protectores solares y otros productos de cuidado personal. Nuestra piel, el órgano más grande del cuerpo, es una vía significativa de absorción. Lo que aplicamos a diario —champús, geles de ducha, cremas hidratantes, protectores solares, maquillajes, desodorantes y perfumes— puede contener una variedad de disruptores y otros químicos problemáticos:

Parabenos: conservantes que imitan el estrógeno y se han vinculado al cáncer de mama.

Ftalatos: presentes en muchas fragancias sintéticas, interfieren con la producción hormonal.

Triclosán: antimicrobiano que puede alterar la regulación hormonal y la tiroides.

BHT y BHA: antioxidantes sintéticos con potencial como disruptores.

Filtros UV químicos (como oxibenzona y octinoxato): comunes en protectores solares, pueden actuar como disruptores endocrinos.

Fragancias sintéticas: a menudo son mezclas complejas con potencial alérgeno y disruptor.

Ropa sintética, reciclada y colorantes textiles. La industria textil es otra fuente importante de exposición.

Fibras sintéticas: prendas de poliéster, nailon o acrílico no solo liberan microplásticos al lavarse, sino que implican el uso de químicos durante su fabricación. El Dr. Olea ha señalado que «el polvo de hace cincuenta años era pelo y ácaros; ahora es fibra textil y compuestos químicos».

Ropa reciclada: aunque sostenibles, los textiles reciclados pueden retener químicos originales o añadir nuevos, como en el caso de ropa hecha con botellas PET recicladas.

Colorantes y aditivos textiles: las prendas de colores vivos utilizan tintes y aditivos que pueden ser carcinógenos o disruptores. También se emplean tratamientos antiarrugas o impermeables que contienen sustancias como formaldehído o compuestos perfluorados (PFAS), conocidos como “químicos eternos”.

El Dr. Olea ha insistido en que «el cien por cien de los niños españoles mea plástico cada día», evidenciando la saturación de nuestro entorno y la presencia generalizada de metabolitos de plásticos en niños, resultado de la exposición por ingestión, inhalación y absorción dérmica.

La conexión directa con el cáncer en jóvenes.

La preocupación del Dr. Olea se basa en varios puntos clave relacionados con la exposición química:

Vulnerabilidad en el desarrollo. Los jóvenes, especialmente los niños y fetos, son extremadamente sensibles a los efectos de los disruptores. Sus sistemas hormonales están en formación, y cualquier interferencia puede predisponer al cáncer en la adultez temprana.

Exposición acumulada y crónica. Desde antes de nacer hasta la adultez, estamos continuamente expuestos por múltiples vías. La acumulación de dosis bajas de muchos compuestos crea un cóctel tóxico que puede superar la capacidad del cuerpo para desintoxicarse o reparar el daño.

Mecanismos hormonales. Muchos cánceres que aumentan en jóvenes son hormono-dependientes, como los de mama, próstata o tiroides. Los disruptores pueden imitar o bloquear hormonas, favoreciendo el desarrollo de tumores.

Mutaciones y daño celular. Sustancias como los HAP y otros químicos presentes en productos de consumo pueden causar mutaciones genéticas y daño al ADN, lo que es un precursor del cáncer.

La perspectiva del experto y el respaldo científico

El Dr. Nicolás Olea ha dedicado su carrera a investigar los disruptores endocrinos y su impacto en la salud. Dirige un equipo de investigación en la Universidad de Granada, integrado en el Instituto de Investigación Biosanitaria de Granada (ibs.GRANADA) y el Centro de Investigación Biomédica en Red de Epidemiología y Salud Pública (CIBERESP). Este grupo analiza la presencia de disruptores endocrinos en el medio ambiente y su impacto en la salud humana, especialmente en poblaciones vulnerables como niños y mujeres embarazadas. Han realizado estudios pioneros sobre la detección de bisfenol A y ftalatos en muestras biológicas, contribuyendo a la evidencia global sobre los riesgos de estas sustancias.

Sus afirmaciones se basan en años de investigación y en la creciente evidencia científica que conecta la exposición a estos químicos con diversas patologías, incluido el cáncer. Ha publicado libros como Libérate de tóxicos. Guía para evitar los disruptores endocrinos, donde ofrece pautas para reducir la exposición diaria.

Aunque el cáncer es una enfermedad multifactorial, con influencia de la genética y el estilo de vida, la exposición a químicos tóxicos es un factor de riesgo cada vez más reconocido.

La visión del Dr. Nicolás Olea es una llamada de atención crucial. La modernidad, con su dependencia de plásticos, combustibles fósiles y productos químicos complejos, ha creado un entorno saturado de sustancias tóxicas que actúan como disruptores endocrinos.

Estos compuestos, al interferir con nuestros sistemas biológicos más sensibles desde edades muy tempranas, contribuyen significativamente al aumento del cáncer en las generaciones más jóvenes. La exposición crónica y acumulativa a estas sustancias, presentes en envases, aire contaminado, productos de higiene y la ropa que usamos, es un factor de riesgo que no puede seguir siendo ignorado.

La solución, desde la perspectiva de expertos como el Dr. Olea, implica una mayor concienciación, decisiones de consumo informadas, optar por alternativas más naturales y exigir una regulación más estricta y transparente.

Fuente: https://www.facebook.com/photo/?fbid=10228168446028499&set=a.1155225132932

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