El socialestatismo, tan ligado al pensamiento crítico, manifiesta una fe sin fisuras en las funciones mejorantes, justicieras, educadoras, dadoras de servicios y emancipadoras del Estado en relación con las clases, grupos y comunidades preteridas y necesitadas. Forman parte de aquél el sindicalismo, la socialdemocracia, los grupos comunistas, el feminismo, el ecologismo, el tercermundismo, el movimiento “antiglobalización” y otras formas de izquierdismo, para los que el Estado realiza la justicia social, al defender al asalariado, al desfavorecido en general del capitalismo, por medio de leyes bienhechoras y funciones “redistributivas”. Para esa concepción el mal social es únicamente el capitalismo, mientras que el Estado es la potencia redentora y justiciera, existiendo una relación de antagonismo entre capitalismo y Estado que permite al trabajador tomar partido por éste contra aquél.

(…)

Respecto a la supuesta retirada y mengua del Estado, desde el último
cuarto del siglo XX en adelante, presentada por algunos tratadistas como
una gran calamidad, basta con advertir que eso no es lo observable. Si
bien es cierto que en varios países el Estado se ha desprendido de algunas
empresas y ha privatizado diversos servicios, eso no significa que su
influencia total sobre la vida económica haya declinado sino más bien al
contrario. También es verdad que las prestaciones del Estado de Bienestar
están disminuyendo, pero esto resulta del inicial decaimiento de los recursos
fundamentales, del elevado grado de despilfarro alcanzado y de la
desaparición de las condiciones políticas que aconsejaron la instauración
del Estado de Bienestar (la guerra fría, librada con gran éxito contra la
URSS), no del debilitamiento en si del Estado. En las cuestiones cardinales
lo que se observa es el aumento constante del número, capacidad,
equipamiento y atribuciones de funcionarios, políticos, policías, jueces,
militares y adoctrinadores; el auge en densidad y eficacia de la legislación
promulgada; la creciente presencia del Estado en el conjunto de la vida social; (…)
la monetización ya definitiva
de la existencia (el dinero fiduciario actual es una herramienta del Estado
y una de sus principales formas de manejo de las multitudes), y tantas
otras cuestiones que no se citan por mor de la brevedad, estado de cosas
al que los neodefensores del aparato de Estado no suelen prestar atención.

Los teóricos del supuesto “debilitamiento” actual del artefacto estatal
lo que están demandando es un Estado aún mas hipertrofiado que el existente;
por tanto, un Estado policial perfecto, en el que los altos funcionarios,
agentes del fisco, mandos del ejército, trabajadores sociales, planificadores,
profesores, técnicos e ingenieros, policías, economistas, ideócratas,
estetas, psicólogos, comunicadores e ídolos de la industria del espectáculo
subvencionada gobiernen a unas masas reducidas a una pasividad, mudez,
impotencia, resignación, docilidad, asocialidad, idiocia, amoralidad
y deshumanización definitivas. No menos disparatado es esperar de las
instituciones el “control” del capitalismo, pues esas son quienes, en lo
principal, lo han creado y desarrollado.


Texto tomado del libro de Félix Rodrigo Mora “La Democracia y el Triunfo del Estado: Esbozo de una revolución democrática, axiológica y civilizadora” (Ed. Manuscritos).