Estimados compañeros: Les escribo desde Suecia. Leyendo en internet he llegado a un articulo que creo es necesario publicar,para denunciar una mas de las atrocidades que se cometen en Latinoamerica.Asi que les enviare el articulo por
separado. No es desgraciadamente el primero,pero en Jujuy, Argentina,esa provincia que tiene un dueño,al cual se le esta tratando de juzgar, le hace falta mucha ayuda. Quisiera si por vuestro medio podriamos denunciar el caso, y hacer una cadena de mail para hacerla llegar a las autoridades de Jujuy, para que se resuelva este caso prontamente y se haga justicia.Muchas gracias por cuanto uds. puedan hacer.
A. P.
«Que la justicia no me siga castigando. Yo ya pagué»
ENTREVISTA CON ROMINA TEJERINA
En agosto de 2002 Romina Tejerina tenía 19 años, estudiaba en el
secundario y vivía con sus dos hermanas en San Pedro, Jujuy. Una noche fue
violada y quedó embarazada. Sumida en la humillación y la vergüenza ocultó todo
a su familia. Cuando siete meses después se produjo el parto, mató a su beba en
un episodio psicótico. Está detenida desde hace un año y medio: un juez muy
sospechado la procesó por homicidio, y un juez muy sexista sobreseyó al
violador. Pocos días después de haberse confirmado el procesamiento de Romina,
Contracultural pudo entrevistarla en la cárcel donde espera el juicio oral en el
que podría ser condenada a prisión perpetua.
Por Marcelo R. Pereyra (desde Jujuy)
No tuve tiempo de comprarle nada. Yo había leído en una nota que
necesitaba «unas buenas toallitas, porque no tengo y acá no venden». «Acá» es
«La Granja», la Unidad Penitenciaria de San Salvador, Jujuy, en la que Romina
Tejerina está presa desde marzo de 2003, acusada de homicidio agravado por el
vínculo, cuando siete meses después de haber sido violada mató a la beba que se
le apareció entre sus piernas. Allí iba a visitarla y quería comprarle las
toallitas u otra cosa que pudiera necesitar, pero esa tarde en el aeropuerto de
San Salvador de Jujuy me esperaba Mirta, su hermana mayor, con la noticia de que
nos íbamos directamente para la cárcel.
En la ruta, mientras Mirta comenzaba a relatarme la tragedia de su
hermana, yo desconfiaba de la posibilidad de un fácil ingreso al penal. Sabía
que una de las formas en las que se castiga a Romina es a través de la
restricción de las visitas; y sobre todo el juez que la procesó, Argentino
Juárez, no quiere entrevistas periodísticas, salvo que el periodista en cuestión
convenza a Su Señoría con un buen montón de argumentos.
Desde afuera «La Granja» ciertamente no parece una cárcel. No hay altos
muros, apenas un simple alambrado que rodea una gran extensión de tierra y unos
edificios bajos y grises donde están las celdas. Un camino arbolado desemboca en
la barrera de acceso, donde un guardiacárcel saluda amablemente sin dejar de
leer una revista de historietas. Superamos luego sin dificultad el control de
ingreso y así, sin haberle comprado nada y sin permiso judicial, me pude
encontrar cara a cara con Romina.
Acompañada de Erika -su otra hermana-, bien arreglada, negros y grandes
los ojos, negro también el pelo, un anillo de fantasía y un relojito por
adornos, Romina me conduce a una rústica mesa de madera situada en el parque del
penal, donde hace la ranchada con su grupo de internas amigas. Unos arbolitos
flaquitos apenas si pueden detener el poderoso sol del invierno jujeño. A unos
pocos metros está el alambre que diferencia la libertad del encierro; del lado
de la libertad unos pibes juegan despreocupadamente a la pelota en una canchita
a la que le falta pasto y le sobra tierra.
Lo primero que noto en Romina es enojo, rencor; primero para con su
violador, Eduardo Vargas, rápidamente sobreseído por un juez que se preocupó más
por saber si ella lo había provocado con su vestimenta y actitudes, que por el
relato verosímil de la violación que hizo la víctima. También está enojada con
la justicia, que en el año y medio que lleva detenida le negó durante mucho
tiempo la necesaria atención psicológica y la posibilidad de seguir estudiando:
«Que la justicia no me siga castigando -me dice- yo ya pagué. El juez Juárez se
la agarró conmigo»; pero además, siente la bronca de la injusticia de estar ella
encerrada y libre el causante del drama, su violador.
Apenas llegó al penal la cosa fue difícil para Romina: tanto las internas
como las celadoras la agredían de hecho y de palabra. «Esta es la guasa famosa»,
la presentó una oficial. Y es que una guasa -una infanticida- es considerada en
el ambiente carcelario como la peor de las delincuentes. Con el tiempo, cuando
pudo contarles a sus compañeras cómo había ocurrido todo, el trato mejoró.
Ahora, mientras charlamos y tomamos gaseosas, Romina tiene en sus brazos
delgados al pequeño hijo de su mejor amiga en La Granja.
Romina nació en San Pedro, una ciudad de 70.000 habitantes a 63 kilómetros
de la capital jujeña, el 24 de junio de 1983. Fue una nena extremadamente
retraída y tímida, temerosa de los retos de sus padres: «Papá se desentendió de
nosotras cuando éramos chicas, pero yo lo quiero igual». De chica, como la del
tango, nunca tuvo novio; cómo iba a tenerlo si la madre la mandaba a la iglesia
todas las noches a las 8 a rezar el rosario, y no la dejaban ir a los
campamentos «porque había chicos». Y cuando se vino más grande y empezó a salir
en compañía de su hermana Erika el padre las apostrofaba: «No quiero que salgan.
Un día de estos me van a volver embarazadas y a mí me va a dar un infarto». Pero
ellas salían igual. A la bailanta. A bailar música tropical, que las apasiona.
Con sus amigas habían formado un grupo famoso -«las galponeras»- donde no había
cabida para hombres; por eso a los 18, inevitablemente, Romina se enamoró por
primera vez del único que podía pasar por arriba de esa regla: el animador del
boliche.
La noche del 1º de agosto de 2002, en celebración de la fiesta local de la
Pachamama, hubo bailanta; y allí estaba como siempre Romina con sus amigas. Las
rondaba Eduardo Vargas, un hombre de 38 años que vivía con su mujer e hijo en la
casa vecina a la de las tres hermanas Tejerina, que para ese tiempo se habían
ido a vivir solas para despegarse un poco de la marca a presión de los padres.
Vargas y Romina jamás habían cruzado palabra, pero él le había hecho saber por
intermediarios que estaba interesado. Esa noche en la bailanta fue más allá y la
acosó permanentemente hasta que se las arregló para llevarla afuera y meterla a
los empellones dentro de su auto donde la violó.
«Después de la violación estaba muy mal, muy enojada -dice mientras
nerviosamente se arranca los pellejos de los dedos-, me sentía impotente. No
podía decirle nada a nadie porque me moría de vergüenza, me acordaba de lo que
siempre me decía mi papá, y justo me estaba pasando a mí. Y cuando me di cuenta
que había quedado embarazada no entendía nada, lloraba todo el día de bronca, de
angustia. Hasta que un día no pude más y se lo conté todo a la Erika, pero le
dije que no le contara a mis padres porque sino me iba a suicidar. Y después me
lo quise sacar, primero me puse perejil, pero no quise ponerme una sonda, me
daba miedo, no quería lastimarme. Al final fui a un doctor con una amiga. Pero
me dijo que tenía que volver con una persona mayor, y no volví porque yo no
quería decirles a mis padres, y tampoco a mi hermana Mirta (la mayor de las
Tejerina) porque yo sabía que ella estaba en contra del aborto».
Siete meses después de haber sido violentada, una mañana muy temprano,
Romina -una otra Romina, no la que en las clases de artesanía de la cárcel hace
angelitos y bebés de yeso, no la que es sancionada por cederle su comida a los
hijos de otras internas-, esa otra Romina se encontró en el baño de su casa con
una beba que salía de sus entrañas. Esa otra Romina creyó ver en la criatura la
cara desencajada de Vargas aquella noche en el auto, y esa otra Romina quiso
terminar con él para siempre, pero no pudo saber que en realidad a quien le
estaba clavando una y otra vez un trinchete era a la beba. Tampoco pudo oír su
primer llanto y luego sus gritos de dolor. Sí los escucharon sus hermanas que
corrieron al baño para encontrarse con su hermana desvariando y su sobrina
ensangrentada. Llevaron primero a la beba al hospital, luego volvieron por
Romina. La madre estuvo dos semanas internada por un colapso físico y psíquico;
la hija murió a los dos días.
Romina estaba todavía internada cuando le fue notificada su detención. Una
vez que le dieron el alta fue llevada directamente a la comisaría de San Pedro y
luego enviada a esta cárcel, lugar en el que se acentuó su depresión que llegó
hasta un intento de suicidio. Ahora, a pesar de la reciente ratificación de su
procesamiento, parece estar entera y se lo comento. Jugueteando con una lapicera
que le acabo de regalar, me responde que sí, que pese a todo está fuerte, aunque
no imagina de dónde sacó la fuerza. «Será porque mis padres me apoyan
-arriesga-, porque ni ellos ni mis hermanas me dejaron sola. Mi papá, por
ejemplo, viene ahora y me dice: ‘¿Por qué no me dijiste?'». Así, con este golpe
fortísimo, Romina sostiene que aprendió a valorar la libertad y a su familia.
Y mientras el sol y la conversación van cayendo, me dice que no ve la hora
de que llegue el juicio oral (para el que todavía -inexplicablemente- no se ha
fijado fecha). Cree que ésa será la oportunidad para gritar su verdad, que la
van a entender y que quedará libre. Ya en la despedida alcanza a comentarme que
sus proyectos son terminar el colegio y luego dedicarse a ayudar a otras
mujeres: «Yo quería ser policía, pero ahora quiero ser defensora de mujeres
violentadas».
Cuando vamos saliendo con Mirta de la cárcel tengo sensaciones
ambivalentes. Por un lado, estoy satisfecho por haber conseguido ver a Romina,
algo que no es fácil de lograr; por otro, siento una pesada tristeza por ella
-víctima de un emergente de una sociedad injusta y machista-, pero también
siento tristeza por la muerte estúpida de una criatura nunca tan inocente. Y
mientras desandamos el camino arbolado que lleva hacia la ruta me parece que
Mirta -el rostro desbordado de lágrimas- me está explicando que para ella el
dolor fue doble, por su sobrina muerta y por su hermana encarcelada, y que
bautizaron a la beba Milagros por el milagro del nacimiento, y Socorro por sus
gritos de dolor.
Anochece. Ahora hace frío en Jujuy.
Revista Contracultural | www.contracultural.com.ar
> La Justicia en Argentina: El caso de Romina Tejerina
estos casos, van a seguir,pasando,mientras la justicia argentina,no permita la despenalizacion del aborto,me pregunto y si empezamos a indagar la vida privada,de nuestros jueces,fiscales,alguien tendra la valentia,de decier que en su juventud,se hizo algun aborto?….claro estan preparados para sentenciar, pero no para salir a decir la verdad, nuestar sociedad esta plagada, de hipocresia.que se haga justicia verdadera con esta piba.
> La Justicia en Argentina: El caso de Romina Tejerina
La mina estuvo mal… no hay vuelta que darle a eso… sé que suena egoista pero si se mando la cagada ahora qeu se la banque… Ella no es nadie para sacarle la vida asi a otra persona…
Esta bien, entiendo que haya sido «violada»… pero eso no le da derecho a nada… si no queria a la criatura, la hubiese dado en adopcion… Esta enferma la mina
> La Justicia en Argentina: El caso de Romina Tejerina
LA VERDAD, NO ENTIENDO A ESTA MUJER, POR MAS QUE TRATE. YO A LOS 18 AÑOS QUEDE EMBARAZADA DE UN HOMBRE QUE ME HABIA ABUSADO TAMB Y AL QUE NO QUERIA. JAMAS PENSE EN ABORTAR, NO CREO QUE ESTE BIEN.NO SOY DUEÑA DE LA VIDA DE MIS HIJOS, NI PUEDO QUITARSELAS.ADEMAS SIGO SU CASO DESDE HACE BASTANTE Y REALMENTE NO QUEDO EN LIBERTAD PORQUE HABIA PRUEBAS QUE COMPROBARON QUE VARGAS NO VIOLO A ROMINA, SI NO QUE FUE UNA RELACION CONSENTIDA EN EL AUTO DEL MISMO A LA SALIDA DEL BOLICHE.
ROMINA SE LE INSINUO A VARGAS EN OCACIONES ANTERIORES.POR ESO VARGAS QUEDO LIBRE.
VAYA UNO A SABER PORQUE OCULTO SU EMBARAZO, CREO YO QUE POR MIEDO A CONTAR SU RELACION OCASIONAL CON VARGAS QUE ERA UN HOMBRE CASADO Y PADRE DE FAMILIA.
ADEMAS SU SHOCK POST TRAUMATICO NO SE PUDO DESMOSTRAR.
SI VARGAS LA HUBIESE VIOLADO, CREANME QUE NO ESTARIA LIBRE DE UN DIA PARA OTRO SIENDO ESTE UN CASO DE NOTORIEDAD MEDIATICA.
NO DEJEMOS QUE UNA MUJER, ASESINA COMO ESTA , NOS ENVUELVA CON SUS MENTIRAS.SU HIJA, NACIO Y MURIO APUÑALADA DECENAS DE VECES POR ELLA MISMA.
SE DE LO QUE HABLO, Y ES JUSTO QE EN LA CARCEL ESTE.
> La Justicia en Argentina: El caso de Romina Tejerina
HOLA, ROMINA : QUIERA DIOS QUE PUEDAS LEER ESTAS LINEAS QUE TE ESCRIBO DESDE BS. AS., SEGUI CON ATENCION TU CASO Y SI EN PRINCIPIO TENIA ALGUNAS DUDAS AHORA YA NO TENGO DUDAS QUE MERECES LA LIBERTAD Y EL APOYO, POR SUPUESTO QUE HABRA QUIENES TE CRITICARAN, PERO FIJATE QUE HASTA AL MISMISIMO SEÑOR LO CLAVARON EN UN MADERO, ASI QUE, POR LO TANTO ACORDATE DE LA FRASE » A PALABRAS NECIAS, OIDOS SORDOS «, Y NO LES DES CREDITO ALGUNO. SE QUE, DESDE AFUERA, TODO SE VE DE OTRA MANERA,PERO POR FAVOR LUCHA Y PERSEVERA QUE LA JUSTICIA TARDA PERO LLEGA, SOS MUY JOVEN, TENES UNA VIDA ENTERA POR DELANTE, UNA FAMILIA QUE NO TE ABANDONA Y UN PAIS ENTERO QUE TE RESPALDA, POR LO PRONTO Y EN MI CASO PARTICULAR, APARTE DE QUERER AYUDARTE, COLABORO EN TU CAUSA CON UNA REMERA QUE YO MISMO ESTAMPE CON TU FOTO Y LA LEYENDA » FUERZA ROMINA», QUE LLEVO SIEMPRE QUE PUEDO, ESPERO QUE ESO AYUDE AL MENOS….BUENO, ROMINA, SOLO QUERIA DECIRTE ESTO POR AHORA, POR FAVOR, NO PIENSES EN COSAS RARAS, TEN EN PAZ TU CONCIENCIA Y QUE DIOS TE BENDIGA A VOS Y A TU FAMILIA EN ABUNDANCIA.
> La Justicia en Argentina: El caso de Romina Tejerina
perdon….y alguien se puso a pensar en algun momento en ese angelito q ya no existe??habia otras formas de darle una VIDA……digna sin q la salida sea la muerte de alguien q no tenia absolutamente nada q ver….un bebe inocente.