
La izquierda legalista
La izquierda legalista
Para Ana Fernández,
que ejerció de musa mientras escribía
Brasil, junio de 2006. 700 militantes del Movimiento de Liberación de los Sin Tierra (MLST) asaltan la Cámara de Diputados para exigir la reforma agraria. El gobierno detiene a 500 y el presidente Lula los acusa de vándalos; muy atrás quedó su pasado de luchador social.
¿Y qué esperaban las autoridades brasileñas? ¿Paciencia? Sí, paciencia y que los campesinos subsistan mientras escuchan las eternas promesas del reformismo.
Son este tipo de acciones las que debe recuperar la izquierda en casi todo el planeta. Si el Che habló de “Crear dos, tres… muchos Vietnam, es la consigna”, yo, más modestamente, diré “Asaltar dos, tres… muchos Parlamentos, es la consiga”.
Es lamentable que tengamos una izquierda planetaria que sea más legalista con los códigos del sistemaque la propia burguesía que dicta las leyes. Tras la caída del socialismo real, todas las izquierdas recularon, incluso las que no tenían relación directa o simpatías con el bloque soviético se vieron afectadas[1].
Las fuerzas revolucionarias sufrieron una dura campaña de desprestigio y fueron acusadas de antidemocráticas, dictatoriales, productoras de pobreza social… Ahora no nos importa la falsedad o acierto de estas imputaciones sino el que la izquierda las asumió y se arrepintió de su pasado “radical”, “violento” y “totalitario”. Y en esas estamos… Hubo un amago esperanzador en 1994 con la insurrección del EZLN pero fue flor de un día.
El primer intento de recuperar la rebeldía se produjo en 1999 cuando se reventó en Seattle la Cumbre de la Organización Mundial de Comercio. Frente al anquilosamiento de las organizaciones dizque izquierdistas, las masas tomaban la iniciativa. Fue una época de descoordinación y falta de alternativas en la que solo imperaba el “NO” de los que ya estaban hartos.
Pero la algarabía apenas duró dos años. El movimiento contra la globalización salió tocado del año 2001 y desde entonces no se ha recuperado después de ser muy duramente golpeado en la cumbre de Génova y tras arreciar las críticas y los ataques contra el “terrorismo” tras los atentados del 11 de septiembre. Ante ello reculó a posturas posibilistas.
Mientras, las izquierdas siguen en sus desvaríos ideológicos y sin siquiera ser capaz de organizarse para aprovechar los estallidos sociales que le son favorables.
Cae el gobierno ecuatoriano y dejan llegar a Lucio Gutiérrez; se desgañita el pueblo gritando “¡qué se vayan todos!” en La Argentina y acaban con un peronista en la presidencia, etc. O peor aun: van a remolque de extrañas opciones populistas, nacionalistas y, a lo más, pseudosocializantes (Humala, Morales, Chávez).
Pero peor aún es el respeto a la legalidad a este otro lado del Atlántico. Por poner un ejemplo que me es cercano, hablemos de ese individuo que todavía hoy es visto como el paladín de la izquierda dura y que algunos recuerdan con nostalgia por su “pureza ideológica” (?), me refiero a Julio Anguita.
Le recuerdo vociferando desde el Parlamento contra el gobierno de Felipe González porque este no cumplía la Constitución. Su último discursó en una Fiesta del PCE trató también sobre este tema y se defendió contra sus detractores diciendo que era un error decir que como la Constitución es burguesa se la entregáramos a la burguesía.
Ahora el constitucionalista Anguita se ha retirado de la primera línea de la política y da charlas con la Unidad Cívica por la República. ¡¡Paradojas!!
¡Vaya tontería el acusar al capitalismo de no acatar sus propias reglas! Nuestra labor es destruirlas a ellas y a él.
Nuestro respeto a la legalidad debe ser la excepción y no la norma y solo lo realizaremos cuando nos interese por estrategia y táctica. No se puede decir a priori cuando sí y cuando no y, en caso negativo, que grado de disidencia debemos tomar (hay una enorme diferencia entre cortar una carretera o lanzarse a la lucha armada) pero en esas estamos (o deberíamos estar).
Raúl Calvo Trenado
3 de julio de 2006
[1] Soy demasiado simplista, lo sé. Hay fenómenos anteriores a la caída del muro a tener presentes (eurocomunismo, etc.). Pero en líneas generales no perturban lo que estoy diciendo aunque, en efecto, esos fenómenos ayudaron a que la desarticulación de la izquierda mundial fuese más fácil.