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Para cualquiera que esté mínimamente preocupado por el futuro que nos espera, hace unos meses tuve una entretenida conversación con una antigua activista sobre la importancia de construir y articular una perspectiva para los movimientos sociales.

Me dijo: “Bueno, ¿cuál es el mayor problema al que se enfrenta tu generación y qué piensas hacer?” Una muy buena pregunta para un joven activista involucrado en la labor de mejorar el mundo.

Expuse la lista de problemas: la destrucción del medio ambiente, el SIDA, la desigualdad económica, la reforma de los medios, la educación, la proliferación nuclear, el racismo, el sexismo, la homofobia, etc. ¿De verdad tengo que elegir la más importante?

¿Y cómo voy a saber cuál es la solución?

Ella notó mi duda y sólo dijo: “No estás solo. Lo único que tienes que hacer es empezar por algún lado”. Me llevó un rato comprender lo que quería decir, pero creo que me estaba diciendo que se trata de un proceso.

No hace falta que seas un santo para ofrecer una estrategia de cambio social, ni tienes que crear un modelo de futuro perfecto.

Lo único es empezar por algún lado. Así que allá va: creo que llevar a cabo un cambio social radical es el mayor problema que tiene mi generación y creo que la no violencia es el medio práctico y revolucionario para conseguirlo. El principio de la no violencia se aplica en esencia de dos formas: como vida espiritual activa que empieza con la premisa “no haré daño a ningún otro ser” y como táctica para el cambio político y social. Algunos (y me incluyo) argumentan que un aspecto de la no violencia no puede aplicarse de hecho sin el otro. Sin embargo, como se trata de crear un camino para el cambio social, quiero enfocar la no violencia en cuanto táctica.

La idea falsa principal sobre la no violencia como táctica es que es pasiva. La palabra “pacifismo” no deriva de la palabra “pasivo”. No hay absolutamente nada inherentemente pasivo, débil o cobarde en la no violencia.

A finales de los años 20 y principios de los 30, Badshah Khan, el “Gandhi de Pakistán”, reunió a 80.000 personas en un ejército no violento que resistía ante los colonialistas británicos, incluso les hacía retroceder; su desobediencia civil y sus campañas de no cooperación por la independencia eran especialmente activas y rebeldes.

Asimismo, las campañas de desobediencia civil de los años 50, el movimiento por los derechos civiles de los años 60 en EE.UU. y la “Velvet Revolution” de Checoslovaquia de los años 80 consistían en una feroz oposición y resistencia contra las instituciones opresivas.

Históricamente, experiencias por todo el mundo de resistencia no violenta han demostrado que funciona, es práctica y revolucionaria.

A pesar de que la no violencia tiene una rica tradición de experimentación y aplicación, todavía está en su primera etapa como fuerza social, como lo estaba el automóvil en la época de Henry Ford o Internet hoy día.

No conocemos todas las posibilidades de la resistencia no violenta porque no tiene mucho crédito o implicación. La guerra, sin embargo, ha sido usada durante siglos por las naciones por su lógica simple y predecible: puedo, y voy a dominarte por la fuerza física así que has de someterte a mi fuerza.

La gente raramente gana las guerras. Las naciones, y más recientemente las empresas, suelen ganar las guerras.

En 1954, EE.UU. derrocó al presidente de Guatemala Jacobo Arbenz, que había sido democráticamente elegido, porque se había atrevido a decretar una reforma territorial en su empobrecido país mayoritariamente rural, contrariamente a los deseos del gobierno de EE.UU. y la gigantesca empresa United Fruit Company.

La guerra dio al pueblo guatemalteco, contra su voluntad, un gobierno opresor, y ayudó a que United Fruit Company (Chiquita) venda plátanos en los principales supermercados hoy día. Declarar que una guerra es una victoria humana es como declarar que el tsunami ocurrido en el Océano Índico en diciembre de 2004 es una victoria humana.

La guerra es, literal y metafóricamente, una violación. Actualmente, EE.UU. está violando la infraestructura y recursos de Irak.

Además, hay individuos que están siendo violados como consecuencia de la guerra en Irak, y también en Guatemala, El Salvador, Vietnam, Kosovo y muchos otros países antes de éstos. Los efectos a largo plazo de tal violencia son inconmensurables.

Steve Handen es un antiguo sacerdote mentor mío que durante mucho tiempo se resistió a pagar los impuestos militares. Vive en una casa en Colorado Springs (Colorado) con una docena de deficientes psíquicos sin hogar. Un día, mientras pelábamos patatas (Steve cocina todas las noches para estas personas), en la habitación de al lado un veterano de Vietnam gritaba cosas sin sentido, fuera de sí, y entonces nos preguntamos cuándo termina una guerra en realidad.

Los activistas por el cambio social y político suelen ser los primeros en reconocer y puntualizar la brutalidad de la guerra y sus consecuencias/efectos en la gente. Este rechazo a la violencia normalmente nos lleva a analizar la naturaleza del poder y la resistencia.

Por ejemplo, una vez enfrentados con la realidad de la situación de la gente en Palestina, Chiapas, México, el Valle del Río Narmada en la India, los trabajadores sin tierras en Brasil, los trabajadores del tomate emigrantes en Florida, mucha gente de color en las ciudades de EE.UU., los prisioneros políticos o el resto de personas marginadas, los activistas pueden criticar y oponerse a la violencia del poder opresor mientras apoyamos el derecho de la gente (incluidos nosotros) a la resistencia.

Respecto a la no violencia, la pregunta es: ya que aborrecemos la violencia, ¿cómo podemos instar a la gente oprimida por ella a oponer resistencia de una forma no violenta? No voy a pedir a alguien a quien están violando que no haga todo lo que pueda para detener la violencia que le están infligiendo. Igualmente cuando se trata de una comunidad, cultura o país oprimido de forma violenta.

En una competición entre la resistencia violenta y la cobardía o la pasividad, la violencia ganaría. La humillación nunca debe ser parte de la no violencia.

Una persona violada o el pueblo iraquí hoy día, opondrían naturalmente una resistencia. Un individuo, comunidad o nación sumidos en una violenta opresión tiene un objetivo principal: detener el daño.

Sin embargo, es raro que deseen específicamente una ayuda violenta o que tengan la firme determinación de defenderse violentamente. Por lo tanto, el cometido de aquellos de nosotros que no tenemos la necesidad de la autodefensa inmediata es apoyar la resistencia de la gente con nuestro testimonio de su sufrimiento y haciendo todo lo posible por cambiar la situación.

El apoyo no violento a la gente amenazada puede llevarse a cabo de tantas formas como podamos imaginar.

Además, la no violencia es una forma de resistencia creativa.

Unos bloques de edificios más allá de mi casa en Denver, un hombre llamado Kerry Appel lleva la Human Bean Company, una distribuidora de café y miel.

Hizo una serie de películas sobre la sublevación zapatista en 1994 y tras contactar con los comandantes, y a petición suya, comenzó a vender su grano de café en EE.UU. a fin de apoyar un sistema alternativo de comercio, difundir la idea de su lucha y respaldar económicamente su movimiento. Kerry vende ahora café y miel zapatistas por todo el país y este año traerá 35 toneladas de grano de café a los EE.UU. La resistencia zapatista al neoliberalismo y a la globalización corporativa se ha mantenido (de una forma casi siempre no violenta) durante doce años y el trabajo de la Human Bean Company es un buen ejemplo de lo que es un apoyo exitoso a la resistencia de otros, que además es práctico, creativo y no violento.

La comunidad Bijou de Colorado Springs (Colorado) es el vivo ejemplo de la resistencia no violenta de una comunidad en el “ojo del huracán” del militarismo derechista y el extremismo cristiano.

Los miembros de esta comunidad viven por debajo del nivel de renta imponible, a fin de no pagar impuestos para hacer la guerra.

Además de las constantes manifestaciones y desobediencia civil en cinco de las principales instituciones militares de la región, la comunidad Bijou está al servicio de los enfermos mentales, los sin techo, los pobres, los presos y de la comunidad en general, y tienen una cocina, bancos de alimentos, tierra bajo tutela, alojamiento para gente en tránsito y sin techo, un local para arreglar bicis y un grupo de teatro musical.

Su estilo de vida, comprometidamente no violento, puede que no funcione en todas partes para cualquier situación, no obstante su actividad en ayuda y apoyo de las comunidades marginales es instructiva. No podemos estar seguros de cómo actuaremos en cada situación. Cuando se dan circunstancias para las que no estamos preparados, debemos confiar en nuestro instinto y en cualquier experiencia anterior a la hora de actuar. Yo no sé qué haría si alguien intentara violarme a mí o a mi mujer o a mi madre. Lo que sé es que me he criado en una cultura de miedo y violencia que en cierta forma me ha enseñado a reaccionar violentamente o pasivamente al miedo.

De la misma forma que puedo intentar acabar con el racismo, el sexismo y la homofobia mediante la reeducación y la integración, puedo también intentar “reentrenar” mi cuerpo y mente para reaccionar de una forma no violenta en situaciones de miedo amenazante.

Quizás este proceso de reentrenamiento permita a la gente visualizar otras formas de responder a un asaltante que sostiene un cuchillo mientras pide dinero, que no sea los tradicionales: “aquí tienes” o “que te jodan”.

La progresiva transformación personal es para los activistas luchar para establecer instituciones no violentas en lugar de las violentas (En el año fiscal 2005, el presupuesto militar de EE.UU. fue de 586 mil millones de dólares. No existe un presupuesto “para la paz”.). La no violencia es una táctica inteligente y pragmática en una época imperialista porque tiene el mayor potencial para el éxito.

La resistencia violenta alienta la fuerza de un poder imperial. La máquina militar de EE.UU. tiene toda una red de espionaje y guerra en el espacio, y un arsenal de armas convencionales y nucleares inigualable en el planeta y que podría destruir la raza humana varias veces.

Tener esperanzas o trabajar para derrocar de forma violenta al último imperio mundial es prepararse para el suicidio mundial. A los niños que se meten en problemas y saben que les van a quitar sus juguetes, les gusta jugar con ellos una última vez. No me creo del todo que EE.UU. se fuera abajo en una revolución violenta sin probar algunos de sus “juguetes”.

Nosotros, que fuimos bautizados por el New York Times como “la segunda superpotencia” haciendo referencia a la opinión pública (tras las enormes propuestas antes de la invasión de Irak), debemos encontrar métodos no violentos para combatir el imperialismo de EE.UU. Cuando Alemania invadió Dinamarca el 9 de abril de 1940, accionó sin quererlo la campaña más efectiva de rescate de judíos en Europa.

Dinamarca salvó de los nazis aproximadamente a 7.220 de sus 8.000 judíos, manteniendo una resistencia comprensiva que consistía en la no cooperación, las huelgas, barcos de rescate, arte político y 538 periódicos alternativos. Aunque la Corona de Dinamarca no montó una resistencia con su ejército, ella y el resto de ciudadanos resistieron abiertamente y desafiantes todo lo que los nazis decretaban y fue el único país en Europa que salvó a la mayoría de su población judía. El pueblo danés, junto con los noruegos, la ciudad de Le Chambon en Francia, y las esposas cristianas de los hombres judíos de la prisión de Rosenstrasse en Berlín, son cuatro de los ejemplos más conocidos de que la no violencia, cuando se utilizó contra Hitler, tuvo éxito. Los imperios no tienen aliados, sólo clientes. Los líderes corruptos de los estados clientes que toman parte en los planes imperiales efectivamente acaban con la mayoría de su poder independiente y actúan contra la voluntad de la mayoría de su población.

Los líderes de Inglaterra, Italia y España apoyaron la guerra de EE.UU. en Irak en 2003 muy en contra de la voluntad de sus poblaciones (las encuentras en los tres países y en fechas distintas mostraban entre un 60 y un 95 % de oposición a la guerra). El primer ministro español Aznar ya ha sido reemplazado y las tropas españolas se han ido de Irak. En tanto la guerra siga, puede que los líderes de Inglaterra e Italia tengan que responder por su desprecio a la democracia y su capitulación al imperialismo estadounidense. La última meta del ejército o fuerza militar de un imperio es la sumisión del pueblo a su autoridad.

Para defender su poder, estas fuerzas se preparan para una resistencia violenta. Los municipios estatales y de las ciudades de EE.UU. han preparado fuerzas policiales para enfrentarse a las protestas rutinarias que hoy día se dan en las calles.

Muchas de estas reuniones son obsoletas, desmotivadas y están completamente desconectadas del buen hacer y de una correcta organización.

Es obvio que la protesta violenta no es el remedio porque las fuerzas policiales están preparadas para la violencia y los activistas no cuentan con el apoyo de los medios. Lo que necesitamos es una resistencia creativa, no violenta, que llame la atención de la gente e impida al estado hacer de ello un debate. En el centro de Denver en 1978, inválidos en sillas de ruedas rodearon dos autobuses públicos durante todo un día y una noche, tendidos en el suelo bloqueando el tráfico y durmiendo por turnos para llamar la atención sobre el hecho de que no había plataformas habilitadas para ellos en los autobuses municipales.

Esta acción engendró otras protestas por todo el país y finalmente culminó con la aprobación de la Ley de los Estadounidenses con Discapacidades en 1990. Aunque esta ley no acabó de ninguna forma con la discriminación con los discapacitados, fue significativa.

La acción directa no violenta de los activistas fue suficientemente creativa como para que los ciudadanos se sintiesen estúpidos y avergonzados por permitir tal discriminación, y confundió a las autoridades de tal forma que no sabían cómo responder.

Uno puede visualizar una versión violenta de su campaña si ésta se propone como el trabajo de unos “lisiados implacables” y siendo rápidamente y forzosamente frenada por la policía. Una visión útil, como cualquier teoría, tiene que provenir de la experiencia y la práctica. No puede arrancarse de la nada y aplicarse tal cual.

Así que, con el fin de construir una visión factible para el futuro, necesitamos una variedad de opiniones y experiencias. Quizás mi visión de la no violencia como estrategia práctica y poderosa para el cambio no es del todo suficiente o aplicable para todos los movimientos contemporáneos. Pero que me parta un rayo si me voy a quedar sentado dejando que una cultura cínica sofoque poco a poco mi creatividad y destroce mis esperanzas de que el cambio es posible.

Evan Weissman es un miembro del Buntport Theatre, una compañía de teatro de Denver, Colorado (EE.UU.). Colabora en la impartición un curso sobre la no violencia en un Instituto de Colorado, fue un delegado del Foro Social Mundial en 2002 y ha sido participante activo en el movimiento por la Justicia Global. Está en la American Friends Service Committee’s Speakers Bureau donde habla de la no violencia y la globalización, y fue socio del Jane Addams-Andrew Carnegie Graduate en la Universidad de Indiana en 2001, donde se centró en la filantropía radical.

One thought on “La no violencia”
  1. La no violencia
    Me pareció un texto muy bueno.. yo no tenia idea de que habia lugares en donde se habia utilizado la «no-violencia», creo que se debería informar mas acerca de esto ya que no se ve en los medios de comunicación.

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