Publicamos en Tortuga varios fragmentos del libro de Peter Gelderloos «Cómo la No Violencia protege al Estado» con la intención de abrir una brecha de análisis autocritico a nuestros propios planteamientos. Esperamos que estas tres entregas den lugar a interesantes reflexiones y debates. Nota de Tortuga.


Permitir las protestas no violentas mejora la imagen del Estado. Lo quieran o no, la disidencia no violenta juega el papel de una oposición leal en una representación que dramatiza la disensión y crea la ilusión de que el gobierno democrático no es elitista o autoritario. Lxs pacifistas pintan al Estado como benévolo porque le dan la oportunidad de tolerar una crítica que en realidad no amenaza su funcionamiento continuado. Una protesta colorida, concienzuda y pasiva frente a una base militar sólo hace que mejorar la imagen del PR del
ejército; y es que que ¡sólo un ejército justo y humano toleraría que se hicieran protestas delante de su puerta principal!. Una protesta de este tipo es como meter
una flor en el cañón de una pistola. No impide que la pistola pueda disparar.

(…)

La cooperación con la disidencia pacifista, humaniza a lxs políticos
responsables de acciones monstruosas. En la protesta masiva contra la Convención
Nacional Republicana (RNC), en la ciudad de Nueva York en el 2004, el alcalde
de Nueva York, Bloomberg, repartió unas chapas especiales para lxs activistas no
violentxs que habían proclamado que serían pacíficxs.

Bloomerg obtuvo una gran
popularidad por mostrarse “tan” indulgente y estar a la moda, incluso cuando su
administración reprimió contundentemente a la disidencia durante la semana de
protestas. Lxs pacifistas obtuvieron un beneficio añadido: cualquiera que llevara
la chapa recibiría descuentos en docenas de
shows
de Broadway, hoteles, museos y
restaurantes (subrayando cómo el desfile pasivo de la no violencia es transformada
en un estímulo para la economía y el bastión del
status quo). Como el alcalde
Boomerg señaló; “
No es divertido protestar con el estómago vacío
”.

Y las protestas anti-RCN en Nueva York fueron poco más que eso: diversión. Diversión para lxs universitarixs, lxs representantes democráticxs y lxs
activistas del Partido Verde que se paseaban con ingeniosos letreros progresistas y
se mostraron “comprensivos” y de la misma opinión que el alcalde. Se invirtió una
enorme cantidad de energía con semanas de anticipación (por parte de la izquierda
institucional y de la policía) para alienar y excluir de la protesta al mayor número
posible de activistas militantes. Alguien con un montón de recursos distribuyó
miles de panfletos, la semana anterior a la convención, que reproducían la absurda
sentencia de que la violencia (es decir, un disturbio) sólo contribuiría a mejorar la
imagen de Bush (cuando, en realidad, un disturbio no hubiera ayudado realmente
a lxs Demócratas, sino que hubiera deslucido la imagen de Bush como un “
líder
carismático
”).

El panfleto también advertía de que cualquiera que abogara por
tácticas de confrontación sería considerado un agente de la policía. La marcha
terminó y la gente se dispersó hacia el lugar más aislado y menos conflictivo
posible, en una ciudad llena de edificios del Estado y del Capital: el Grand Lawn
del Central Park (apropiadamente, otrxs manifestantes se dirigieron en masa al
“Sheep Meadow”). Bailaron y celebraron la noche, repitiendo agradables
mantras
del estilo de “¡Somos hermosos!”.


Como la No Violencia protege al Estado

x Peter Gelderloos

Edicions Anomia, Barcelona 2010.


Ver también:

La Noviolencia es racista

Construcción de alternativas versus destrucción de lo existente

La desobediencia civil como fin en si misma

One thought on “La Noviolencia justifica al estado”

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