El programa “Petróleo por alimentos” era, sobre el papel, un sistema de ayuda humanitaria de la ONU para la población de Iraq que, en la práctica, actuó como arma de destrucción masiva. Presuntamente, buscaba combinar las sanciones que se habían impuesto a Iraq por su invasión de Kuwait con el mantenimiento de servicios esenciales; en la práctica, fue utilizado como arma de guerra -de desgaste psicológico y de asedio físico sobre la población civil-. Entre la agresión internacional sobre Iraq de 1990 y la de 2003 no hubo un período de no agresión: hubo otro período de agresión, donde el arma era una trama burocrática que vendía el petróleo de Iraq a cambio de nada para Iraq.

H.C. von Sponeck fue uno de los coordinadores del programa “Petróleo por alimentos”, uno de los que dimitió al darse cuenta de lo anterior. En su libro Autopsia de Iraq -ediciones de Oriente y el Mediterráneo, Madrid, 2007- lo detalla pormenorizadamente: tanto las manipulaciones de la ONU a las que fue sometida la población de Iraq como los tremendos efectos de esas manipulaciones. Transcribo aquí algunos fragmentos, indicando ahora que no son más que la punta del iceberg de todo lo que relata von Sponeck, y que en el libro no se encontrará sólo abundancia de datos, sino de testimonios humanos.

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Cada día veía más pruebas de la insuficiencia de los recursos y las consiguientes condiciones de pobreza. También apreciaba una inquietante “mentalidad rutinaria” en las oficinas de la ONU. La explicación de la postura del Consejo de Seguridad no podía ser que los Estados miembros ignoraban las condiciones de Iraq. Estaba en manos del Consejo de Seguridad hacer algo con el programa Petróleo por Alimentos. Podía aumentar los ingresos procedentes del petróleo, suprimir las limitaciones sectoriales y permitir una circulación de mercancías más libre. ¿Por qué no se hacía? En aquellos primeros días de mi estancia en Bagdad me resultaba difícil creer lo que mi colega Denis Halliday me había dicho en Ginebra: que el móvil de algunos gobiernos era castigar y desestabilizar, poniendo limitaciones deliberadas al programa humanitario para mantener las condiciones de miseria, con la esperanza de que Saddam Husein y su gobierno modificasen su actitud.

¿Se deberían haber hecho más esfuerzos por parte del Sistema de las Naciones Unidas en Bagdad exigiendo mayor rigor en los informes para evaluar más a fondo las consecuencias de las políticas de la ONU? ¿Hasta que punto se estaba volviendo la ONU parte culpable?… Levantar la restricción existente para comprar comida en Iraq… ahorraría mucho dinero. Reflotar la pequeña industria local para producir dentro del país los productos necesarios para el programa Petróleo por Alimentos … reduciría los costes y generaría empleo. No había razón para que, por ejemplo, el mobiliario de escuela, medicinas normales y algunas piezas de recambio no pudieran fabricarse localmente… Sin embargo, rehabilitar la economía contaba con el rechazo de Estados Unidos y el Reino Unido…

… Se podrían haber obtenido recursos adicionales recudiendo el exorbitante 30% de los ingresos del petróleo que se derivaba a la Comisión de Indemnización de las Naciones Unidas en Ginebra. A lo que había que sumar los recursos que se consumían de los ingresos de petróleo iraquí para pagar los gastos de la ONU. La ONU deducía un 4% para costear la gestión de los programas… Hacía el 21 de marzo de 2003, la ONU había dispuesto de 64.200 millones de dólares por la exportación de crudo iraquí. Tomando en consideración pequeñas variaciones en los cálculos de las deducciones para los gastos de la ONU entre 1996 y 2003, el monto asciende a unos 2.000 millones de dólares para financiar la administración de los programas humanitarios y no humanitarios de la ONU. Estas cantidades podrían haber supuesto una diferencia en las condiciones de vida de los iraquíes… Pregunté al subsecretario sueco de asuntos exteriores… si creía posible que Suecia proporcionase unos 1,4 millones de dólares para financiar el coste de mantenimiento de trescientos trabajadores humanitarios en Iraq… Fue receptivo a la idea… Con enorme decepción y enfado, supe más tarde que un anónimo funcionario de alto rango en la Secretaría le había manifestado… que no era una buena idea. Esto acabó lo que había creído una alternativa imaginativa para una financiación extra de las actividades humanitarias. Desde luego, habría aumentado la credibilidad de la ONU. Muchos iraquíes, no sólo los del gobierno, criticaban la utilización de dinero iraquí para los elevados salarios de la ONU, mientras ellos se morían de hambre.

… Durante las trece fases del programa Petróleo por Alimentos (1996-2003), la población iraquí podría haber tenido acceso a 43.100 millones de dólares o, lo que es igual, a 284 dólares por persona al año. Las demoras en la llegada de suministros humanitarios debido a factores burocráticos redujeron esta cantidad a 21.800 millones de dólares -185 millones por persona al año-. Si los ingresos por petróleo -64.700 millones de dólares- hubiesen estado disponibles en su totalidad durante ese período, en vez de haber sido parcialmente repartidos entre la Comisión de Indemnización (30%, 25% a partir de 2000) de la ONU y los gastos indirectos (3%) de la ONU, la cantidad per capita para suministros humanitarios habría sido de 432 dólares, más del doble de lo que realmente llegó a Iraq.

Iraq siempre había sido un país deficitario en alimentos. En 1990 la ONU calculaba que el país tenía que importar entre un sesenta y un setenta por ciento de los alimentos que consumía. Entre 1974 y 1990 la cantidad de trigo importado se multiplicó por cinco. Esa dependencia de fuentes exteriores de suministro se convirtió, bajo las sanciones, en una causa significativa de vulnerabilidad… Hay que resaltar que el sector agrícola, un elemento crucial del programa humanitario, afrontaba una variada gama de limitaciones humanas y naturales. Las retenciones, los retrasos prolongados –debidos a los complejos procesos de adquisición-, la naturaleza estacional del sector, las restricciones de la ONU para la fumigación aérea… la incipiente sequía, que duraría tres años, constituían los principales factores que explican por qué la agricultura nacional no pudo desempeñar un papel complementario para mejorar la nutrición del Iraq bajo sanciones.

El representante de la FAO en Bagdad, Amir Khalil, hacía todo lo que estaba en su mano para acelerar las adquisiciones del programa agrícola. Trató de convencer al Comité de Sanciones de Nueva York de que los generadores, bombas hidráulicas, pesticidas, aspersores, pulverizadores y productos agroquímicos serían utilizados para la agricultura y no para fabricar sustancias químicas o biológicas para un programa de armas de destrucción masiva… Los insumos para la temporada agrícola como semillas, fertilizantes y pesticidas no se encontraban disponibles cuando se necesitaban o llegaban a destiempo por causa del sistema de adquisiciones. O, más probablemente, porque el Consejo de Seguridad había retenido los envíos.

… Los sistemas de regadío en funcionamiento que utilizaban aguas subterráneas eran vitales para salvar, por lo menos, algunas de las cosechas de cereales que los agricultores iraquíes se habían atrevido a plantar en las provincias de Nínive, Attamim y Salah al Din. Esto no sería posible a menos que el Consejo de Seguridad cooperase. Lo que, desgraciadamente, casi nunca ocurrió.

… ¿Por qué el Consejo de Seguridad de la ONU no permitió adquirir alimentos producidos localmente? Arroz, trigo y legumbres se importaban de países como Australia, Vietnam y Turquía, pese a que partes de ellos se podrían haber comprado en Iraq a precios significativamente más bajos. A su vez, esto habría liberado fondos para medicinas, suministros de agua y saneamiento, dotaciones para educación y otras necesidades humanitarias. El equipo de la ONU en Bagdad habría estado en posición de supervisar las transacciones financieras para evitar que el gobierno “ganase”, si es que esta era la preocupación del Consejo de Seguridad.

(El suministro eléctrico y sus reflejos políticos).

En 1989, un año antes de la invasión de Kuwait, Iraq tenía una red eléctrica nacional que conectaba sus 18 provincias con una capacidad instalada de 9265 megavatios. Las plantas de energía, y toda la red, sufrieron numerosos daños durante la Guerra del Golfo. De un total de ciento veinte unidades de generación en las veinticuatro plantas de energía, no más de cincuenta se encontraban operativas al acabar la guerra a principios de 1991 y solo eran capaces de suministras dos mil trescientos veinticinco megavatios –lo que suponía una perdida del setenta y cinco por ciento en la capacidad de Iraq de generar energía respecto a antes de la guerra-. Diez años después, en 1999, cuando la Fase V del programa Petróleo por Alimentos estaba en curso… la capacidad de generación había aumentado sólo hasta los cuatro mil trescientos sesenta y cuatro megavatios.

Los dos embalses hidroeléctricos, Dokan y Denbardikhan, situados en Suleimaniya, la provincia kurda administrada por la Unión Patriótica de Kurdistán fueron inutilizados por la guerra de Irán/Iraq (1980-1988)… La destrucción deliberada de las torres de alta tensión en el lado kurdo de la línea de control constituía otro factor adicional. Con excepción de una sola línea de transmisión entre Mosul y Dohuk, todas las conexiones eléctricas entre las áreas bajo control del gobierno de Saddam Husein y el Kurdistán iraquí estaban desconectadas. Ya no había una red nacional.

… Mientras la resolución 986 del Consejo de Seguridad, de abril de 1995, confirmaba en su último párrafo que “nada de lo dispuesto en la presente resolución debe interpretarse en desmedro de la soberanía o la integridad territorial de Iraq”, el memorando de entendimiento entre la ONU y el gobierno de Iraq en 1995 no incluía esa referencia. Puede parecer algo sin importancia, pero… dio mano libre a las autoridades kurdas y al programa de Naciones Unidas para el Kurdistán iraquí para la ejecución de programas que no tenían por qué ajustarse al espíritu de “soberanía” e “integridad territorial”… El sector eléctrico era una primera y tangible evidencia de un plan kurdo para crear instituciones e instalaciones independientes de Bagdad. La ONU no hizo mucho por evitarlo.

…. Si se hubiera llevado a cabo una evaluación de la aplicación de los planes de distribución para el Kurdistán iraquí, Bagdad habría tenido motivos para oponerse, ya que habría mostrado que la ONU y las tres provincias kurdas estaban, de hecho, poniendo en marcha un programa de electricidad con una doble estrategia. Por un lado, buscaban reparar las dos presas, que estimularían tanto la generación de energía en su territorio como el suministro de agua de regadío que interesaba a Bagdad. El agua de regadío podía convertirse en un instrumento de negociación de los kurdos para obtener concesiones de Bagdad… Por otra parte, sin embargo, las autoridades locales kurdas no confiaban en obtener su cuota de electricidad de una red nacional rehabilitada bajo control de Bagdad, por lo que su prioridad era establecer una red de suministro paralela e independiente bajo su control exclusivo.

El Comité de Sanciones del Consejo de Seguridad de la ONU sin duda estaba al tanto de estas intenciones. El tipo de equipo que las autoridades kurdas querían obtener lo hacía bastante evidentes. El Consejo de Seguridad no planteó ninguna objeción- el párrafo sobre la “integridad territorial” y la “soberanía” había sido olvidado. La posición adoptada por los representantes de Estados Unidos y el Reino Unido en el Comité de Sanciones sobre las adquisiciones en el sector eléctrico sugerían de hecho que respaldaban plenamente el planteamiento kurdo. Mientras que, fase a fase, escrutaba minuciosamente los pedidos de piezas de recambio y equipos eléctricos del gobierno de Iraq y bloqueaba importantes pedidos de compra para las áreas bajo jurisdicción de Bagdad, el Comité de Sanciones aprobaba, con pocas excepciones, todos los pedidos para Kurdistán iraquí… El diferente tratamiento de los contratos eléctricos para las zonas bajo control de Bagdad o kurdo era un acto político con graves implicaciones para los iraquíes que vivían en las zonas central y meridional del país. También permitía entrever lo contraproducente del planteamiento de microgestión del Comité de Sanciones y su terrible falta de confianza en la capacidad de supervisión del equipo de la ONU en Iraq.

… Los dos ministros kurdos de Asuntos Humanitarios, Qazzaz, en Erbil, y Sade Pier, en Suleymaniya, me transmitieron que la política de las autoridades del Partido Democrático del Kurdistán (PDK) y de la Unión Patriótica del Kurdistán (UPK) era tener una mayor independencia del sector eléctrico en las zonas kurdas… A cambio, me transmitían su falta de confianza en la fiabilidad de Bagdad para compartir electricidad… Cuando la ONU lo comprobó, se descubrió que, en vista del lamentable estado de la planta de energía de Mosul, la situación del suministro a la población al sur de la línea de control era tan mala como en el lado kurdo. Los residentes de Mosul no recibían más electricidad que sus compatriotas en las comunidades de Dohuk en el Kurdistán iraquí, lo que equivale a dos horas de suministro al día en el momento en que la fase V estaba en ejecución.

Eran buenas oportunidades para crear medidas de confianza entre las autoridades kurdas y Bagdad, Además, como funcionario de la ONU, me sentía en la obligación de trabajar por el interés de las comunidades iraquíes a ambos lados de la línea divisoria. Después de todo, las resoluciones de la ONU alentaban a las diferentes comunidades a mantener la integridad territorial del país. Revisar conjuntamente las posibilidades de un suministro eléctrico integrado y el desarrollo de un programa se convirtió en una cuestión importante para mí. Otras preocupaciones prioritarias, que iban más allá de actividades conjuntas a través de la línea de control, eran el agua, especialmente el suministro de agua de regadío, asuntos de agricultura y trashumancia, remoción de minas y servicios médicos. Mis compañeros de la ONU en Bagdad, así como en Erbil y Suleimaniya, apoyaban con entusiasmo mi plan para intentar acercar a ambas partes.

Los limitados recursos disponibles durante las distintas fases del programa Petróleo por Alimentos y la demanda creciente de inversiones en el sector eléctrico hacían bastante urgente reunirse a tres bandas, es decir, gobierno de Bagdad, autoridades kurdas y ONU. Tras una serie de consultas por separado… se llegó a un acuerdo para empezar en Bagdad revisiones conjuntas de los sectores eléctricos y de remoción de minas. Fue un paso importante en el sentido de que la ONU desempeñase honestamente su papel legítimo. Al menos eso pensaba yo. Para la revisión del suministro eléctrico, el PNUD, en tanto que agencia líder de la ONU en este ámbito, en consultas con Bagdad y las autoridades kurdas, había preparado una minuciosa agenda para una serie de encuentros. El primero tuvo lugar en algún momento de finales de la primavera de 1999.

La agenda era bastante clara. Confirmaba lo que ya se había negociado en noviembre de 1998 entre la ONU y el gobierno de Iraq para el programa de distribución de la fase V, la rehabilitación de redes integradas de transmisión y distribución en el norte a ambos lados de la línea de control, inversiones en nuevas instalaciones de generación y la reparación de las presas. Recuerdo bien este primer encuentro… Había en el ambiente algo de tensión entre el grupo kurdo y los que representaban al gobierno de Iraq. Pero también había nerviosismo, porque no se trataba de una reunión rutinaria ni con precedentes. … este encuentro a tres bandas sobre el futuro de las inversiones tenía un grado de formalidad y transparencia que no era frecuente en los encuentros directos y discretos entre los emisarios de Kurdistán y los funcionarios iraquíes. El omnipresente té y unas palabras de bienvenida rebajaron de alguna manera la tensión.. Incluso se dibujaron algunas sonrisas en los rostros de aquellos que no hace mucho se habían enfrentado brutalmente. Ningún kurdo podría olvidar 1988, cuando el ejército llevó acabo un ataque en Kurdistán iraquí en una operación relacionada con la guerra irano-iraquí conocida como la “Campaña de Anfal”. Fue entonces cuando Saddam Husein y su comandante Ali Al Majad, primo y despiadado general de Tikrit, gasearon las aldeas kurdas.

El resultado de esta primera ronda de conversaciones en Bagdad fue el acuerdo para la reconexión de la red destruida por el conflicto interno de Iraq y la guerra entre Irán e Iraq. Para el gobierno de Iraq la reconexión era principalmente un asunto técnico y económico, pero para la parte kurda era sobre todo una cuestión política.

Salvar estas diferencias era un reto para la ONU en Iraq. Después de dos reuniones conjuntas similares en Bagdad sobre la remoción de minas, que habían precedido a las conversaciones sobre electricidad, mis colegas de la ONU y yo sentíamos que se había puesto en marcha un importante proceso.

Informé al respecto a la Oficina del Programa para Iraq (OPI) de las Naciones Unidas en Nueva York, con el entusiasmo que pensé merecía la iniciativa, esperando conseguir asesoramiento sobre cómo proseguir en éstas y otras áreas. Para agricultura, en concreto, el representante de la FAO, Amil Khalili, y yo queríamos una orientación política. Una incipiente fiebre aftosa, que afectaba a todo el ganado, requería la cooperación urgente entre el gobierno y las autoridades locales kurdas y la FAO.

Nos quedamos atónitos en Bagdad cuando recibimos la respuesta del Director Ejecutivo de la OPI, Benon Sevan. En un memorando con copia a la Secretaria General Adjunta de la ONU, Louise Frechette, y al Secretario General Adjunto para Asuntos Políticos, Kieran Predegast, entre otros, afirmaba que no debía involucrarme en la política local: “Su predecesor se quemó los dedos, no se queme los suyos”. Me parecía preocupante la falta de visión de un funcionario de la ONU. Teniendo presentes las resoluciones del Consejo de Seguridad, las cuales hacían hincapié en la integridad territorial y la responsabilidad de la ONU para hacer todo lo posible con sus escasos recursos económicos, pensé que lo que la ONU había empezadó en Iraq era totalmente coherente con su papel en la resolución de conflictos y el mantenimiento de la paz mediante el diálogo. El Departamento de Asuntos Políticos de la Oficina del Secretario General Adjunto guardó silencio. Se había truncado una iniciativa importante y constructiva.

La situación del suministro eléctrico era catastrófica en todo el país. Los cortes de luz en Iraq central y meridional de noviembre de 1998 a mayo de 1999 fueron de una media de diez a doce horas. Para ahorrar electricidad, las autoridades locales habían emitido inicialmente una directriz por la que cada hogar podía utilizar dos amperios, lo que daba para tres bombillas y una televisión. Más adelante fueron cuatro amperios, lo que permitía añadir una nevera. Sólo la inventiva de los ingenieros y técnicos iraquiés explica porque el sistema no se colapsó totalmente.

Además de un número importante de artículos bloqueados por el Consejo de Seguridad de la ONU, estaba el problema de la burocracia de las sanciones, que generaba largas demoras en la llegada de suministros eléctricos. Otras limitaciones procedían de piezas perdidas, la sequía, y programas de rehabilitación con muy escasa financiación. Esto afectaba a todas las facetas de la existencia, desde la vida familiar al trabajo en hospitales, oficinas, escuelas, surtidores de petróleo, molinos de harina, instalaciones de regadío y drenaje, y las escasas industrias que todavía funcionaban.

Una visita a la planta eléctrica de Al Taji, a unos veinticinco kilómetros de Bagdad, me demostró la enorme fragilidad de la red. La planta de Al Taji era una importante fuente de energía que funcionaba con la ayuda de piezas recuperadas de equipos en desuso y piezas fabricadas a pie de carretera (como consecuencia de las sanciones, aparecieron numerosos talleres a pie de carretera en los que artesanos hacían piezas de recambio con un control de calidad mínimo, donde se abastecían los civiles e incluso los militares). El personal trabajaba sin cascos ni uniforme de protección, expuesto a niveles de ruido extremos, ya que no había ni silenciadores ni aislamiento… A un profano, Al Taji le parecería un montón de chatarra, una estructura parcheada que milagrosamente producía electricidad. El presupuesto previsto en la fase V poco podría hacer para corregir estas condiciones extendidas por todo el país en el sector eléctrico. La población no tenía más opción que continuar soportando insuficiencias extremas y peligrosas para la vida similares a las existentes en los sectores del agua, saneamiento y sanidad.

En Bagdad, el personal de la ONU no sufría estas dificultades, al menos no en las oficinas desde las que administrábamos el programa Petróleo por Alimentos. Equipados con potentes generadores, así como con equipos de emergencia, el suministro eléctrico para luz, aire acondicionado en verano, calefacción en invierno, y para el funcionamiento de los últimos modelos de ordenadores estaba garantizado. Todos los gastos se pagaban a cuenta de los ingresos provenientes del petróleo iraquí. Nada de todo esto estaba al alcance de los iraquíes de a pie, ni tan siquiera de los funcionarios. Para los seis meses de la fase V, la cantidad de gastos indirectos de la ONU para administrar el programa humanitario sería de 60,4 millones de dólares, lo que correspondía a un 2,2% de los ingresos por petróleo previstos. La ONU no tenía limitaciones de recursos. Así se había decidido en el Consejo de Seguridad. A Iraq no se le consultó. Las deducciones de los ingresos procedentes del petróleo iraquí no eran negociables.

La situación privilegiada del personal de la ONU se ponía descaradamente de manifiesto durante los frecuentes cortes de luz nocturnos, cuando, de repente, vecindarios enteros alrededor de las oficinas de la ONU se quedaban a oscuras, mientras los locales de la ONU seguían brillando, igual que las oficinas cercanas de Al Anm Al Amm –el temido organismo iraquí de seguridad interior-, los palacios del presidente Saddam Husein, las casas de algunos líderes y las embajadas. Era, de hecho, una inquietante alianza de los privilegiados…

Todos los sectores clave para el bienestar de la población iraquí, como sanidad, agua y saneamiento, o la producción agrícola, dependían del suministro de electricidad. Mis colegas de la ONU en Bagdad y yo mismo no llegábamos a comprender por qué el Consejo de Seguridad, conciente de las deficientes condiciones del sector de la electricidad, no había hecho ningún esfuerzo especial para abordar esta cuestión. ¿Por qué el Consejo de Seguridad no se había opuesto más enérgicamente al hecho de que los representantes de Estados Unidos y del Reino Unido estuvieran agravando la precaria situación de la población iraquí al haber elegido el sector de la electricidad como objetivo principal de las retenciones? ¿Se debía a que los generadores eran también útiles para las fuerzas armadas iraquíes? La ONU no hubiera tenido problema alguno para supervisar el uso de los suministros eléctricos. ¿Por qué no se le concedió más autoridad para hacerlo?… Hubiera sido una alternativa positiva al hecho de que el Comité de Sanciones de la ONU retuviera en suspenso artículos tan importantes.

Otros miembros permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU, como Rusia, China y Francia, que habían seguido el desarrollo de los acontecimientos desde que se introdujeron las sanciones en 1990, eran tan conscientes como Estados Unidos y el Reino Unido de las nefastas e inevitables consecuencias de la situación en el sector eléctrico y otros sectores. Al haber apoyado la resolución 986 del Consejo de Seguridad de abril de 1995 tenían la obligación de permanecer atentos al “riesgo de que la situación se siga deteriorando”, como ellos mismos habían advertido entonces. No se había evitado el riesgo, es más, había crecido, como demostraba de sobra la situación sobre el terreno.

(La situación de la educación)

Al abandonar el Hotel Cartago por la mañana y al regresar a distintas horas de la noche, estaba seguro de que me encontraría con Tariq, el mendigo de ocho años. Descalzo, con camiseta y pantalones rasgados de un color imposible de describir, se aseguraba de estar todo lo cerca de mí que podía como para recibir algo, cualquier cosa –unos caramelos, unos dinares iraquíes o simplemente una palabra amistosa-. Se situaba, no obstante, lo suficientemente lejos como para escapar en caso de que un viandante, recordando que mendigar no era una tradición iraquí, intentara golpearlo o atraparlo. Tariq era uno de los muchos niños en edad escolar que no asistía a la escuela primaria – en 1998-1999 un 23,7%-. Ni escolarizado ni fracasado escolar, simplemente nunca había ido al colegio. Su familia, un padre desempleado e inválido y una madre con cinco hijos, lo necesitaba en la calle. De niño mendigo, frente los tres hoteles de la ONU, podía conseguir tres veces más de lo que ganaba al día un maestro de escuela –unos ocho dólares-… No solía ir por casa, y normalmente comía por la calle lo que le daban. Su escuela era la calle.

Tariq se convirtió para mí en el símbolo de las más brutales manifestaciones de una dictadura, que derrochaba recursos para palacios y lujosos edificios de oficinas, y de un Consejo de Seguridad de la ONU que no emprendía iniciativa alguna para proteger a los más vulnerables e inocentes…

Cuanto más sabía de Tariq, más quería ayudarlo a dejar la calle y a que fuera al colegio. Le pregunté si era una buena idea. Asintió tímidamente: Alayk al tasal ummi –‘Tienes que preguntarle a mi madre’-… Estaba ante la típica matriarca iraquí. Gruesa, vestida con la tradicional abaya negra, de aspecto severo… La madre era inflexible en la demanda: cuatrocientos mil dinares al mes –alrededor de doscientos dólares- en dos pagos anuales; y mi contrapropuesta –cuarenta mil dinares al mes y los gastos de escolarización. Sus gestos manifestaban desacuerdo. Se fue diciendo que se lo pensaría.

Para animarla a cambiar de opinión, decidí llevar a Tariq al hammam, los baños públicos tradicionales, luego a cortarle el pelo y, por último, a una tienda a por ropa nueva. Cuando le volví a ver, apenas podía reconocerlo: bien peinado, con ropa limpia, con una sonrisa expectante… Lo que ocurrió a continuación nunca podría habérmelo imaginado. Finalmente, Tariq volvió, tan sucio como siempre, con las mismas ropas rasgadas. Su madre se quedó con la ropa y le ordenó seguir mendigando. En ese momento empecé a darme cuenta de lo poco que entendía la psicología de la pobreza en Iraq.

Tariq era sólo uno más… más y más niños, y algunas niñas, tratando de vender cualquier cosa, chicles, lápices, incienso, velas, o una variada gama de periódicos con… mensajes idénticos acerca de la fundamental “madre de todas las victorias” y el siempre benevolente padre de la nación, Saddam Husein, cuya edad parecía invariable en todas las fotos.

La mayoría de estos pequeños “empresarios” callejeros tenían familias a las que podían volver por la noche con las ganancias. Había otros niños menos afortunados, los niños abandonados –un fenómeno del que nunca se había oído hablar en el Iraq de antes de 1990. Cuando el gobierno tenía noticia de estos niños los llevaba al centro Al-Rahma, literalmente el Centro de la Compasión, cerca de la plaza Al-Wathig en Bagdad. Era el primer hogar para niños abandonados en la historia de Iraq. Quien lo visitaba podía sentir que era de hecho un oasis de compasión y ternura para esos niños, cuyos padres, a causa de la pobreza y la desesperación, habían renunciado a lo que normalmente hubiera sido su posesión más valiosa. En Al-Rahma los niños tenían comida y cama, y profesores que se ocupaban por su bienestar. Se les proporcionaba una educación básica y aprendían oficios, como sastre o carpintero.

En las tres fases iniciales del programa Petróleo por Alimentos, cuando el Consejo de Seguridad sólo había asignado ciento trece dólares por persona al año para todos los sectores, la cantidad para educación era cinco con sesenta dólares por alumno para un período de seis meses. Para la fase V el gobierno propuso una mejora de diez con cuatro dólares por alumno… No había justificación política ni, ciertamente, tampoco moral, para incluir a los niños en la aplicación de las sanciones económicas exhaustivas. Señalar con el dedo acusador el gasto irresponsable del gobierno iraquí era quitar responsabilidad al Consejo de Seguridad de la ONU.

… Del 23 % de niños no escolarizados en 1998-1999, las niñas representaban el 31,2%, casi el doble que los niños. En la década de los noventa cada vez más y más niñas fueron víctimas de la política. La escuela Safua en Diyala es un buen ejemplo. En 1998 había cincuenta niñas en primaria, en 1999 veinte y en 2000, durante mi visita, quedaban sólo ocho. A los que estaban en la escuela primaria, les enseñaban profesores que no se habían reciclado en años. Su preocupación fundamental era la supervivencia más que la enseñanza. Trataban de tener ingresos extra con otros trabajos.

Los libros de texto eran escasos, anticuados, y se encontraban en muy mal estado. Sólo a principios de 2000 el mobiliario escolar llegó a más colegios… Tampoco había baños, ni para los estudiantes ni para los profesores… Durante el año escolar 1998-1999, los alumnos de primaria no tenían a menudo pupitres en los que sentarse. La mayoría de los niños se veían obligados a pasar el día sentados en el suelo, que solía estar húmedo o mohoso. Los más afortunados tenían piedras sobre las que sentarse.

… UNICEF y Care eran las organizaciones internacionales que con más ahínco luchaban contra estas condiciones terribles. Pese a la escasez de recursos, su dedicación permitía que la situación fuera diferente para varios miles de niños… Para la inmensa mayoría de los niños iraquíes de primaria, la primera experiencia de aprendizaje era cualquier cosa menos eso. Aulas “agujero” sería una descripción más apropiada para aludir a los lugares en los que pasaban sus días escolares. Era un mundo hediondo con las mínimas condiciones de saneamiento, clases abarrotadas, muebles destartalados, y normalmente, largas caminatas de ida y vuelta desde casa a la escuela. Había carencia de prácticamente todo aquello que a cualquier niño de escuela primaria en Europa, y en Iraq antes de 1990, le parecería de lo más normal. No era raro que no tuvieran lápices, papel, gomas, libros o carteras.

Los universitarios no les iban a la zaga. Ni equipamiento científico, ni ordenadores, ni revistas…, faltaba de todo en las instituciones iraquíes de enseñanza superior. En la Facultad de Derecho de la Universidad de Bagdad, las últimas revistas especializadas databan de 1989… La reglamentación de los servicios postales de Estados Unidos y el Reino Unido prohibía el envío de material educativo a Iraq. Lo que, ¡increíblemente!, también incluía partituras.

Varias visitas al campus de la Universidad Al Mustansiriya me permitieron hacerme una idea fidedigna de la desesperada situación que allí se vivía. Treinta mil estudiantes, la mitad de ellos mujeres, aspiraban a una educación superior. El entonces rector de la Universidad, Riyadh al-Dabagh, me hizo un retrato sombrío. No había dinero para mantenimiento y equipamiento. Los ordenadores escaseaban, ya que la mayoría se encontraban retenidos por el Comité de Sanciones de la ONU. Los catedráticos no ganaban más de 80-90.000 dinares, es decir, de 35 a 45 dólares. Muchos profesores se fueron a trabajar a Libia, Yemen o cualquier otro lugar del mundo árabe. Un número muy elevado de estudiantes sufrían trastornos emocionales, la mayoría debido a las nada prometedoras expectativas de encontrar trabajo una vez licenciados. Un estudiante de arquitectura me dijo: “Me gusta lo que estudio, pero ¿qué voy a hacer cuando termine?”. Otra, en un grupo de estudiantes con los que me enzarcé en un improvisado debate al aire libre, resumía los sentimientos de sus compañeros cuando, a punto de llorar, dijo espontáneamente: “Sólo queremos estudiar con profesores que estén al día”.

Estos estudiantes sabían por sus padres que en los ochenta y antes, su universidad, junto a otras de Bagdad, Mosul y Basora, había estado entre las mejores de Oriente Próximo y que atraía a miles de estudiantes extranjeros. Todos ellos, iraquíes y extranjeros, disfrutaban de becas. Además, el gobierno alentaba a los estudiantes iraquíes a estudiar en el extranjero con la ayuda de generosas becas.

… Ni el gobierno ni el Consejo de Seguridad trataban con dignidad a la juventud.
A los alumnos de primaria se les obligaba a realizar semanalmente saludos y a recitar poesías en honor del gran líder (Saddam Hussein). A los estudiantes de secundaria se les sobornaba con obtener cinco puntos más en la nota de los exámenes si se afiliaban al partido Baaz, lo que bastaba para ser admitido en las mejores universidades del país. Expertos en desarme de la UNSCOM llegaban de vez en cuando en helicóptero a los campus universitarios para realizar visitas sorpresa. Los inspectores interrumpían las clases e interrogaban a los alumnos sobre lo que les habían estado enseñando los profesores en esos momentos. ¡Se hacía para determinar si las clases tenían alguna conexión con las armas de destrucción masiva!

No sorprende que los logros de las campañas de alfabetización de los setenta y los ochenta se perdieran rápidamente en los noventa. En diez años estas campañas habían elevado la tasa de alfabetización del 52% en 1977 al 80% en 1987. En 1995, la tasa de alfabetización había caído al 58%. En noviembre de 1998 la UNESCO y UNICEF concluyeron que menos de la mitad de la población adulta iraquí estaba alfabetizada. UNICEF también alerto que las tasas de alfabetización de la mujer habían caído aún más rápido y se situaban en 1995 en el 45%. Cuesta imaginar que se trataba del mismo país que sólo una década antes tenía el sistema de enseñanza más moderno del mundo árabe, un sistema en el que las mujeres podían participar sin discriminación.

… Muchos materiales educativos que se debían haber comprado con el escaso presupuesto del Programa Petróleo por Alimentos fueron bloqueados por el Comité de Sanciones de la ONU, inhabilitando aún más el sector de la educación. El representante de la UNESCO EN Bagdad me entregó un documento que mostraba que para la fase IV (1998) el Comité de Sanciones de la ONU había bloqueado ordenadores y materiales de apoyo para escuelas administradas por el Ministerio de Educación en Bagdad por una cantidad de 4.9 millones de dólares, es decir el 26,1% de los suministros solicitados. Los datos sobre artículos retenidos para el Ministerio de Enseñanza Superior eran de 12,9 millones de dólares, es decir, el 73% de las solicitudes. Afortunadamente, no había artículos en suspenso en el Comité de Sanciones para los programas educativos de Kurdistán iraquí.

Cuando abordé el estado del sector de la educación en la primaverda de 1999 con el administrador de una escuela en Mosul reaccionó alterado diciendo: “Han destruido nuestra economía y ahora quieren destruir también nuestras mentes”. En la primavera de 1999 escribí a la Secretaria General Adjunta, Louise Frechette, que era la responsable de más alto rango que supervisaba la situación de Iraq en la sede de la ONU, alertándola del maltrecho estado de la educación en términos similares a los que acabo de utilizar. Le señalaba que la desnutrición era un facto adicional que tenía que ser identificado como parte de la coyuntura negativa de aprendizaje de los niños iraquíes. Mis colegas de la OMS, UNICEF y PMA estaban de acuerdo en que la desnutrición crónica afectaba todavía a cuatro de cada cinco niños. La preocupación que quería transmitir a la sede de la ONU era que esto tendría “graves consecuencias en la capacidad de aprendizaje de la infancia” y, con el tiempo, habría que la “juventud iraquí estuviese cada vez peor preparada para asumir responsabilidades en la reconstrucción nacional”. Ni siquiera me respondieron.

Iraq cuenta todavía con una buena reserva de profesionales bien formados. Los daños reales y permanentes causados por las sanciones en la sociedad iraquí, especialmente en su juventud, se pondrán de manifiesto cuando este grupo instruido deje de estar en activo en unos años.

5 thoughts on “La ONU, contra el diálogo y la educación en Iraq”
  1. La ONU, contra el diálogo y la educación en Iraq
    Enlace: La deriva que está tomando Iraq de cara a 2012 produce vértigo.

    Los recientes acontecimientos en el país no invitan al optimismo, ¿no es así?

    Desgraciadamente, no. La huída el pasado diciembre del vicepresidente Hashemi (suní) tras ser acusado de orquestar un complot terrorista es lo peor que nos podía pasar. Los sucesivos atentados contra barrios chiíes de las últimas semanas constituyen un gran drama humano y nos producen una terrible sensación de deja vu que nos invita a pensar que volvemos a a atravesar las puertas de un nuevo capítulo de violencia sectaria como el que empezó en 2005. Es la peor de nuestras pesadillas.

    ¿Cómo puede seguir jugando la religión un papel tan importante en el Irak de 2012?

    La religión no es más que un pretexto tras es el que se esconde la eterna lucha por el poder político, tanto en el país como en toda la región. Yo mismo soy musulmán sufí en un distrito en el que prácticamente el 99% de la población es chií. Tengo vecinos y grandes amigos cristianos, suníes e incluso ateos, y esta es una situación extrapolable al resto del país. O al menos lo era hasta hace muy poco. Como le decía, ese odio interétnico, o interreligioso, llámelo como quiera, no se enraizó en nuestra sociedad hasta hace apenas unos pocos años. A todo ello han contribuido al Qaeda y el Baath, pero también los partidos islamistas que han ocupado el poder tras 2003. A causa de su visión estrecha monolítica del Islam en su versión chií, la libertad de credo, y la de expresión en su conjunto, disminuyen según pasan los días y el clima en el país se ha vuelto irrespirable para todos.

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