
Ojo, porque toda la información procede del Diario El País. Desconocemos hasta qué punto la información que procede de Siria refleja lo que allí verdaderamente está ocurriendo, o tiene sus puntos negros tendenciosos e incluso falsos, que no sería la primera vez, y más teniendo en cuenta que Siria es otro de esos países «díscolos» con la dictadura occidental. En cualquier caso todo apunta a que en el país están ocurriendo sucesos y movimientos sociales de gran importancia. Nota de Tortuga.
Tropas sirias se pasan a los rebeldes
El régimen envía refuerzos para retomar Jisr al-Shughur
ENRIC GONZÁLEZ – Jerusalén
El Ejército sirio empieza a romperse, lo que constituye la peor amenaza para el presidente Bachar el Asad. Jisr al-Shughur, una remota ciudad agraria de 50.000 habitantes, fue el lunes escenario de las primeras deserciones colectivas de unidades militares. Una cantidad indeterminada de soldados se amotinó para unirse a los manifestantes civiles, lo que provocó una batalla extremadamente confusa y cruenta. Según el Gobierno de Damasco, murieron más de 120 hombres uniformados. Los habitantes de Jisr al-Shughur esperaban anoche un violento contraataque de tropas leales al presidente.
El Asad manipula la causa palestina para desviar la atención
Detenida una popular bloguera defensora de la democracia
Lo que ocurrió no está claro. El Gobierno impide la presencia de periodistas independientes y tanto los portavoces oficiales como los organizadores de la revuelta contra el régimen tienden a exagerar, cuando no a mentir, para favorecer sus intereses. En cualquier caso, diversos activistas, los Hermanos Musulmanes y el propio Gobierno confirman que el Ejército entró en la ciudad el sábado, con vehículos blindados y al menos dos helicópteros, para acabar con las protestas.
En esa primera jornada murieron al menos 10 manifestantes, más de 30 según otras fuentes. El domingo, tras los funerales por las víctimas, se reavivaron las protestas. Según un portavoz londinense de los Hermanos Musulmanes (organización islamista que en 1980 protagonizó una sublevación en Jisr al-Shughur), otro contingente militar fue enviado a sofocar la revuelta. A partir del domingo por la noche, las informaciones son contradictorias. El Gobierno afirma que los soldados sufrieron emboscadas por parte de «grupos fuertemente armados» que ametrallaron camiones, robaron cinco toneladas de dinamita, volaron el edificio de Correos, mataron a 120 soldados y policías y descuartizaron cadáveres.
Esa versión resulta inverosímil. Primero, porque está prohibida la tenencia de armas por parte de civiles, precisamente para prevenir rebeliones; segundo, porque hay que disponer de fuerzas numerosas y muy bien armadas para hacer una matanza contra un Ejército regular provisto de blindados y helicópteros; tercero, porque los shabiha, los grupos de matones armados (casi siempre alauíes) al servicio del régimen, habían empezado a disparar horas antes de que lo hicieran los militares; cuarto, porque el Gobierno acostumbra a mentir.
Parece mucho más probable que los acontecimientos ocurrieran como relatan varios habitantes de la ciudad contactados por Associated Press y las organizaciones sirias de derechos humanos. Según esa versión, la actuación de los shabiha y las órdenes de ametrallar a la población indignaron a parte de los militares y de la policía y provocaron deserciones colectivas. Los militares leales se enfrentaron a los desertores, en algunos casos ejecutándolos y en otros, en batalla abierta. Una cantidad no cuantificable de civiles (que testigos identificaron como simpatizantes de los Hermanos Musulmanes) consiguió armas del propio Ejército gracias al caos y se sumó a los tiroteos. Los 120 militares y policías muertos serían la suma de leales y desertores.
Jisr al-Shughur amaneció ayer devastada y sin presencia militar apreciable. Miles de habitantes huyeron hacia la vecina Turquía, a 20 kilómetros, o a aldeas cercanas, aterrorizados por las amenazas de represalia lanzadas desde Damasco. El Gobierno prometió «devolver el orden» a la ciudad y grupos de ciudadanos armados levantaron barricadas y puestos de control en las vías de acceso. Anoche seguía esperándose el ataque de las tropas fieles a El Asad.
La batalla de Jisr al-Shughur fue el peor revés para la dictadura desde el inicio de la revuelta, el 18 de marzo. Pero simultáneamente se registró otra señal muy inquietante para el régimen, en uno de sus flancos más sensibles: el de los refugiados palestinos.
El Gobierno de Damasco aprovechó que el domingo se conmemoraba la Naksa o «retroceso» (la Guerra de los Seis Días de 1967, en la que Israel ocupó el Golán sirio, Cisjordania y Gaza) para fomentar asaltos de jóvenes palestinos a la barrera militar israelí en el Golán. Para ello utilizó al Frente Popular para la Liberación de Palestina-Comando General, una facción financiada por Siria e Irán que fue expulsada de la OLP y controla el campo de refugiados de Yarmuk. El objetivo consistía en desviar la atención de la crisis interna y enarbolar, como de costumbre, la causa palestina. Según Siria, los soldados israelíes mataron a 23 personas. Según Israel, los muertos fueron 10 y la causa fue la explosión de varias minas.
En cualquier caso, los habitantes del campo sintieron que los dos centenares de jóvenes que acudieron al Golán habían sido manipulados por el FPLP-CG, y el lunes, tras los funerales, atacaron e incendiaron las oficinas del grupo guerrillero. Al menos 14 refugiados palestinos murieron por disparos del servicio de seguridad del FPLP-CG, que luego atribuyó la matanza a «elementos externos» al campo de Yarmuk.
Entretanto, en la capital siria, los nervios del régimen se reflejaron en la detención de Amina Arraf, creadora de un popular blog llamado Una chica gay en Damasco. Arraf pertenece a una importante familia, tiene doble nacionalidad siria y estadounidense y hasta ahora, pese a defender con rotundidad la revolución democrática y la homosexualidad (dos cuestiones que horripilan al régimen hasta el punto de ser castigadas con la muerte), había conseguido evitar a la policía.
Centenares de sirios huyen a Turquía ante el avance del Ejército en el noroeste
Erdogan asegura que «no cerrará las puertas» a los refugiados.- Tropas sirias se pasan a los rebeldes mientras el Gobierno ordena una respuesta firme en la ciudad de Jisr al-Shughur
AGENCIAS – Estambul
La represión del régimen de Bachar el Asad está llevando a centenares de personas a huir hacia Turquía. Al menos 122 sirios, incluyendo mujeres y niños, han cruzado la frontera hacia Turquía la pasada noche en Jisr al-Shughur, una remota ciudad agraria de 50.000 habitantes al noroeste del país, según ha informado la agencia estatal turca de noticias, Anatolia. El pasado fin de semana fueron 44 sirios los que abandonaron esta localidad y se adentraron en Turquía. Uno de ellos murió en la travesía. El Gobierno turco ha cifrado en casi medio centenar el número de personas que ya han cruzado la frontera.
Los refugiados se han instalado en tiendas de campaña cerca de la frontera, en la provincia turca de Hatay. Los sirios habían huido de la ciudad de Jisr al-Shughur ante el avance de las tropas y los carros de combate del Ejército sirio. Sus habitantes esperan un violento contraataque de las tropas leales al presidente. Más cuando el Gobierno ha ordenado al Ejército que responda con firmeza a los ataques supuestamente cometidos el pasado lunes en esta ciudad por «bandas armadas», en los que presuntamente murieron más de 120 soldados y policías, tal y como informó Damasco.
«El Ejército está tomando posiciones alrededor de Jisr al-Shughur», ha declarado a Reuters un activista contactado por teléfono. «Muchas personas han abandonado la ciudad porque están asustadas», ha añadido esta fuente anónima, la cual prevé que va a haber muchos muertos. Los médicos y enfermeros también habrían huido, lo que agravará la situación en caso de nuevos incidentes violentos. Las huidas llegan en mitad de las primeras deserciones en el Ejército sirio. Algunos soldados se han amotinado para unirse a los manifestantes civiles.
El lunes, el ministro del Interior, Mohamad Ibrahim al Shaar, prometió que el Gobierno de Bachar el Asad respondería con «firmeza» a los ataques armados. «Actuaremos con firmeza y decisión en base a la ley y nunca nos quedaremos callados ante cualquier ataque armado contra la seguridad del país», advirtió.
Disparos desde helicópteros
La agencia France Presse ha recogido varios testimonios de los heridos que han llegado hasta Turquía. Selim, de 28 años, se despertó el lunes en una cama de hospital en Antioquía, un pequeño pueblo en el sur de Turquía, a unas decenas de kilómetros de Siria. «Lo último que recuerdo es cuando un francotirador me disparó una bala y me entró por la clavícula y salió por mi flanco izquierdo. Cuando traté de advertir a mis amigos, otra bala atravesó mi mano. Después perdí el conocimiento «, dice Selim.
Mohamed, un pintor de 31 años, también resultó herido el domingo en Jisr al-Shughu: «Son agentes de paisano los que me dispararon el domingo. Una bala atravesó mi mano derecha y hay tres dedos que no puedo mover». Los refugiados aseguran que helicópteros del Ejército sirio disparan a los manifestantes.
Turquía no cerrará puertas
Un portavoz del Ministerio de Exteriores turco ha asegurado que ya son más de 420 personas las que han cruzado la frontera desde que comenzaron las protestas en marzo. La televisión turca ha mostrado imágenes de gente herida que está siendo atendida en hospitales al sureste de Turquía. En rueda de prensa, el primer ministro turco, Tayyip Erdogan, ha afirmado que su país «no va a cerrar las puertas a los refugiados sirios».
Kemal Dagistanli, alcalde de la localidad fronteriza de Yayladagi, ha asegurado que las personas que han cruzado son atendidas por los equipos de la Media Luna Roja. «Ya había unos 250 sirios en el campamento, y siguen llegando grupos», ha dicho Dagistanl. «Nuestro mayor temor es que vaya llegando más gente si no hay una reconciliación en Siria», ha agregado. Unos 35 refugiados sirios están hospitalizados en varias clínicas de Hatay, la provincia turca vecina a Siria. Los vecinos de la aldea fronteriza de Guvecci están enviando pan y mantas a un cercano poblado sirio. El Ejército turco ha aumentado su presencia a lo largo de la frontera con Siria por razones de seguridad.
El Gobierno de Erdogan ha sido un importante aliado de Siria en los últimos años pero el ministro de Exteriores turco, Ahmet Davutoglu, ha pedido al régimen de El Asad que lleve a cabo algunas reformas para atender a las demandas de la población. Pero El Asad no hace sino ganarse la enemistad de los principales actores de la comunidad internacional. El ministro de Exteriores británico, William Hague, ha dicho en el Parlamento que el presidente sirio «está perdiendo su legitimidad», y le insta a emprender reformas o echarse a un lado.
Por ello anunció que los Gobiernos europeos meditan posibles sanciones contra Siria. Su par francés, Alain Juppé, ha dicho que es «cuestión de días, si no de horas» que el Consejo de Seguridad de la ONU vote una resolución de condena a Siria, una medida que podría contar con la oposición de Rusia y China, aliados de El Asad.
El País