Grup Antimilitarista Tortuga

Este día 24 de marzo se cumple un año y treinta días del inicio de la guerra de Ucrania, luctuoso hecho que nos convoca en esta plaza cada día 24 de mes para pedir el final de las acciones bélicas e instar a las partes enfrentadas a resolver sus diferencias mediante el diálogo.

No obstante, como bien sabemos, la de Ucrania no es la única guerra que asola a la humanidad. Queremos aprovechar estas convocatorias para, además de pedir la paz para Ucrania, recordar otros escenarios igualmente destructores de la vida y dignidad humana y la naturaleza.

Hoy vamos a hablar brevemente sobre la guerra de Haití.

En el caso de este pequeño estado caribeño, más que de guerra cabe hablar de conflicto de baja intensidad, no por ello menos dañino y mortífero que una guerra convencional.

Haití, que emergió en los años ochenta de la larga y sangrienta dictadura de la familia Duvalier, desde entonces no ha encontrado estabilidad ninguna como nación ni como sociedad. La época posterior a la dictadura, desde 1986 hasta la actualidad ha estado jalonada por gobiernos de poca duración, derribados uno tras otro por sendos golpes de estado o por grupos rebeldes militares auspiciados por EEUU. Durante sus mandatos, estos gobiernos, todos ellos, han fomentado el paramilitarismo al tiempo que han aprovechado para saquear los pocos recursos del país, el más pobre de toda América.

La brutalidad paramilitar con notorio desprecio de los derechos humanos; los secuestros y asesinatos por parte del poder y el desgobierno han propiciado que el país esté hasta hoy en una crisis económica perpetua que mantiene a la mayor parte de la población en la más absoluta miseria. Los estallidos sociales debidos a esta situación han sido permanentes y han constituido la excusa perpetua para la ocupación militar del país por parte de tropas extranjeras pertenecientes a diversos estados, entre ellos España.

Por si fuera poco, en 2010 Haití sufrió un severo terremoto. En 2021 fue asesinado el presidente Jovenel Moïse, dando lugar a una situación en la que la descomposición del poder estatal ha dejado paso al gobierno de las mafias y pandillas, en perpetuo conflicto entre sí y que generan un enorme sufrimiento a la población. Una ONG contabilizó que en 2022, solo en el área de la capital, Puerto Príncipe, murieron por arma de fuego cerca de 3.000 personas, sin contar las que fallecieron en hospitales. Otras 3.000 familias se vieron obligadas a abandonar sus casas por encontrarse en territorio de fuego cruzado. Muchas otras, incontables, fueron secuestradas o agredidas sexualmente.

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En Haití, como en Ucrania, es urgente el fin del conflicto, que en este caso tiene raíces económicas y de justicia social, de la intervención extranjera, el fin del expolio y el inicio de conversaciones de paz entre todas las partes en conflicto que puedan alumbrar una nueva sociedad democrática, pacífica y justa.

Por un mundo sin guerras, sin negocio de armas, por un mundo en Paz.

Elx, 24 de març de 2023.


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