Grup Antimilitarista Tortuga

Este día 24 de mayo se cumple un año y cuatro meses del inicio de la guerra de Ucrania, luctuoso hecho que nos convoca en esta plaza cada día 24 de mes para pedir el final de las acciones bélicas e instar a las partes enfrentadas a resolver sus diferencias mediante el diálogo.

No obstante, como bien sabemos, la de Ucrania no es la única guerra que asola a la humanidad. Queremos aprovechar estas convocatorias para, además de pedir la paz para Ucrania, recordar otros escenarios igualmente destructores de la vida y dignidad humana y la naturaleza.

Hoy vamos a hablar brevemente sobre la guerra de Birmania.

Birmania, cuyo nombre oficial es República de Myanmar, es un país que alcanzó su independencia en 1948. Es un estado con una enorme diversidad étnica y con significativas minorías religiosas vinculadas a dichas etnias. Este hecho es sustancial para comprender el conflicto constante que ha vivido el país desde su fundación. Otro dato muy importante es que Birmania, al igual que otros estados, como Egipto o Siria, ha sido siempre un monopolio político (y económico) del ejército, que lo ha gobernado mediante un rosario de dictaduras que ni siquiera han cesado en el breve periodo constitucional presidido por la premio nobel Aung San Suu Kyi hacia mediados-finales de la década de 2010. En dicho periodo, el partido de San Suu Kyi, a pesar de su amplísima victoria electoral, compartió gobierno con el propio ejército, que al final acabó deponiéndola mediante golpe de estado y encarcelándola en 2021. Es de reseñar que en este periodo semi-democrático se llevó a cabo el genocidio de la etnia minoritaria musulmana rohinya, genocidio que defendió públicamente la premio nobel, perdiendo así su prestigio internacional.

Como decimos, el carácter objetivamente plurinacional de Birmania, contrapuesto al centralismo que pretenden imprimir sus fuerzas armadas es causa de conflicto y discriminación en las regiones periféricas y, en consecuencia, de movimientos de índole separatista, de reivindicación de reconocimiento para sus respectivas identidades étnicas y religiosas, y de lucha contra la dictadura militar. Ello ha dado lugar desde los años cincuenta y hasta la actualidad a una gran cantidad de guerrillas armadas en permanente conflicto bélico con la autoridad central del país. Esta larga y poliédrica guerra asimétrica, como no puede ser menos, es causa de muerte, destrucción y despiadada persecución y represión política.

Centrándonos en el periodo más inmediato, el ejército birmano, en 2021, mediante un golpe de estado, acabó con un periodo semiconstitucional y reinstauró la dictadura. Ello dio lugar a una revolución popular en todo el país, en el que obreros y estudiantes, mediante huelgas masivas y tácticas de desobediencia civil trataron de resistir el golpe militar. El ejército respondió con una desmedida represión, disparando a los manifestantes con fuego real, encarcelando a miles de personas y ejecutando sumariamente a muchos de los detenidos. Ello obligó a los resistentes a refugiarse en la clandestinidad y a buscar ayuda en las diversas guerrillas étnicas de las regiones periféricas del país. A partir de ese momento la desobediencia civil dio paso a la insurgencia armada y a un nuevo episodio de guerra asimétrica. Desde entonces y hasta la actualidad se mantiene dicho conflicto. Entre un millón cien mil y tres millones de personas han resultado desplazadas. Más de 40.000 viviendas han sido destruidas por la junta militar, y la persecución y represión de sospechosos de disidencia continúa a gran escala, sin que ni el ejército logre hacerse con el control del país, ni la insurgencia sea capaz de reunir suficientes fuerzas bélicas, armamento y apoyo externo para poder hacer frente en condiciones de igualdad al gobierno central. Es decir, el conflicto está enquistado.

En Birmania, como en Ucrania, es urgente el alto el fuego, el inicio de conversaciones entre todas las partes en conflicto, el abandono de las instituciones por parte del ejército, la desmilitarización de todas las facciones, empezando por las propias fuerzas armadas, y la refundación de una sociedad que no esté basada en la violencia, en la imposición de unas instancias sobre otras y que reconozca los derechos de toda minoría nacional, étnica o religiosa, incluyendo el derecho al autogobierno y a la autodeterminación. Solo así podrá haber paz y reconciliación en aquel atribulado país.

Por un mundo sin guerras, sin negocio de armas, por un mundo en Paz.

Elx, 24 de junio de 2023.


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