
Grup Antimilitarista Tortuga
Este día 24 de agosto se cumple un año y seis meses del inicio de la guerra de Ucrania, luctuoso hecho que nos convoca en esta plaza cada día 24 de mes para pedir el final de las acciones bélicas e instar a las partes enfrentadas a resolver sus diferencias mediante el diálogo.
No obstante, como bien sabemos, la de Ucrania no es la única guerra que asola a la humanidad. Queremos aprovechar estas convocatorias para, además de pedir la paz para Ucrania, recordar otros escenarios igualmente destructores de la vida y dignidad humana y la naturaleza.
Hoy vamos a hablar brevemente sobre lo que queremos llamar «la guerra en la frontera Sur».
No todas las guerras se libran con tanques, misiles balísticos y cazabombarderos. Existen en el planeta diferentes conflictos sociopolíticos que, en lugar de ser abordados buscando el bien de la humanidad, se afrontan con violencia institucional de diferentes tipos y grados. En algunos casos estos programas violentos desarrollados por las autoridades de unos y otros estados terminan por ser mucho más mortíferos que algunas de las guerras llamadas «convencionales».
En este caso nos queremos referir al conflicto que sufren grandes masas poblacionales de carácter civil que emigran de sus países huyendo del hambre, la pobreza, la emergencia climática y la guerra y, a las puertas del mundo rico al que ansían llegar, encuentran muros, vallas fronterizas, patrulleras navales, cuerpos policiales con armamento antidisturbios y otros muchos obstáculos que les cierran el paso. Esta situación se da a lo largo de todas las fronteras del planeta que separan -grosso modo- los países del primer mundo de sus vecinos «en desarrollo», o del mundo «empobrecido». Para enfocar más vamos a referirnos a la cruenta y criminal guerra que el estado español junto a la Unión Europea libra contra estas personas en las costas del Sur de la Península Ibérica, en Ceuta y Melilla y en las Islas Canarias.
Hablamos de seres humanos que abandonan su tierra, su vida, su familia e invierten todos sus ahorros en un peligroso e incierto viaje que ha de llevarles a una vida mejor. En su gran mayoría, como decimos, se trata de personas que huyen de situaciones de pobreza extrema o de conflictos armados en sus países. No hace falta recordar, porque lo hemos venido relatando los meses anteriores cuando abordábamos diferentes conflictos, la enorme y directa responsabilidad que los estados de Europa y sus empresas multinacionales tienen en que las cosas sean así en aquellos lugares.
Pero, en lugar de asumir dichas responsabilidades, la política de los expoliadores es cerrar a cal y canto la puerta a las personas migrantes. Aunque ello suponga la muerte directa de muchísimas de ellas. Una ONG europea contabilizó casi 6.000 personas migrantes fallecidas ante las orillas de la UE entre 2021 y 2022. Desde 2014 se contabilizan casi 30.000 muertes oficiales. Oficiales, atentas, porque la cifra real y desconocida es mucho mayor. Hombres, mujeres y niños que mueren ahogados en el Mediterráneo y el Atlántico español, convertidos en auténticos cementerios marinos, víctimas de las políticas policiales y militares de acoso y freno a la inmigración por vía marítima.
El llamado «Dispositivo FRONTEX», de la Unión Europea, un gigantesco despliegue de sistemas de rastreo y vigilancia, así como de intercepción y detención de personas migrantes, del que España forma parte destacada, es responsable directo de gran parte de todas esas muertes. Hay que destacar que todos estos operativos han generado un impresionante negocio para la industria armamentística, la cual, cómo no, no deja de alentar estas políticas migratorias fuertemente represivas.
Mientras tanto, sin olvidarnos de la totalidad de las víctimas, seguimos recordando especialmente y llorando a las 15 personas que en febrero de 2014 murieron ahogadas bajo las balas de goma de la gurdia civil mientras nadaban en busca de una vida mejor en la playa del Tarajal, en Ceuta. También a los 37 migrantes fallecidos en junio de 2022 ante la valla fronteriza de Melilla, apaleados por los agentes policiales de Marruecos con la colaboración de la policía nacional española. Nadie ha sido juzgado por estas muertes, que quedan impunes, y ningún político ha pedido perdón por ellas. Como podemos constatar, en este planeta que habitamos, no todas las vidas humanas tienen el mismo valor.
En la frontera Sur de España y la Unión Europea, como en Ucrania, es urgente el cese de la represión violenta sobre las personas que tratan de llegar a nuestras costas huyendo de la guerra y la miseria que los propios países ricos hemos generado en sus lugares de origen. Es necesario cambiar las políticas migratorias bélicas por acciones de solidaridad y de acogida. Es importante actuar sobre las causas que generan las crisis que impulsan a las personas a abandonar su tierra. Nadie debería verse obligada a abandonar su país por necesidades económicas o de otro signo.
Por un mundo sin guerras, sin negocio de armas, un mundo solidario y acogedor; por un mundo en Paz.
Elx, 24 de agosto de 2023.
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