Grup Antimilitarista Tortuga

Este día 24 de enero se cumple un año y once meses del inicio de la guerra de Ucrania, luctuoso hecho que nos convoca en esta plaza cada día 24 de mes para pedir el final de las acciones bélicas e instar a las partes enfrentadas a resolver sus diferencias mediante el diálogo.

No obstante, como bien sabemos, la de Ucrania (o la de Palestina) no es la única guerra que asola a la humanidad. Queremos aprovechar estas convocatorias para, además de pedir la paz para Ucrania y Palestina, recordar otros escenarios igualmente destructores de la vida y dignidad humana y la naturaleza, que no se suelen nombrar en los medios de comunicación.

Hoy vamos a hablar brevemente sobre la guerra de Filipinas. Esta larga guerra, también llamada «conflicto moro», nombre que se da a los musulmanes de allí, tiene su origen en la discriminación sufrida por la minoritaria población musulmana, radicada en los archipiélagos del Sur del país y, concretamente, en la isla de Mindanao. Los musulmanes filipinos siempre ansiaron su independencia y, para tratar de obtenerla, se opusieron militarmente a las autoridades coloniales españolas ya en el siglo XIX, así como, posteriormente, a los ocupantes estadounidenses y, después, llegando a nuestros días, a los sucesivos gobiernos de Manila.

En los años 70 del siglo XX se funda el Frente Moro de Liberación Nacional, una guerrilla que tenía como objetivo la independencia de las zonas musulmanas del país y que, inmediatamente, inicia combates con el estado central en pos de sus objetivos. A lo largo de todo el sangriento conflicto que se desencadena y que llega a nuestros días, este agente armado sufre la escisión del Frente Islámico de Liberación Mora y, en los años 90, de la organización yihadista Abu Sayyaf, vinculada a Al Qaeda y al Estado Islámico, que es la que a día de hoy permanece más activa.

Durante estos 50 años han sido constantes los combates, que han causando miles de muertos y millones de desplazados. Han sido habituales, por parte de todos los agentes armados, métodos terroristas tales como secuestros masivos y ejecuciones extrajudiciales, masacres de civiles y el empleo de bombas en nucleos urbanos. Es particularmente cruel en el uso de estos métodos la facción yihadista Abu Sayyaf, denunciada incluso por los otros dos grupos rebeldes a causa de sus crímenes de lesa humanidad.

En varias ocasiones, algunas de las facciones insurgentes, logrando el control de algunos territorios, han llegado a proclamar la independencia de una república islámica, la cual no ha sido reconocida por ningún país del mundo. Sin embargo, en los años 80, bajo las presidencias de Corazón Aquino y Fidel Ramos, hubo un periodo sin acción armada, con conversaciones de paz y se produjo el reconocimiento de la autonomía de la región de Mindanao. Posteriores gobiernos filipinos abandonaron esta senda y la guerra resurgió con toda su intensidad.

A día de hoy la situación es la siguiente: el Frente Islámico de Liberación Mora firmó la paz y se autodisolvió, el ejército filipino casi llegó a derrotar militarmente al Frente Moro de Liberación Nacional, que ya solo opera mediante pequeñas partidas armadas y atentados terroristas en ciudades, mientras que los yihadistas de Abu Sayyaf, permanecen activos y organizados manteniendo abierto el conflicto en toda su crudeza.

En Filipinas, como en Ucrania y Palestina, es urgente el cese de toda acción bélica, así como retomar las conversaciones de Paz que tan fructíferas fueron en el pasado. Es necesario un diálogo sincero y respetuoso con todas las sensibilidades nacionales y culturales que dé paso a procesos democráticos en los que la minoría musulmana de Filipinas pueda expresarse y elegir libremente su futuro.

Por un mundo sin guerras, con tolerancia, entendimiento, empatía y cooperación entre personas, pueblos, étnias, religiones y culturas. Con respeto al medio ambiente. Por un mundo en Paz.


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