
Este día 24 de febrero se cumplen dos años del inicio de la guerra de Ucrania, hecho que nos convoca en esta plaza cada día 24 de mes para pedir el final de las acciones bélicas e instar a las partes enfrentadas a resolver sus diferencias mediante el diálogo.
No obstante, como bien sabemos, la de Ucrania (o la de Palestina) no es la única guerra que asola a la humanidad. Queremos aprovechar estas convocatorias para, además de pedir la paz para Ucrania y Palestina, recordar otros escenarios igualmente destructores de la vida y dignidad humana y la naturaleza, que no se suelen nombrar en los medios de comunicación.
Hoy vamos a hablar brevemente sobre la guerra del Sáhara Occidental.
El conflicto arranca en 1975, con la llamada Marcha Verde. Unos 300.000 marroquíes, instados por su gobierno, avanzan sobre el territorio saharaui provocando la retirada de las tropas coloniales españolas y la firma del Acuerdo Tripartito de Madrid, en el que España, traicionando su promesa a la población saharaui de convocar un referendum de autodeterminación, cede el territorio a Marruecos y Mauritania. El país mauritano, posteriormente, renunció a su sector del reparto, que acabó siendo ocupado por Marruecos.
Es en este momento cuando se inician las operaciones bélicas entre el ejército de Marruecos y la organización independista saharaui, existente desde 1973, que se denomina Frente Polisario. El ejército marroquí bombardeó con napalm y fósforo blanco las principales poblaciones saharauis. Eso provocó la huída del territorio de la mitad de su población, la cual se refugió en Mauritania y Argelia, especialmente en la región de Tinduf, donde casi 200.000 personas viven desde entonces en campamentos sostenidos por la solidaridad internacional. Marruecos, así, logró controlar toda la franja occidental del Sáhara, la más próxima a la costa, que repobĺó con colonos venidos del norte, haciendo que la población saharaui que quedó en ese territorio sea hoy apenas un 20% de total y esté fuertemente reprimida. Posteriormente, construyó un muro a lo largo de toda la frontera del territorio ocupado para separar ambas entidades políticas y dificultar las operaciones militares del polisario.
Durante todo este tiempo se han mantenido las hostilidades bélicas. La ONU ha emitido varias resoluciones que instan a resolver el conflicto, hoy enquistado, mediante un referéndum de autodeterminación. Dicha consulta democrática ha sido siempre boicoteada por Marruecos, que cuenta con el apoyo de EEUU e Israel, que reconocen su soberanía sobre todo el Sahara Occidental. Soberanía también reconocida en los últimos tiempos por Alemania e -ignominiosamente- por el gobierno español de PSOE y Unidas Podemos. Por su parte, la autoproclamada República Árabe Saharaui Democrática (RASD), reconocida por más de ochenta países, recibe el firme apoyo de Argelia.
A partir de 2020, el conflicto se ha recrudecido después de que Marruecos rompiera el último alto el fuego. Hoy día las operaciones bélicas se suceden sin presencia mediática en los informativos españoles, a quienes no parece interesarles lo más mínimo, y sin que haya posibilidad de verificar lo que realmente está ocurriendo, a causa de la falta total de fuentes informantes neutrales y objetivas.
En el Sáhara Occidental, como en Ucrania y Palestina, es urgente el cese de toda acción bélica, la desmilitarización del territorio a ambos lados del muro, el cese de la política expansionista marroquí y de su feroz represión de la población civil, y el inicio de conversaciones sinceras y honestas que permitan establecer un censo justo para realizar el anhelado referéndum de autodeterminación que decida el futuro político del territorio.
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