
Este día 24 de abril se cumplen dos años y un mes del inicio de la guerra de Ucrania, hecho que nos convoca cada día 24 de mes para pedir el final de las acciones bélicas e instar a las partes enfrentadas a resolver sus diferencias mediante el diálogo.
No obstante, como bien sabemos, la de Ucrania y la de Palestina no son las únicas guerras que asolan a la humanidad. Queremos aprovechar estas convocatorias para recordar otros escenarios igualmente destructores de la vida y dignidad humana y la naturaleza, que no se suelen nombrar en los medios de comunicación.
Hoy vamos a hablar brevemente sobre la guerra de Burkina Faso.
Burkina Faso, antiguamente denominada Alto Volta, es un pequeño país africano situado al Sur de la región del Sahel. Como el resto de los países de esa zona que, más o menos, se corresponde con el desierto del Sáhara, padece los problemas heredados de la antigua colonización por parte de Francia: división inducida entre étnias y grupos religiosos, generación de élites locales al servicio de la potencia ocupante y expolio total de las materias primas y recursos. Aunque estos países son hoy repúblicas independientes, la problemática colonial persiste y la antigua potencia continúa expoliando recursos mediante sus empresas multinacionales y mantiene tropas estacionadas por toda la zona que forman parte activa de los conflictos bélicos que asolan la práctica totalidad de estos países.
Este problema regional, centrado en Burkina Faso se concreta en un largo conflicto bélico entre la insurgencia de base islamista y el gobierno central. El conflicto en su fase actual se inicia en 2015, después de que Blaise Compaoré, un presidente que había sido más benévolo con la población islámica que los antiguos ocupantes franceses, es derrocado. A partir de entonces, diversas facciones yihadistas vinculadas a Al Qaeda, Estado Islámico y de carácter local, a menudo en guerra entre ellas mismas, disputan el poder territorial a los diferentes gobiernos del país, que a día de hoy solo controlan un 60% del territorio nacional.
Esta guerra, como suele ocurrir en la zona, tiene una base de conflicto entre diversas étnias y otra de carácter religioso. De tal forma, los sucesivos gobiernos, normalmente encabezados por militares surgidos de golpes de estado, pertenecen a étnias del sur del país que no son de religión musulmana. Este tipo de enfrentamiento provoca crueles matanzas y limpiezas étnicas. Es corriente que los grupos insurgentes realicen atentados terroristas en las ciudades del sur del país, que ataquen aldeas realizando asesinatos en masa, violaciones y secuestros, que golpeen escuelas, hospitales, etc. En respuesta, el gobierno central, con el apoyo de las tropas francesas y, últimamente de la empresa rusa de mercenarios Wagner, que ha sustituido al contingente francés en la mayoría de los países del Sahel, así como de grupos paramilitares de autodefensa, también realiza matanzas indiscriminadas de población musulmana, especialmente de la étnia fulani, a quien se acusa de apoyar a los movimientos yihadistas y que, por ello, podría estar sufriendo un genocidio en Burkina Faso. Esta actuación gubernamental, a su vez, retroalimenta el conflicto y nutre de voluntarios las tropas insurgentes.
Es incalculable el número de muertes de esta guerra, de violaciones y de destrucción de propiedades e infraestructuras. Se calcula que unos dos millones de personas, más de un diez por ciento de la población del país, viven desplazadas de sus hogares.
En Burkina Faso, como en Ucrania y Palestina, y en todo el Sahel, es urgente el cese de toda acción bélica y el inicio de conversaciones que puedan lograr una paz permanente que dé paso a un amplio proceso de diálogo, en el que verdaderos representantes populares de todos los grupos étnicos y religiosos, sin ningún tipo de ingerencia extranjera, puedan decidir y diseñar el tipo de sociedad en que desean vivir.
Por un mundo sin guerras, con tolerancia, entendimiento, empatía y cooperación entre personas, pueblos, étnias, religiones y culturas. Con respeto al medio ambiente. Por un mundo en Paz.
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