Tomado de Kaosenlared

La porra está decidida, es estratégica.

No es una situación que se le haya ido de las manos a la policía valenciana pues desde el sábado pasado la violencia policial no ha hecho más que crecer hasta llegar a los extremos de ayer imposibles de justificar siquiera por los palmeros habituales de cualquier exceso policial. Imaginemos qué diríamos si de un país tropical nos llegaran las imágenes que estamos viendo de Valencia: el Régimen golpea violentamente y detiene a decenas de disidentes, muchos menores de edad, por pedir condiciones dignas en la escuela.

La porra está decidida y lo explicaba ayer Cristina Cifuentes, la delegada del gobierno en Madrid. Si durante los días que siguieron al 15-M ella hubiera sido delegada del gobierno habría entrado a disolver. Uno quiere creer que es una bravuconada pues en Sol había miles y miles de personas ocupando por completo la plaza y una operación violenta de la policía habría supuesto avalanchas peligrosísimas. De hecho fue la policía expulsando en la madrugada del 17 de mayo a los acampados la que convocó a los miles y miles de personas que tomamos Sol como lugar de encuentro. Si lo que dice Cifuentes es que habría disuelto cuando había poca gente, está describiendo lo que de hecho se hizo; si dice que disolvería con los miles de personas que abarrotaron la plaza es una irresponsable descomunal. En cualquier caso, Cifuentes presume de porra y nada más llegar se estrenó con un aviso a navegantes reprimiendo a porrazos el movimiento yo no pago contra la carestía (y la estafa) del transporte público madrileño.

Desde que empezó el 15-M la no violencia ha sido estratégica y el mejor argumento para defenderla ha sido “es lo que ellos querrían“. La porra forma parte de su solución final a la crisis porque han renunciado a convencernos de que sus recetas forman parte de un aparato científico matemático (imposible de creer ya, dado que los graves están yendo para arriba) sino que de lo que se trata es de que está claro quién manda aquí. No se trata de llevar razón sino de calmar a los mercados. El correlato ciudadano a esa lógica económica es que no se trata de si tienes derecho o no, sino de que en la calle hay un señor con una porra que la aplicará arbitrariamente. Obedece a los que mandan, que mejor te irá.

No sé qué respuesta habrá en la calle a la violencia policial por la que apuesta el Gobierno. Sería una estupidez responder también con violencia, que es lo que necesita la estrategia de la porra para justificar retroactivamente lo inaceptable. La propia estrategia de la porra demuestra que para el poder es inexplicable la resistencia no violenta y que necesitan una disidencia más estigmatizable. Pero antes que las estupideces lo que hay que evitar que cunda es el miedo. Entre un porrazo cuya marca se va en unos días y cuya dignidad no se borra nunca y acabar a toda velocidad con nuestro futuro y el de nuestros hijos, ¿qué nos da más miedo?

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