
Anuncia el Ministro Morenés que el ejército español deja Afganistán, salvo “dos docenas” de militares que se quedarán en Kabul “asesorando al gobierno Afgano”.
Mucho ha tardado el ejército de salir de ese escenario donde hacemos (de momento) la guerra y a partir de ahora asesoraremos para que la hagan otros (en parte en defensa de “nuestros” intereses).
Y nuestra intervención militar en Afganistán, ¿ha mejorado la situación política de Afganistán?, ¿ha mejorado su índice de desarrollo humano?, ¿se ha beneficiado de algún modo la sociedad de allí? ¿Cuántos afganos deambulan por el mundo desplazados por la guerra? No parece que estas preguntas tengan una respuesta tangible favorable a la intervención militar, si atendemos a los indicadores más usualmente difundidos.
Si hacemos caso de Wikipedia
Afganistán es considerado el país más peligroso para las mujeres. Además de la pobreza y la corrupción, Afganistán es el país más peligroso donde pueda vivir una mujer si se toman en cuenta los factores salud, violencia sexual y no sexual, violencia doméstica y discriminación económica. El índice de mortalidad materna es de 1 cada 11 partos, el 87% de las mujeres son analfabetas y hasta el 80% padecen matrimonios forzados. Las mujeres no tienen acceso a los médicos, a recursos financieros ni libertad para elegir pareja.17 Según una encuesta realizada por la Thomson Reuters Foundation en 2011 y el International Rescue Committee, las mujeres corren mayor peligro por la falta de acceso a la medicina y la violencia de sus congéneres que por las bombas y las hostilidades que continúan. La violación no está penada por la ley.18
Y si hacemos caso de UNICEF en sus múltiples estadísticas de indicadores básicos, la situación no puede ser más lamenatable, lo mismo que ocurre si miramos la opinión de Amnistía Internacional sobre la vigencia de los derechos humanos, por poner solo ejemplos que a la mayoría de la gente no le parecerán tendenciosos.
A este estado de desgobierno y de despropósito hemos colaborado militarmente con unos 18.000 efectivos que han ido pasando por allí a lo largo de los años (en realidad 14 largos e innecesarios años) y un mínimo de 3.700 millones de euros.
3.700 millones de euros tirados a la basura para que los Afganos sigan igual de mal y no hayan encontrado ninguna de las promesas con las que se pretendió legitimar la invasión militar. ¿Qué objetivos del milenio habría podido ayudar a conseguir la cooperación y la solidaridad española de haber invertido estos 3.700 millones no en guerra, sino en desarrollo? ¿Qué país sería Afganistán si sumamos al inmoral gasto militar de la tropa española el de los otros ejércitos invasores que han operado u operan en la zona?
No es cuestión de sueño, sino de realidad. Impedir el desarrollo justo de los pueblos e imponer el estado de guerra generalizado para beneficio propio cuesta una pasta y el dolor que genera es tan lejano que la sociedad ni se inquieta con ello.
A lo mejor necesitamos una foto del vivir diario de los sitios arrasados por la intervención militar para que la sociedad saque los colores a nuestros nefastos gobernantes.
Somos así, sin foto no movemos el culo.
Fuente: http://www.utopiacontagiosa.org/2015/09/14/la-presencia-militar-en-afganistan-toca-a-su-fin-para-que-ha-servido/