Desde los grupos de apoyo a objetores israelíes se comunica, con fecha de 21 de Julio de 2004, el éxito de una campaña de presión, así como nuevos problemas. Más información: www.refuz.org.il.
Finalmente se ha aprobado que los objetores Adam Maor, Matan Kaminer, Haggai Matar, Shimri Zameret y Noam Bahat sean liberados el 15 de Septiembre. Aunque la reducción de la sentencia es inferior a la que legalmente corresponde a estas personas, los grupos agradecen el esfuerzo de todas las personas que han secundado la campaña de apoyo, contribuyendo “indudablemente” a esta decisión; sin embargo, sigue siendo necesario mantener una campaña contra la carga que para la juventud supone el ejército israelí.
Aprovechan para recordar el caso de Daniel Tsal, de 19 años, quien, a
pesar de haber pasado 90 días en prisión y saber las dificultades que le
esperan, continua rechazando alistarse.
Tsal nació en Nueva York, pero ha pasado la mayor parte de su vida en
Israel. Hijo de una artista y un profesor de psicología, explicó su
rechazo a alistarse en una carta al ministro de Defensa, a la que
pertenecen los siguientes fragmentos:
“He meditado durante medio año sobre mi decisión de no alistarme, con
muchas vacilaciones y una conciencia creciente de que ninguna decisión
podría aspirar a la perfección, pero sí a ser tan buena como lo permite
la complicada coyuntura de mi país… Con este paso no intento subvertir
los fundamentos genuinos de la democracia… Es un paso necesario porque
los principios de “la única democracia de Oriente Medio” resultan vacíos
de sentido a consecuencia del atropello de los derechos de más de tres
millones de personas…
Cuando hace dos años recibí un primer llamamiento sobre mi incorporación
a filas, no me plantee rechazarla… Es hace un año cuando adquirí una
comprensión solida sobre la naturaleza de la ocupación israelí sobre
Palestina, su impacto sobre las dos naciones involucradas, y el sistema
militar como algo que rompe con los valores de tolerancia que me
inculcaron mis padres… Haber visitado los territorios ocupados como
voluntario de una organización de cooperación entre jóvenes israelíes y
palestinos…, ser testigo de las rutinas diarias de la ocupación, me
hizo ser consciente de que no vivo en un país civilizado que afronta una
guerra legítima contra el enemigo, sino en un país que implanta la
segregación étnica, cuidando de los derechos de unos mientras priva a
otros de los más fundamentales.
Cuando vi en la aduana a un muchacho recién salido del instituto
llamando al siguiente de la fila y diciendole condescendientemente que
abriera su equipaje, percibí la verdad de la ocupación: muchachos de
diecinueve años implantando su dominio sobre toda una población,
hombres, mujeres y niños.
Los crímenes de los que había oído hablar de vez en cuando, sobre cómo
un soldado había hecho esto o lo otro, no eran otra cosa que la
consecuencia inevitable de la ocupación… El soldado de dieciocho años
que tiene poder absoluto para decidir cómo y a quien registra, el mismo
que apunta su rifle sobre una población indefensa, constituye el
principal crimen, el crimen de estado ante el que protesto.
… alimentado por los medios de comunicación, durante mucho tiempo no
he entendido la conexión entre la ocupación e Israel, la gravedad de las
acciones que mi país lleva a cabo contra la población palestina, que la
mayoría de los palestinos solo conoce una vida llena de alambradas,
máquinas demoledoras, destrucción de cultivos, humillaciones y
asesinatos.
… ¿Qué hace que un joven se plantee asesinarme a mi, un israelí,
llegando a autoinmolarse para ello? Este joven todavía tenía una larga
vida por delante. Pero mientras a mi me queda una larga vida en la que
viajar, enamorarme, aprender, él no tiene ninguna esperanza. Es una vida
de sufrimiento diario. Una vida bajo la ocupación.
No pretendo justificar actos como los atentados suicidas. Llamo a
reflexionar sobre su existencia, a intentar entender cómo pueden ser
posibles, a intentar entender las razones del gran odio que suscitamos
entre la población de Palestina.
… El ultimo verano visité dos aldeas palestinas, siendo testigo de un
espectáculo aterrador, totalmente inhumano. Las casas estaban
destrozadas, y los niños jugaban con la basura a la que las maquinas
demoledoras del ejército israelí habían reducido los hogares… En la
primera aldea que visité, cinco personas habían sido asesinadas por el
ejército sin razón, entre ellas un muchacho de 13 años y la madre de
siete chicas. Cuando me estaba alojando, hoy repentinamente gritos en el
exterior. Eran montones de niños buscando refugio, subiendo a los
tejados… Su miedo lo causaba la sola presencia de un jeep del ejército
de Israel, lo que mostró el influjo de la ocupación en la vida cotidiana
de los palestinos.
Asumo que el estado de Israel no conceda tanta importancia a la sangre
palestina como a la israelí. Pero ahora somos todos nosotros los que no
concedemos ninguna importancia a la sangre palestina. Ni el gobierno, ni
los soldados, ni la mayoría de la opinión pública, conceden ninguna
importancia a la sangre palestina.
En tanto nosotros, como nación ocupante, asumimos una gran
responsabilidad sobre miles de vidas de palestinos a las que no damos
importancia, la salida para la población palestina es evidente. ¿Cuánta
sangre ha sido derramada y cuanta responsabilidad me cabe a mi, como
ciudadano, en esta sangría?
… Soy incapaz de prestar servicios a un sistema que sirve para la
opresión de otra nación. La obligación moral de rechazar estos crímenes
supera mi obligación ciudadana de servir al ejército. Estoy obligado a
anteponer los valores en los que me he educado -los de la democracia-
frente a los del actual gobierno. Estoy obligado a velar para que los
valores que he aprendido de los libros escolares armonicen con la
realidad en la que vivo.
Zeev Sternhall escribió en un artículo: “Nuestra cultura ha sido, y
sigue siendo en muchos aspectos, una cultura de rebaño. La necesidad
instintiva de los israelíes de formar parte de la sociedad, ser uno más
de la pandilla, la necesidad de aceptar sin reflexión las normas del
grupo de referencia, por destructivas que puedan llegar a ser, configura
un patrón habitual de conducta”. Al llegar a este punto, solo puedo
confiar en mi mismo. No puedo aceptar irreflexivamente incorporarme al
ejército tan sólo porque la sociedad estime que es lo correcto. Hemos
visto en el pasado actos aun más horribles que la ocupación, cometidos
por gobiernos con la aprobación de la sociedad. Esto no los hacia
legítimos.
Por supuesto, dejar de servir en el ejército no me libera de
responsabilidad o culpa por lo que ocurre en la actualidad. Pero el
ejército es el principal instrumento para mantener una odiosa ocupación.
Y ahora estoy siendo llamado para formar parte de él. Cualquier función
militar -sea en los territorios ocupados, sea en oficinas burocráticas
de Tel Aviv-, significa complicidad con el crimen”.
Información enviada a Infomoc por el MOC Valladolid.