Dedicado a Rafael Narbona por remover conciencias

«Yo pisaré las calles nuevamente de lo que fue Santiago ensangrentada… «. Así cantaba Pablo Milanés al referirse al Chile dominado por Pinochet. Y sí, este genial cantautor volvió a caminar por aquel asfalto tan lleno de sangre y tan vacío de pisadas desaparecidas. Pero el criminal murió en su cama. Como lo hacen casi todos.

Mientras nosotros, los humanos del “mundo libre”, creemos los sistemas totalitarios circunscritos a los libros de historia o a la pantalla del televisor sintiéndonos a salvo en el espacio y en el tiempo. Un error.

Las dictaduras se ajustan maquiavelicamente al momento, al lugar y a la conciencia social de los ciudadanos. Ningún estadista utilizará las armas para gobernar despóticamente si las urnas le confieren potestad para hacerlo. No es necesario que
los «pacos» circulen para imponer su orden, basta con plasmarlo en una Carta
aparentemente democrática y con establecer los mecanismos para que nada sustancial
cambie. Hay un pequeño espacio para la protesta, autorizada y controlada, es cierto,
pero son acciones calculadas que en definitiva legitiman al poder al hacernos creer
que de él emana una supuesta libertad que no es tal.

Rafael Narbona, profesor y escritor, rebelde y realista, dice así: «La resistencia
tiene a veces el color de la sangre, pero no hay otra alternativa para los que
anhelan ardientemente la libertad y la dignidad». La pregunta es si pensamos que aún
no han abusado lo suficiente de nosotros y nos sentimos capaces de humillarnos
todavía más, o si la cobardía y el miedo a perder las ambiciones que en nosotros
alimentan pero que jamás satisfarán, nos anulan hasta el punto de convertirnos en
cortesanos harapientos y lamebotas a cambio de tres monedas y condenando a que
nuestros hijos lo hagan mañana por dos.

Llegan las elecciones y la historia se repetirá. En esta versión moderna del Pacto
de El Pardo, los Cánovas y Sagasta de turno seguirán alternándose en el poder. Esta
vez toca que el Pueblo aúpe a los conservadores, perdón: a los más conservadores
todavía. Y parece no importar que su gestión alimente a quienes nos han convertido
en pordioseros. Resulta estremecedor que los ciudadanos víctima de estas hidras al
amparo de los gobiernos, entreguen los cuchillos a sus verdugos y agachen la cabeza
para facilitar su degüello.

Esperanza Aguirre llamó camorrista y pendenciero al movimiento 15M. Tal vez sea el
momento de reinventar esa rebeldía de pancarta y empezar a dar razones a la
Presidenta para que se le hiele su falsa sonrisa y comience a tragar saliva ante el
temor de que se derrumbe su amado sistema. No, no hay camorra ni pendencia Señora
Condesa consorte, es la búsqueda de una justicia e igualdad reales. Y sólo falta que
nos sacudamos el yugo de la mansedumbre impuesto por su domesticación para ocupar
bancos, gasolineras, Ayuntamientos, Parlamentos de Comunidad o el Congreso. Sin
violencia, por supuesto, que de ponerla ya se encargan ustedes. Tal vez así nuestra
indignación deje de hacerles tanta gracia y las dictaduras no mueran de viejas,
tampoco las encubiertas. O eso, o a seguir diciendo que llueve mientras nos orinan
encima.

Julio Ortega Fraile