Llevamos algunos años con sobre información por parte de los medios de comunicación de algunos eventos de la Semana Santa en los que se alaba la participación de militares. Especialmente ocurre en Málaga con el desembarco de la Legión y el traslado del Cristo de Mena. El telediario de ayer, Jueves de la Cena y Día de Amor Fraterno, la televisión pública comenzaba las noticias con la ocupación hotelera y continuó con las imágenes del desembarco de los legionarios y su cánticos del cuplé «El novio de la muerte». Del acuerdo con Marruecos sobre el Sáhara, silencio total. Hay que decir, por contra, que en la segunda cadena de TVE pudimos ver un reportaje, Pasión y Gloria, sobre diferentes rituales de Semana Santa realizado con gusto.

Suelen justificar el nexo religioso – militar de estas fiestas con argumentos basados en la tradición, cuando sabemos que el término «tradición» funciona como un comodín y es utilizado al antojo de los poderes. De hecho, la participación de la Legión en Málaga ni es tan antigua ni tradicional. Otra cuestión es que de tanto divulgarla y comentarla se haya vuelto para la ciudad en un reclamo para el turismo. De hecho, muchos malagueños, los hosteleros principalmente, hablan de la congregación de Mena no como un hecho religioso sino económico y turístico. Últimamente, tampoco hay un año sin la presencia mediática de Banderas que no falta al desembarco.

En varias ocasiones hemos comentado que las «semanas santas» de nuestros pueblos y ciudades son muy diferentes. Se debe, en gran medida, a que en torno a ellas se producen fenómenos sociales y culturales muy locales que solo tienen sentido en ese lugar. Así pues, el caso de Málaga hay que entenderlo en el contexto de una ciudad andaluza ligada a la Armada por su situación próxima a África (guerras), controlada por una alta burguesía aristocrática y con enormes barriadas populares siempre empobrecidas. Curiosamente, en su Semana Santa, de alguna manera, participan y compiten estos dos bloques sociales a través de sus cofradías y rituales procesionarios.

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No viene mal, al intervenir la Legión, que conozcamos de qué hablamos cuando hablamos de La Legión. No voy a repetir lo que los historiadores ya han dicho sobre su crueldad en las guerras de África, de la represión en Asturias en el 34 o en la Guerra Civil. Solo que hubiera sido deseable que la reforma del ejército en la Transición (Narcís Serra) hubiera contemplado su supresión ya que su conservación era un desfase para la democratización de las Fuerzas Armadas. Se optó, quizás para no molestar a algunos militares, por su reforma. Gran error. Ahí siguen reproduciendo un mensaje bélico, de exaltación de la muerte y haciendo un espectáculo que cuenta con una gran difusión por los medios de comunicación.

Como decíamos, la participación del ejército en las procesiones tiene su historia y no fue siempre como nos la presentan. Durante la República los desfiles religiosos fueron muy cuestionadas y en la Transición hubo también protestas por la presencia del ejército en la ciudad malagueña. Incluso sectores de la Iglesia no veían bien que el Jesús de la paz y del amor fuera escoltado por militares con enormes fusiles y cantando himnos de la muerte y de la violencia.

Si hacemos un esquemático repaso de la historia reciente de Málaga nos encontramos que los monárquicos, la alta burguesía malagueña y mandos del ejército africanista formaron una alianza para someter al incipiente proletariado, a los jornaleros y, en general, al republicanismo. La durísima represión durante la Guerra Civil, los bombardeos de la Cóndor y el castigo de Queipo del Llano a la población izquierdosa tuvo su continuidad con el franquismo que renovó la alianza entre el palio y las guerreras militares. Hay numerosos reportajes fotográficos en las que se observa en las procesiones a las más altas autoridades militares, hechos miembros de honor de las cofradías, a la jerarquía religiosa y a la gente, supuestamente, de bien. De la mano de Millán Astray nacía la cofradía de Caballeros Mutilados, Franco era elegido presidente de honor de las cofradías y en los años cuarenta se esculpe el Cristo de Mena que es trasladado en un buque de la Armada, algo que antes no era así.

Por otro lado, el interés de la burguesía malagueña, de hacer de la ciudad un espacio turístico no viene de ahora. En estos momentos, quizás, están ya sufriendo las consecuencias, pero hace tiempo que quisieron utilizar la Semana Santa como reclamo turístico. El clima, la gastronomía, el colorido cofrade, la música, los santos, el puerto o la Legión fueron desde siempre recursos para atraer turistas y, desde hace unos años, exportar tercios legionarios para dar marcialidad a otras ciudades y procesiones. Como hemos dicho, hay una parte del clero que ve en las procesiones militarizadas un anacronismo injusticable, pero otra parte lo asume con placer y colabora en la promoción de este modelo urbano procesional y turístico.

Que se incumpla la Constitución y se obvíe la legislación sobre la participación de las FF. AA. en actos religiosos no importa a algunos partidos políticos que tanto exhiben la Carta cuando les interesa. En el programa Espejo Público de Antena 3, el mismo alcalde de Málaga echaba hoy en cara al gobierno que ningún miembro asistiera al desembarco de Mena. El delegado no era suficiente. En estos tiempos tan convulsos lo que está bien parece que está mal. La música militar nunca me hizo levantar.

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