
Las generalizaciones siempre acarrean injusticias y pido perdón por ello, pero creo que las fiestas populares de la Semana Santa, con sus procesiones y demás parafernalia, nada tienen que ver con el mensaje original de un humilde carpintero de Nazareth.
Desde luego no tiene ningún sentido que en España haya poco menos que unos cuantos miles de católicos practicantes, de los que comulgan con las directrices del magisterio de la Iglesia, y luego haya millones de fervorosos penitentes cada Semana Santa frunciendo el ceño en señal de apostólica penitencia en todos los rincones de la piel de toro.
La liturgia de la pasión, muerte y resurrección de Jesús en el interior de las Iglesias se vive con fervor y devoción. Personas mayores y algunos jóvenes viven con intensidad los días pascuales y oran en comunidad celebrando la liturgia de la palabra con hondo sentimiento religioso. El folklore popular que se vive en las calles es estético, curioso, popular, y hasta, en algún caso, emocionante, pero desde luego, no tiene, a mi juicio, ningún sentido trancendente ni cristiano.
La mayoría de los participantes en las procesiones no practican y los anticlericales que sí creen en Dios, pero no en la Iglesia (la mayoría) se equivocan de Dios.
Jesús de Nazareth fue una persona humilde y sencilla que transmitió un mensaje de austeridad y desprendimiento, poco que ver con la imagineria popular de recargamiento y suntuosidad de los tronos y de las vestimentas doradas de las vírgenes. Jesús habló de la discreción en el ayuno y la penitencia «que tu mano derecha no sepa lo que hace la izquierda», nada que ver con el desfile de costaleros a cara descubierta desfilando su dolor de corbata entre los conocidos del pueblo. Jesús habló de paz y amor y de poner la otra mejilla, tampoco nada que ver con los legionarios que con sus fusiles (armas de matar) le escoltan por las calles…
Jesús habló de la Iglesia de los pobres y los pobres tienen vetada su entrada en Santa María, un cartel advierte de la decencia en el vestir para acceder al templo. La Basílica de Santa María, sede principal de nuestra Semana Santa, donde todos los pasos quieren morir. «Al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios»
La Semana Santa es pagana
Jesus fue pobre en necesidades, pero rico en creatividades, y sobre todo en despertar la rica alegría compartida. Abundancia frugal, que no escasez de miras.
Su riqueza espiritual y emocional fué, además, fuente de vívida libertad respecto a la esclavitud del pecado del desamor, y también de la escasez artificiosa, que los sistemas artífices de la abundancia escasa y el boato infligen a las gentes. Particularmente beneficiados son los que financian la guerra, perpetúan el conflicto y los estados burócratas. Zelotes, fariseos, romanos, y cortesanos se comían corderos mientras celebraban el confuso banquete del conflicto del que todos vivían, mientras otros mansos les alimentaban con sus sacrificios y sus privaciones.
Castas odiosas, que no dudaron en confabularse ante la Verdad de la abundancia compartida, mensaje del Mumi auténtico que todo lo da y nada toma para sí.
Ya quisiéramos muchos tenerlo así de claro, a eso aspiramos en el camino.
Con frecuencia, jugamos a dos bandas, servimos a dos señores, disociamos nuestras manos, ejercemos nuestras coherencias, a Dios rogamos y con el mazo damos.
Pero Jesús es coherencia, unidad y voluntad, esperanza y caridad.
Por un lado criticamos y por otro nos beneficiamos. Nuestras críticas pueden mejorar, pero no miremos la paja y olvidemos la viga..¿haz lo que yo te diga pero no lo que yo haga?.
La pobreza no la hace un pantalón. Quizá un pantalón si que te puede empobrecer, sobre todo si tiene «bujeros» en los bolsillos.
Para unos es decoro y para otros decoración. Para unos barroco y para otros barroquía. Unos visten y otros revisten. Alzar la vista, pasar revista.
Cabras o cabreados. Legionarios y legionellas.
Creo que Jesús nos dice muchas cosas, y nuestra comprensión es interpretadora e interpretable. Mas miremos compasión y misericordia, pues sino todo parecerá frío y contradictorio. Metanoia arde, paranoia quema.