
Ese círculo «virtuoso» de la ceguera, propio del desarrollo del régimen industrial y de la inevitable gestión de las catástrofes que provoca, es lo que motivó a algunos para afirmar que hemos pasado «de la servidumbre voluntaria útil a unos pocos a la necesidad de servidumbre útil a todos».
Tal vez hace falta entender bien el sentido de la fórmula. Lo que significa es que cuando la sociedad aceptó el desarrollo de la industria nuclear, aceptó el mundo que implica: gestión de los desechos nucleares durante centenares, incluso millares de años, lo cual implica un alto nivel tecnológico y el delegar de forma permanente el poder de decisión y control a los expertos; gestión de las crisis nucleares
que tiene como único objeto asegurar la estabilidad social a cambio de una sumisión consentida u obtenida por la fuerza (la militarización de la sociedad es una constante
en los Planes de Emergencia Nuclear).
En resumen, la sociedad aceptó un mundo prisionero de su propia desmesura.
De esa manera, «la tecnología pesada impone su reproducción como necesidad para la supervivencia de las sociedades, sin que éstas tengan la posibilidad de debatirlo
o de considerar la eventualidad de otras vías civilizatorias». 6
Con tal perspectiva, es fácil adivinar lo que queda de la libertad de los hombres y de las mujeres, e igualmente de la democracia (sea cual sea la opinión que tenemos de ella).
6.- Roger Belbéoch. La sociedad nuclear, Chernoblues. Editado por Malapata Ediciones y Biblioteca Social Hermanos Quwero, 2011.