Creo que puedo empezar por esta historia por el final aunque todavía esté por llegar: todo acabará en una pequeña multa. Ese será el colofón de lo acontecido en la Plaza de Toros de Alhaurín El Grande (Málaga) y aún tendremos que dar las gracias, porque si las imágenes no hubiesen llegado a una cadena de televisión, el miserable episodio se habría cerrado, una vez más, con la impunidad para sus autores.

Quiero antes de nada expresar mi gratitud a Antonio Moreno, Presidente del CACMA (Colectivo Andaluz contra el Maltrato Animal), por tener la valentía y el estómago de grabar los hechos sobreponiéndose a la repugnancia y al dolor que le suscitaron las dantescas escenas de las que fue testigo obligado para obtener el documento gráfico. Él también hubiese deseado torcer la cabeza, pero no lo hizo.

Y he aquí lo sucedido durante los festejos patronales en la localidad malagueña: varias vaquillas fueron llevadas a la arena se supone que para ser recortadas por
unos cuantos mozos, pero la crueldad alcanzó el paroxismo cuando una de ellas fue
linchada a golpes y patadas en una demostración de violencia tan salvaje, que
llegaron a partir el cuello del desdichado animal. En buena parte los miserables
verduguillos estaban borrachos, una circunstancia habitual en este País durante las
torturas festivas de animales.

Habrá denuncia, por supuesto que la habrá, pero todos sabemos que en el mejor de los
casos se saldará con una sanción económica, como ya ocurrió en el reciente caso de
la burrita violada con un palo y asesinada por unos falsos quintos en Torreorgaz, o
tal vez ni eso, y el juez de turno absuelva a los imputados siguiendo el degenerado
ejemplo del que exoneró de toda responsabilidad y pena al “Matagatos de Talavera”.
¿Es esa la Justicia que nos piden y hasta exigen que respetemos?

¿Pero qué necesita esta Sociedad egoísta e indolente ante la brutalidad cotidiana de
algunos psicópatas embrutecidos y cobardes para reaccionar?, ¿qué le hace falta a
los responsables de legislar para prohibir totalmente estos actos y castigar sin
ambages a aquellos que los perpetran? No es diversión, no es cultura, no es arte ni
tradición. Son crímenes y la permisividad con su comisión, está enseñando a nuestros
hijos que esos son comportamientos lícitos y lúdicos. En la Plaza de Alhaurín había
niños, ¿dónde está ahora la defensa del menor? Y no sirve hablar de excepciones,
mientras los animales sigan siendo los protagonistas principales de los festejos
populares, continuará habiendo sangre y cadáveres.

Confieso que ya me da lo mismo que a los autores les impongan 6000 euros de multa o
que se vayan a casa con una reprimenda. Sólo merecen ser encarcelados, pero eso es
demasiado pedir, sobre todo en un País en el que matar a patadas a un perro no es
más que una falta leve y para mayor vergüenza, hacerle lo mismo a una vaquilla es
una gracieta organizada y anunciada, el pasatiempo de unos jóvenes celebrando las
fiestas del pueblo a menudo con su alcalde delante. Qué vomitiva esta España
primitiva.

Julio Ortega Fraile

VIGO (Pontevedra)