
Hablar de labores, es hablar del modo de vida y sustento de nuestra familia. En unas participé y en otras aprendí mirando. He aquí las principales:
Esquilar
Las ovejas se esquilaban una vez al año. Mi tío Ángel era un especialista.
Hacer chorizos
Después de la matanza y aprovechando las tripas del cerdo. Toda una ceremonia. Se colgaban en la cocina para el secado. Para mí hacían dos o tres pequeñitos, “los pitarros de Carlitos».
Hacer fideos
Mi tío Cándido inventó una máquina para hacerlos. Era una labor de ingeniería. También fabricó una máquina de escribir, un sello con su firma (de allí copié yo la que ahora utilizo) y varias imágenes, todo tallando la madera. Era un portento. También se hacía jabón aprovechando sus ideas, y el proceso de fabricación de fideos era un espectáculo para todos.
Hacer el pan
Cuando quedaban un par de hogazas, se amasaba y se encendía el horno. La levadura se la prestaban los vecinos unos a otros. A veces metían en el horno para mí, un bollito con trocitos de chorizo dentro. ¡Cuánto me querían mi abuela y mis tías!
Hilar
En los días de lluvia o fríos, mi abuela y mi tía hilaban la lana en las ruecas que tenían, para luego hacer madejas y finalmente tejer con agujas las distintas prendas,
Hacer zapatos
Mi abuelo Vicente, que también era muy habilidoso, hacía los zapatos con madera y cuero, sobre todo botas, abarcas y madreñas. A mí me hizo “unos cholos” para el agua y el frío. ¡Gracias abuelo!
Pelar hoja
Todos íbamos alguna vez a pelar hoja, que junto con el salvado servía de alimento para los cerdos y las ovejas. Normalmente íbamos a la”Viciella” por estar más cerca de casa. Allí una vez con mi tío Ismael, tuve una experiencia para mí deliciosa: debajo de los carrascos y bajo una ligera llovizna, hicimos una fogata y junto a un mozo del pueblo que estaba por allí, cuidando de tres ovejas, asamos cuatro patatas y charlamos amigablemente mientras oíamos la lluvia repicar en las hojas del carrascal.
Arrancar cepas
Iban a “Velilla” y traían un carro de cepas. Era un trabajo ingrato y costaba mucho arrancarlas, pero luego se amontonaban al lado del corral y bajo cubierto y ya teníamos lumbre para todo el año.
Hacer adobes
Siempre pensé o, cuando estudiaba Historia Antigua en la Universidad lo intuí, que mucho antes de la época medieval, y por el camino que viene de “Velilla”, llegó al pueblo para establecerse al resguardo de la Sierra, alguna tribu celta. Las primeras construcciones circulares, los techos de paja, la piedra, la pizarra… Para mí son vestigios, que unidos a sueños y visiones de jóvenes rubias y de ojos azules que me parece ver en lo alto de la Sierra y en los valles de “Velilla”, me hacen pensar también que eso yo ya lo he vivido antes.
Los primitivos habitantes de Justel, hasta llegar a la generación de mis padres, vivieron de la autarquía y vivían de la Naturaleza y de sus propias manos. Por tanto aprendieron a hacer adobes con los que construir las primeras chozas, corrales y antiguas viviendas a las que poco a poco fueron añadiendo la piedra y la pizarra. Fui alguna vez con mi abuelo y mi tío Ángel a la era, para ver como hacían los bloques de barro y paja que luego secaban al sol, los adobes.
Interior de una cuadra. Nótense las vigas de madera irregular y el tejado de pizarra
Hacer cestos
Los cestos eran necesarios para meter la hoja, las patatas, la ropa etc. Mi abuelo Vicente (alguna vez también vi a mi padre y también a mis tíos), los hacían con mimbre. Al lado de la gran charca que había por encima de la carretera, para poder ablandar las varas de mimbre y luego poder entretejerlas. Además de cestos, se hacían grandes canastas para la vendimia.
La vendimia
Por Septiembre. Las viñas estaban algo alejadas del pueblo y cada vez que íbamos pasábamos allí todo el día. Se llevaban las canastas en la carreta y se traían llenas. Había tres clases de uva, a mí la que más me gustaba era la roja-azulada. ¡Cuántos racimos corté! ¡Cuántos comí! ¡Qué bien me lo pasaba vendimiando y qué placer pisar luego la uva y ver cómo iba saliendo por debajo el chorrito de vino!
El vino de mi abuelo salía siempre muy bueno y servía para todo el año, el de mi tío Ángel siempre era un poco más ácido. A veces íbamos con Pentes o Ramiro a la bodega, que estaba en “Vaseyo”. a probar una jarrita para ver cómo iba madurando.
Regar
Al final aprendí manejando la azada, a cortar terrones grandes y de un tajo, como hacía mi tío Ismael, para desviar el agua que venía de “Velilla” o de “Adraos” y poder regar alguna tierra.
Cerquita de la casa, frente a la fuente, teníamos un pequeño huerto en el que se sembraban cebollas, ajos, lechuga y pimientos, además de fréjoles y algunos tomates. Era rectangular, se entraba por una puertecita baja de madera y junto a sus paredes de piedra, mi tía y mi abuela habían plantado rosales, hortensias y alguna otra flor. Cuando florecían estaban preciosas. Mi tía Adelina transplantó alguna al corral de casa y aquella zona estaba muy bonita así adornada.
El huerto se regaba aprovechando el agua que salía de la fuente.
Sulfatar
El bicho o “coca de la patata” era una plaga. Las grandes hojas verdes de la planta, a veces estaban materialmente ocupadas en su totalidad por él.
Iba con mis tíos a sulfatar y veía como “el veneno” de la regadera o del artilugio que se colgaban a la espalda, era eficaz contra la plaga. Al día siguiente ya apenas se veían.
Arrancar patatas
Cesto y azada. Cavar, remover la tierra y recoger. Alguna vez lo hice en el huerto o en las tierras. Las patatas de mis abuelos eran parte de su alimentación básica y además de excelente calidad.
Arar
“Todo el que pone su mano en el arado y echa su vista atrás, no es digno de Mí” dice el Señor. Mí tía Adelina, dirigiendo su vista al frente y con una gran fuerza, dominaba el arado a la perfección y era capaz de trazar unos surcos perfectos.
Había bastantes tierras para arar y la labor, según decían, era muy dura.
Campos de labor de Justel en la actualidad
Sembrar
Creo que solo fui una vez con mi abuelo Vicente y me dediqué a buscar nidos por los alrededores, mientras él sembraba. De todas formas resultaba interesente ver como esparcía las semillas.
Segar la hierba
Nunca quise coger la guadaña, me daba miedo aquel instrumento y además me recordaba la estampa de la muerte, que en algún sitio había visto. Mi tío Ángel lo hacía muy bien, lo mismo que el resto de la familia, cuando estaba segando prados cerca de la”Viciella”
Segar el trigo
Con mi abuela iba a llevar la comida a los diferentes lugares donde se segaba el trigo y el centeno. Allí procurábamos buscar una sombra todos no obstante íbamos protegidos con sombreros de paja para comer. La primera vez que segué, me quedaba muy atrás en el surco que me había correspondido, la segunda ya avanzaba más rápido y en la tercera me corté con la hoz en el dedo meñique de la mano izquierda cuya cicatriz conservo como recuerdo de aquel día y ya no quise más siega.