ANTONIO JESUS GARCÍA HERNÁNDEZ (*)

Últimamente se han escuchado en la televisión dos noticias seguidas sobre personas que padecen esquizofrenia. Estas noticias hablaban de un chico que tiraba basura por la ventana y de una mujer que asustaba a los niños de su edificio. Las noticias tenían una clara tendencia peyorativa hacia estas personas, y en general hacia todo el colectivo de personas con esquizofrenia. Pero, lo que no se hizo en ellas fue analizar las razones de estas situaciones.

Lo que se suele hacer es unir esquizofrenia con violencia y se dice que las personas que la padecen son bombas de relojería. Esto es un tópico en el que caen con frecuencia los medios de comunicación. Este tópico nos perjudica y nos impulsa a apocoparnos en nosotros mismos en lugar de defendernos. En realidad los miedosos somos nosotros, tememos cómo va a reaccionar la gente cuando se entera de nuestra enfermedad, e incluso aunque no se enteren, en ocasiones tenemos miedo de las muchedumbres, porque nos sentimos acorralados, pensamos que nos persiguen, nos insultan, que leen nuestros pensamientos. Estos temores hacen que nos aislemos, que nos resguardemos en nuestro mundo. Estas son nuestras limitaciones reales. Sin embargo, hay personas «normales» que desarrollan una inusitada violencia hacia los que le rodean y que pasan desapercibidos.

Mientras que lo visible son los tópicos, nuestras limitaciones reales son invisibles ante la sociedad. Muchas veces nos tratan como si fuésemos vagos o ineptos. Sin embargo, es el desequilibrio de algunas sustancias del cerebro lo que no es adecuado. A veces, nuestro padecimiento se produce en la adolescencia y esto nos dificulta poder incorporarnos a la sociedad con normalidad. Nuestro reto, como personas que padecemos esquizofrenia, es afrontar estas dificultades, nuestras limitaciones «invisibles». Nuestras ganas de hacer cosas, de trabajar, no difieren en nada de las de una persona «normal» pero sí que tenemos dificultades para desarrollarnos como personas. Por ello, aunque nuestros problemas nos los tenemos que solucionar nosotros, necesitamos apoyos y oportunidades para desempeñar un trabajo o una actividad que nos realice como personas.

El trato personal que recibimos influye en nuestro ánimo, influye en si nos aislamos del mundo o nos relacionamos con otras personas. No es fácil abrirse a los demás porque la sociedad está equivocada con respecto a lo que nos pasa. Por ello, como personas afectadas estamos en contra de la estigmatización que padecemos. Cuando nos clasifican como grupo y cuando nos atribuyen los tópicos que nos suelen atribuir lo que hacen es deprimirnos y desmejorar las facultades que tenemos.
Por ello, creemos que en lugar de escribir sobre tópicos es necesario apoyar al «chico que tiraba la basura» o a la «mujer que asustaba a los niños». Son personas que están solas, que no tienen facilidad para comunicar sus dificultades y que tienen derecho a recibir un tratamiento adecuado a sus necesidades. Las personas que padecemos esquizofrenia tenemos un alto riesgo de exclusión social en todos los ámbitos, en el educativo, en el laboral, en la relación con los amigos y esto nos conduce a una situación de soledad y de pobreza. Al no disponer de medios de subsistencia, como mucho, pasamos a depender de una pensión no contributiva de 300 euros mensuales. El darnos la oportunidad de recibir la ayuda que necesitamos no es por caridad, sino por nuestro derecho como ciudadanos.

(*) Firman también este artículo Purificación Pol Yanguas y Maribel Picó en representación del Grupo de Apoyo a la Esquizofrenia

Diario Información

One thought on “Las dos caras de la esquizofrenia: sensacionalismo y realidad”
  1. Las dos caras de la esquizofrenia: sensacionalismo y realidad
    Durante tres años disfruté al convivir con cinco hombres jovenes, enriquesedores.
    Pacientes de antecedentes esquizofrenicos.
    Me sentí inundado de explosiones de vida necesitada de direccion.Mientras cuidabamos los animales, o el huerto, O de paseo por el campo abierto. Núnca brotó una crisis tan grande como para no ser capeada entre todos. Yo era el monitor de actividades y hoy soy un amigo. Enhorabuena por vuestra labor de concienzacion. Adelante.

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