FERNANDO LUIS SOLER FERRÁNDEZ

Las fiestas de Elche, La Festa, el Misteri, la Mare de DéuÉ Días de celebraciones, de alegría, jolgorio y devoción. Días de vernos todos, de estar juntos. Forma parte de nuestro ser y estar de ilicitanos. Pero hubo un año, hace ahora justo dos siglos de ello, en que nuestras Fiestas y nuestra Festa condicionaron en parte el desarrollo de la mayor tragedia de la vida civil de Elche en su historia. En los primeros días de agosto de 1811 una epidemia de fiebre amarilla asoló la ciudad y produjo tal mortandad que redujo su población a la mitad.

La fiebre amarilla, el vómito negro, como se le conocía también, vino de ultramar unos años antes, en una embarcación procedente de las Américas, de Baltimore. Llegó a Cádiz, desde donde se fue extendiendo a Málaga y a otras ciudades del sur, hasta llegar a Cartagena. Eran además años convulsos, en plena guerra de la Independencia, y en la ciudad naval había un regimiento de voluntarios catalanes que volvían a su tierra. Siendo zona afectada por la fiebre amarilla, el Gobernador Militar de Alicante les prohibió hacer escala en esa ciudad por lo que vinieron a Elche, donde se les acogió. Era el 3 de agosto y se les instaló en la calle de Nuestra Señora del Remedio, en el Barrio de Sarabia.

Un médico de la época, don Diego Navarro, dio la primera voz de alarma, avisando que, al venir de zona contagiada, era peligrosa la acogida del regimiento. Dos días después fallecieron un oficial y un soldado, por lo que el doctor Navarro convocó a la Junta de Sanidad y a las autoridades locales, indicando que la ciudad debía aislarse para evitar la propagación de la epidemia. Ni la Junta ni las autoridades locales lo vieron conveniente, sobre todo porque venían las fiestas de Elche y La Festa. Cabe recordar que de siempre las fiestas locales no solo eran para la diversión sino también para las transacciones comerciales, llegando a las ciudades feriantes y festeros. Haber acordonado la ciudad suponía un problema político, social y económico de primer orden para la época, por tanto se obvió la noticia y las fiestas se desarrollaron con normalidad.

Pero justo recién coronada la Mare de Déu, empezó la tragedia. El 16 de agosto el doctor Navarro comentó de la existencia de trece casos diagnosticados, lo que fue corroborado por médicos de otras ciudades que vinieron a consulta a Elche. Poco a poco empezaron a producirse de manera seguida muertes y llegó un momento en el que a las autoridades no les quedo mas remedio que dar la voz de alarma y acordonar la ciudad. A lo largo de los siguientes meses los muertos se contabilizaron por cientos diarios, más de 400 en un día de septiembre.
Obligó a improvisar en el extrarradio de la ciudad grandes zanjas para habilitarlas como fosas comunes, dando origen al actual Cementerio Viejo, del que por tanto ahora también cumplimos su segundo centenario. Fallecieron abnegadamente todos los médicos de la ciudad, todo el cuerpo eclesiástico; monjes, curas, frailesÉ Juristas, alguaciles, oficiales del Ayuntamiento y todos los presos que se excarcelaron para ayudar como enterradores improvisados.

A finales de noviembre la fiebre remitió y se contabilizaron oficialmente casi nueve mil muertos. Al no tener control sobre los fallecidos en las pedanías, se estima que cerca de 11.000 fueron las víctimas de la fiebre amarilla.

En enero, en Santa María, se celebró el solemne «Te Deum». Sobre una ciudad que un año antes tenía poco más de 20.000 habitantes, más de la mitad de la misma habían muerto dejando Elche diezmada.

Lo terrible de este periodo aun se ve reflejado en nuestros días. Si consultamos los registros del Archivo Municipal las listas de fallecidos están llenas de apellidos de Elche, Agulló, Sempere, Irles, Vicente, TaríÉ En recuerdo de todo aquello y del sacrificio del colectivo médico que sabiendo a lo que se exponían dieron de manera abnegada su vida al servicio de la población, en el pasado FacoElche inauguramos el «Hilo del tiempo», un monumento alegórico de la artista María Jesús Soler. Ubicado en la Plaza del Doctor López Orozco, es una manera de hacer perdurar el recuerdo de tanta dolor y tanto sacrificio, la mayor tragedia civil de la historia de Elche.

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