
En resumidas cuentas, tenemos que aceptar que estamos solos, que ninguna ley de la historia, ninguna deidad redentora, ningún automatismo benéfico, ningún poder extrahumano, ninguna crisis general, sea medioambiental, económica o de otro tipo, nos va a redimir. O lo hacemos nosotros solos y con nuestras exclusivas fuerzas, o quedará sin hacer por toda la eternidad.
En segundo lugar debemos admitir lo que expone con contundencia G. Bernanos, “las revoluciones se preparan en las conciencias. Es la idea revolucionaria la que hace las revoluciones” pues, añade, éstas son una “explosión de las fuerzas espirituales”, lo cual es exacto con una sola condición, que la idea revolucionaria proviene de un examen riguroso,
sistemático e imparcial de la realidad, no de quimeras, ensoñaciones,
suposiciones o meras exposiciones de deseos.
Eso por un lado, por otro
aquélla ha de resultar de lo que Simone Weil denomina “la voluntad del
bien”, y no del ansia de beneficio, mejora material o disfrute. Por tanto
la revolución posible y deseable es aquella que se apoya en las fuerzas del espíritu, confía en la verdad y combate por el bien, y no otra. Si todo ello
crece y crece, podría llegar a superar, desbordar y vencer a la formación
estatal, constituyendo un tipo de existencia humana, social e individual
netamente superior a la actual. A la vez, cada uno de los interesados en la
revolución civilizante ha de emprender un camino personal de perfeccionamiento
espiritual y somático lo antes posible.
Se ha de insistir en lo expuesto porque, en ultima instancia, todo depende
de la valía concreta de los seres humanos y de las relaciones que se
estatuyan entre ellos, y porque lo que hace dramática a la situación actual
no es el calentamiento global, el desplome de la fertilidad de los suelos o
el deterioro de la capa de ozono, sino el derrumbamiento múltiple y total
de la calidad –virtud dirían los antiguos– del sujeto medio, pues esto
es lo que, por un lado, está creando las nocividades peores y, por otro,
constituye el obstáculo principal para salir de la actual situación.
Texto tomado del libro de Félix Rodrigo Mora “La Democracia y el Triunfo del Estado: Esbozo de una revolución democrática, axiológica y civilizadora” (Ed. Manuscritos).