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Como si se tratara de una maldición, este departamento no deja de recibir duros embates por cuenta de la naturaleza, la coca y los grupos armados ilegales.
Desde la crisis social a finales del año pasado, causada por el colapso de las pirámides, Nariño no ha dejado de recibir golpes que recuerdan las maldiciones bíblicas que cayeron sobre el pueblo egipcio. Estas son las siete plagas que azotan al departamento:
1. Pirámides
En Nariño nadie olvida las palabras que el presidente Álvaro Uribe pronunció en Ipiales, en uno de sus habituales consejos comunitarios, el sábado 13 de septiembre de 2008. El mandatario fue claro al advertir sobre las pirámides, pero sus palabras llegaron tarde. Para esa fecha el departamento estaba minado por captadoras ilegales y las autoridades estimaban que al menos el 80 por ciento de los 1,6 millones de habitantes había invertido en ellas. En efecto, sólo por cuenta de Drfe, creada por el pastuso Carlos Alfredo Suárez, había 27 sucursales, de las cuales 22 estaban en Pasto. La famosa DMG tenía dos agencias y la Policía había detectado otras 15 de diverso origen. El brote inversionista tomó tales proporciones que los comerciantes y los sectores agrario e industrial se quejaban por falta de mano de obra. Nadie quería trabajar, pues todos aspiraban a vivir de la rentabilidad de sus ahorros en las pirámides.
Cuando la burbuja estalló en noviembre pasado, dejó por lo menos 100.000 afectados y alrededor de 500.000 millones de pesos embolatados, sólo para el caso de Drfe.
2. Coca
Es considerada la maldición del departamento. Llegó a comienzos de 2000, cuando la presión de las autoridades hizo que los cultivos existentes en Meta, Caquetá y Putumayo fueran trasladados hacia el suroccidente colombiano. Geográficamente Nariño reúne las condiciones perfectas para alojar a miles de raspachines, a los laboratorios y a los grupos armados ilegales que manejan el negocio. El cultivo creció tanto, que siete años después la región se convirtió en la primera en número de hectáreas sembradas con coca. De acuerdo con el informe que presentó la Oficina de Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (Undoc), en 2007 el departamento tenía el 21 por ciento de las 99.000 hectáreas sembradas con coca en el país. O sea 20.259 hectáreas, seguida por Putumayo con 14.853 y Cauca con 4.168.
3. Farc
La llegada de las Farc coincidió con el traslado de los cultivos de coca y obedeció a una estrategia territorial y de retaguardia tras verse acosadas por las AUC. No tardaron en darse cuenta de que controlar el negocio de la coca era lo más rentable para sus propósitos. De esa tarea se encargaron el frente 29 y las columnas Daniel Aldana y Mariscal Sucre que, se calcula, tienen un millar de subversivos en sus filas. Degradados por el narcotráfico, las Farc aceptaron la semana pasada haber masacrado ocho indígenas (se cree que son 17) de la etnia awá, a quienes señalaron de ser informantes del Ejército. Ya habían perpetrado actos de barbarie semejante a finales de 2008, cuando asesinaron a cuatro maestros de esa comunidad con el mismo pretexto. Por culpa de las Farc, Nariño hoy ocupa el décimo puesto entre los departamentos con mayor número de víctimas por minas antipersona. Según la Vicepresidencia, de los 64 municipios, 23 están minados y hasta 2008 se contabilizaban 335 personas afectadas. Muchos de ellos niños.
4. Nueva Generación, Águilas Negras y Rastrojos
Los nariñenses, especialmente aquellos que habitan en el piedemonte costero y en límites con Cauca, enfrentan hoy ese coctel perverso. Esos grupos armados llegaron a la región atraídos por la coca. Tienen el mismo propósito: controlar el territorio para garantizar el cultivo, procesamiento y tráfico del alcaloide, el cual es llevado a las costas del Pacífico y de ahí enviado hacia Centroamérica hasta llegar a Estados Unidos. Tras la desmovilización de los paras del Frente Libertadores del Sur en 2005, que pertenecían al Bloque Central Bolívar de las AUC, quedaron reductos que se rearmaron y crearon las llamadas Autodefensas Nueva Generación y Águilas Negras. A ese dúo se sumaron Los Rastrojos, mercenarios al servicio del capo Wilber Varela, alias ‘Jabón’, asesinado en Venezuela en enero de 2008. Estos últimos quedaron al mando de Luis Enrique Calle Serna, alias ‘Comba’, quien se alió con el ELN para sacar a las Farc de la zona. Por cuenta de esa disputa territorial Nariño registra altos índices de desplazamiento. Sólo para 2008 sumaron 22.445 personas que abandonaron sus viviendas, y es la décima región con mayor número de casos. El acumulado es de 93.481 desarraigados, según cifras de Acción Social.
5. Tumaco, la bomba social
Las cifras de homicidios hablan por sí solas. Desde 2005 y hasta 2008 esta localidad de 160.000 habitantes no ha sido superada como la más violenta de Nariño, Su tasa de asesinatos es de 157,5 por cada 100.000 habitantes, (en 2008 registró un total de 235) mientras la media nacional es de 36,2. Un informe del Observatorio Departamental del Delito encontró que más del 90 por ciento de las víctimas de Tumaco son hombres jóvenes entre los 15 y 34 años de edad y el 66 por ciento de esos crímenes ocurre en la zona rural. En ese municipio se mezclan de una manera compleja narcotráfico, grupos armados ilegales y pobreza. Este puerto sobre las aguas del Pacífico se convirtió en zona de embarque de la droga, gracias a la cantidad de ríos que desembocan en sus costas. De hecho, en sus selvas se han encontrado astilleros donde se construyen semisumergibles para transportarla.
6. Emergencia invernal
La ola invernal que afecta a Nariño hizo que se solicitara la declaratoria de calamidad pública en el departamento. El desbordamiento del río Mira y el aumento del caudal de otros, afectó a por lo menos 40.000 personas que viven en media docena de pueblos. Tumaco sufre el caso más grave con 32.000 damnificados, 247 casas arrasadas, 26 desaparecidos, mientras se teme un saldo de 12 muertos. Sumado a ello, colapsaron los acueductos en municipios como Barbacoas, Roberto Payán, Olaya Herrera, Ipiales, Cuaspud y Cumbal. «Es la primera vez que el invierno afecta al mismo tiempo a pueblos de la Costa y la zona andina de Nariño», resumió el problema Lina Dorado, de la oficina Regional de Prevención y Desastres.
7. El volcán Galeras
Este león dormido ha rugido ocho veces en los últimos cuatro años y cada vez que lo hace Nariño se estremece. La erupción del pasado viernes 20 de febrero obligó a declarar la alerta roja en la zona de amenaza del Galeras, que abarca 8.000 hectáreas a la redonda. El gobierno local tiene dispuestos nueve albergues temporales para recibir a los campesinos, pero estos se niegan a abandonar sus casas y fincas, en un exceso de confianza que puede terminar en calamidad. Por eso en estas circunstancias muchos se preguntan dónde están los 170.000 millones de pesos que el gobierno destinó desde la emergencia en 2005 para un plan de reubicación y reasentamiento. Al respecto Fabio Calvache, coordinador del denominado Proceso Galeras, en Pasto, explicó que el proyecto se encuentra en etapa de «estudios técnicos» y calcula que en los próximos meses se podrá avanzar en la compra de predios. Ojalá haya tiempo y esos recursos no terminen invertidos en ataúdes.