
Un texto remarcable (…) es “La organización del desgobierno” de A. Nieto. Comienza exponiendo que «sin Administración no hay gobierno posible», ya que «sin Administración la voluntad política se reduce a un simple deseo, puesto que aquélla es el único instrumento que permite pasar del dicho al hecho», asunto de mayor trascendencia que la que le otorga Nieto, pues pone en entredicho el carácter no solo «democrático» sino incluso «representativo» del régimen vigente.
Advierte además sobre el régimen de suculentos privilegios materiales en que viven los altos cargos de la administración del Estado que son, apunta con mordacidad, «los mejores clientes de los restaurantes de lujo». El aparato funcionarial es tan poderoso que los políticos elegidos por las masas no-libres solo poseen, según aquel autor, «la titularidad formal» del poder, siendo la titularidad real patrimonio de los altos cuerpos funcionariales, culminando con la aserción
que sigue: «(el alto funcionario) no se limita a ejecutar las ordenes del ministerio, sino que
interviene de una manera tan profunda en la toma de decisiones y en su ejecución que con toda
propiedad puede hablarse, en efecto, de una usurpación clandestina de poder», concluyendo que
«las decisiones se elaboran por la burocracia»; verdad de incalculable significación.
En caso de
conflicto entre el gobierno y el aparato funcionarial, añade, siempre es el primero el que ha de
ceder, asunto que quita toda la razón a quienes !todavía! creen que el logro de la mayoría parlamentaria
y del gobierno en las urnas no-libres puede servir para introducir modificaciones más o menos
importantes en el estado de cosas vigente.
En relación con ello, una frase digna de ser reflexionada
es esta: «sobre el Poder se ha escrito mucho y con poca fortuna, dado que quienes de veras conocen
sus arcanos los silencian profundamente y quienes pretenden analizarlos son observadores ajenos,
que se limitan a teorizar sobre un fenómeno que, en el fondo, desconocen». Desde luego, es trágico
que la desatentada especialización social contemporánea haga que quienes poseen saberes prácticos
no escriban, y que quienes escriben, por lo general, carecen de conocimiento directo, esto es,
verdadero y complejo, de la materia tratada. Otra obra de A. Nieto de contenido sugerente es “El
desgobierno judicial”.
(…)
El sistema político “representativo” en vigor, al ser una competencia
despiadada entre partidos y entre individuos hambrientos de poder por
hacerse con puestos de mando, establece una rotación bastante rápida de
los integrantes del gobierno, de tal modo que éstos cambian cada pocos
años e incluso cada pocos meses, a veces. En esas condiciones, es casi imposible
establecer los fines estratégicos y los medios para alcanzarlos en
el conjunto de la acción gobernante y en el particular de cada ministerio.
Los políticos profesionales (que, no se olvide, son un cuerpo más, aunque
peculiar, de altos funcionarios del Estado) van y vienen, pero los altos funcionarios
permanecen. Ello invita a considerar que son éstos, como agentes
inamovibles e inelegibles, quienes establecen las metas estratégicas así
como los objetivos de cada coyuntura y los medios para conseguirlos, a
los que los profesionales políticos se suman posteriormente, aportando
poco más que matices y giros verbales, conforme a la formación política a
la que pertenezcan.
Texto tomado del libro de Félix Rodrigo Mora “La Democracia y el Triunfo del Estado: Esbozo de una revolución democrática, axiológica y civilizadora” (Ed. Manuscritos)