
Gomez Orts
El espectáculo
Título: ‘Utopía’.
Autor: Leo Bassi.
Duración: Más de dos horas.
Lugar: Gran Teatro (Elx).
Aforo: Lleno.
El público le dedicó una atronadora ovación puesto en pie.A lo largo de más de dos horas ininterrumpidas -cuando se anunció hora y media de duración-, Leo Bassi se echó la manta a la espalda y no dejó títere con cabeza en su espectáculo Utopía. Particularmente en lo referente a la derecha y a la Iglesia, con especial dedicación al Papa, al que tomó y retomó en varias ocasiones, haciéndole blanco de sus críticas. El público, que llenaba el Gran teatro, lo pasó en grande, aunque es de suponer que algunos integrantes del PP no lo pasarían muy bien que digamos, por cuanto sus críticas más crudas y reiterativas fueron para la derecha.
Y no escondió sus preferencias, declarándose de izquierdas, gran bandera roja que enarbolaría casi al final de espectáculo, aunque también se acordó de Zapatero al que calificó como «un buen chico pero no muy eficaz», pero dedicando sus piropos con amplia disertación a José María Aznar. Particularmente con el comentario de uno de sus libros que aconsejó leer a la gente de izquierda «pero que no lo compren», sin olvidarse de su mujer Ana Botella.
Le dio un buen repaso a los banqueros, tanto norteamericanos como españoles, en este último caso con la representación de Botín, al que puso a parir, así como a Berlusconi «que viene a ser un Jesús Gil multiplicado por Aznar». Al presidente de los Estados Unidos «al blanco, no al negro», y dentro del denso apartado dedicado a la Iglesia y al Papa, no faltó el tema del aborto, mostrando su voto favorable «incluso después del nacimiento si es hijo de facha».
De payaso
Se declaró homosexual aunque también incluyó todas las demás denominaciones relacionadas con el sexo, y para demostrarlo se fue desvistiendo hasta quedar con una ligera y transparente malla sobre la que a continuación se colocó el traje de payaso con un canto a los grandes clowns del mundo incluyendo su familia, especial dedicación al gorro y procediendo a pintarse el rostro de blanco en escena. Dejó bien patente que la declaración más política del espectáculo era vestirse de payaso, y como demostración su habilidad de equilibrista cómico y un final apoteósico con el disparo de un cañón de confetis, un enorme patito hinchable y además jugando al engaño con fuego.
Un trabajo agotador llevado a cabo con extraordinaria vehemencia, con fases en las que dejaba patente su grado filosófico sin pelos en la lengua hasta llegar a un extremo que jamás habíamos escuchado en escena tocando lo intocable con auténtico desparpajo. Como premio, una atronadora ovación
La Verdad