Aprovecho las páginas de Tortuga para hacer un pequeño homenaje al recientemente fallecido Iván Zulueta. Todas las necrológicas le pintan de director excéntrico y raro, incluyendo en ese punto su película comercial Arrebato; la verdad es que rara sí que lo era, pero sólo porque era –y es- rarísimo encontrar en el cine español una película con tan buen y tan profesional acabado como Arrebato. Una película donde hay montaje –y no simple sucesión de planos-, hay guión cinematográfico –y no una sucesión de chistes escolares-, hay imagen Y sonido – y no una obra de teatro vista más de cerca que en un teatro normal-.

Pero más allá de Arrebato, lo más interesante de las obras de Zulueta es su disposición a sacar partido de los medios que tiene a su alcance. En los tiempos en que trabajaba para Televisión Española, Zulueta era capaz de hacer un magnifico acompañamiento visual para una canción sin más medios que una bolsa de basura –lo vi gracias a la programación especial del cincuenta aniversario de TV española, aunque no recuerdo cuál era la canción: juntas ellas y las imágenes de la bolsa, me parecieron casi la mejor adaptación jamás filmada de Un mundo feliz, de Huxley. Para la mayor parte de los directores, el único partido que se puede sacar de sus medios técnicos es el de un rotulador gordo, Zulueta nos recuerda, en comparación, que en esos medios técnicos se encierra toda una paleta de distintas clases de pinturas.

Aquí os dejo un enlace a su extraordinario cortometraje Leo es pardo -rescatado gracias a Youtube-, y la trascripción de dos textos de la época: una entrevista que se publicó en el número 75 (agosto-septiembre 1980) de la revista Dirigido por…, con motivo del estreno de Arrebato, y la crítica que Julio Pérez Perucha publicó en Contracampo -ésta última, gracias a Tránsito, que trae otros artículos interesantes-. Las dos son a la vez documentos interesantes de aquellos años.

ENTREVISTA CON IVÁN ZULUETA / Juan Bufill

Sólo muy de vez en cuando aparece en el cine español una obra que se aparta de los temas y las estéticas previsibles. Ocurrió con Bilbao, y ahora vuelve a ocurrir con Arrebato, pero aclararé de entrada que los morbos del señor Bigas Luna poco tienen que ver con las fantasías y “estados de gracia” de este segundo largometraje de Iván Zulueta. Lo único que les podría unir es que ambas tiene un tono bastante “moderno” y que se apartan de la estética mesetaria-querejetiana que parece caracterizar a casi toda la producción española de “qualité”.

Zulueta se dio a conocer a finales de los sesenta en algunos programas de televisión, y después con el estreno de una película bastante exótica y divertida sobre el mundillo de la música pop made in Spain de aquella época. Un, dos, tres, al escondite inglés jugaba un tanto irónicamente con una estética entre psicodélica y hortera característica de publicaciones como “Mundo joven” o de personajes como el inefable Iñigo [Nota de Crates: José María Iñigo publicó el 31 de diciembre una sobria y sentida necrológica de Zulueta en el diario «El Mundo»], por entonces muy metido en todo eso de la moda juvenil… Después, los enterados sabrán de sus films experimentales rodados en super-8, de sus preciosos carteles para films ajenos (L’Age d’Or, Los restos del naufragio…), y quizás de su corto Frankenstein, donde el entrañable monstruo evolucionaba a velocidades superiores a las habituales. Pero los productores que normalmente deberían haberse interesado en sus proyectos estaban imbuidos de diversos traumas franquistas, de modo que sus intenciones igualmente serias, pero de apariencia más frívola y desenfadada, han tenido que esperar a que los oscurantismos antes aludidos cedieran un poco. Cosa que al parecer, y gracias a una nueva productora independiente, ha sucedido poco antes de empezar la actual década.

SENTIMIENTOS Y SUPERFICIES.

Pensaba hacer la entrevista en dos partes: antes y después de ver la película. Efectivamente ha sido así. Del primer encuentro, bastante informal, surgieron algunos datos. Por ejemplo, que … Al escondite inglés recuperó gastos gracias a la subvención, pero no dio dinero. Que su productor José Luis Borau debía por contrato producirle dos films más, pero que dado su talante clásico prefirió producir un film de más presupuesto como Mi querida señorita. Zulueta tampoco quiso forzarle, porque las arcas del director de Furtivos tampoco daban para mucho.

También me anticipó datos sobre Arrebato y sobre numerosos proyectos irrealizados y materiales perdidos, que ampliaré más adelante. Pero sobre todo hablamos sobre preferencias cinéfilas, bastante reveladoras sobre las tendencias del realizador. Para Zulueta, lo máximo son los films de von Stenberg con Marlene Dietrich, y de los actuales su preferido es Werner Schroeter, especialmente La muerte de María Malibran (no ha visto Copos de oro). Son películas donde los sentimientos están exacerbados y a flor de piel. En general no es partidario de los planos “innecesariamente” alargados, y sin embargo le gustan muchísimo Gertrud de Dreyer y Alicia en las ciudades de Wenders. De Bresson, a quien considera una especie de loco maniático, le gusta Les dames du Bois de Boulogne, donde las pasiones aparecen menos frías que en obras posteriores como Lancelot du Lac. De Bergman le gusta Persona, de Bertolucci casi todo, y del último cine español, Bilbao de Bigas Luna. Herzog no le interesa, aunque no ha visto sus primeras y mejores películas, empezando por Fata Morgana (Espejismos). Y por supuesto le gusta el cine experimental, especialmente un autor holandés cuyo nombre no recuerda y algunos del underground américano (los margínales, siempre tan malditos, quedan una vez más anónimos). Del español sólo conoce a Pedro Almodóvar, para el que trabajó (cámara e iluminación) en La estrella.

ARREBATO.

Los personajes de Arrebato son: José, un director de cine de terror serie B (Eusebio Poncela) que no se resigna a la mediocridad cotidiana, su ex-amante (Cecilia Roth) que se presenta de repente con un mono de heroína a cuestas, y Pedro (Will More), un enigmático personaje que se dedica a rodar películas flipantes (como las de Zulueta, naturalmente), a no bajar nunca de su viaje entre infantil y alucinado, y a enviar grabaciones y films a José, que producen en éste efectos bastante fuertes. Y hay también algunos personajes secundarios bastante divertidos (el de Marta Fernández Muro, por ejemplo). La historia va de muchas cosas. Se podría hablar del rechazo a lo cotidiano, la sed de intensidad, elogio a la alucinación, la inocencia perdida, la vampirización que comporta toda pasión, el cien dentro del cine… y algunas cosas más. En un primer montaje duraba tres horas, pero para su estreno ha sido reducida a 110 minutos. Del mismo modo, calculaban que su producción costaría unos tres millones, pero finalmente costó cinco. La cinta es en color, con una iluminación bastante especial, y por supuesto en 35 mm, pese a que incluye fragmentos (los supuestamente rodados por Pedro) filmados inicialmente en super-8 después hinchado: un tipo de textura que apenas se ha visto en el cine comercial.

Arrebato podría entrar en el apartado “cine dentro del cine”. Su tema me parece poco comercial, pero por otra parte está el asunto de la heroína. ¿Lo has incluido para compensar?

No, en absoluto. En una historia que va de transgresiones de lo cotidiano, y de cómo perpetuar un cierto “estado de gracia”, la heroína me parece un elemento clave, nunca un añadido.

Arrebato me parece una película personal y con bastante capacidad de fascinación. Sin embargo, le voy a poner algunos peros, el primero es que me parece que la dirección de actores (Eusebio, Cecilia) es algo descuidada, especialmente los diálogos. El segundo es que creo que su forma se basa más en aspectos decorativos que en su estructura de film. Y por último, el giro fantástico del final puede resultar chocante para el espectador, porque rompe la unidad que el film tenía hasta entonces.

El capítulo actores me parece lo más importante en una película. Si ellos están mal, el resultado será un quiero y no puedo inevitable… Sí, es verdad que hubiera querido hacer más ensayos previos al rodaje (¡tiempo, tiempo…!) y también puede ser que las reducciones de metraje que nos hemos visto obligados a hacer (nadie quiere una película española de más de dos horas) hayan afectado al racord de alguna secuencia, por ejemplo. Marta (Fernández Muro), en el coche, con José (E. Poncela), contaba infinidad de cosas relativas al personaje de Pedro. Al eliminar parte de su monólogo, es indudable que la interpretación no tiene la misma fluidez que en un principio. Quizás sea eso lo que te hace pensar que las partes “habladas” estuvieron algo descuidadas… No lo estuvieron.

Respecto a lo decorativo, mi experiencia con el super-8, rodando instantáneamente todo lo que se me pasa por la cabeza, me ha permitido descargar mis posibles tendencias estéticas sin que el espectador tenga que sufrir las consecuencias. Un largometraje para públicos amplios, aquí y ahora, no es lugar para divagaciones sin fundamento. Yo cuento con el espectador, y quiero que todo sea funcional. Lo cual no quiere decir que tema las bellas imágenes.

Y sobre el final, pretendí que el tono fantástico surgiera progresivamente a lo largo de la película (televisión acelerada, veladuras rojas, tomavistas obrando por cuenta propia, etc.).

El guión de Arrebato te ha permitio incluir fragmentos que son equivalentes a tus films en super-8, pero no todos los guiones hacen posible una inclusión tan claramente separada. En tus próximos films comerciales, ¿piensas integrar tu estética más o menos vanguardista? ¿En qué modo?

No, claro. Si el guión lo exige, nos desnudaremos, pero si no… pues no.

Pienso que se te daría muy bien un cine más en la línea expresionista de Maria Malibran, de Schroeter, por ejemplo. ¿Crees que tu creatividad se podrá satisfacer en el marco del cine comercial español, con diálogos, etc?

Yo me adapto a lo que sea, siempre que el producto me interese. Mi lenguaje deberá sincronizarse con la historia que pretenda buscar. Lo importante es que se me entienda, ya sea en clave Malibran o Cómo casarse con un millonario.

ELDORADO.

¿Qué proyectos tienes?

Dos. Uno barato: comedia urbana con insertos musicales y fuerte carga erótica (título provisional: 1984), y otro a elegir entre dos antiguas ideas que fueron bastante trabajadas en su día cuando debía producirlas El imán, es decir, Borau: Luz y Fer, y Lola Lela y Lalo Lelo (Los Lelos), un vodevil-esperpento con pareja revisteril en declive, que decide adoptar un niño subnormal para adquirir una imagen más vendible. Los dos necesitan ahora una revisión a fondo, sino resultarían anacrónicas. Han variado las circunstancias (propaganda política, institución familiar, sexo público…).

Uno de tus antiguos proyectos era una película de aventuras en Suramérica…

Uff¡ Eso debe ser ElDorado y pertenece a la etapa Escondite inglés. Era una comedia aventurera, sobre una pareja que rompe con todo, en el Madrid de El Corte Inglés y Galerías, y se van en busca de plantas sicotrópicas que han visto en un reportaje, y que sólo se encuentran en el Perú. Había transatlánticos, locas millonarias, lunas tropicales, y un retroceso en el tiempo que les hacia encontrarse con las huestes de Hernán Cortés, todos buscando ElDorado como locos…Era una copriducción cara, entre Borau y un colombino, que el retraso del estreno del Escondite obligo a aplazar… y hasta hoy.

CHUPANIEVES Y LA ORQUESTA MONDRAGÓN.

También querías hacer un musical con la orquesta Mondragón…

Sí. Chupanieves es una comedia musical para teatro, basada en la Blancanieves de Walt Disney, en la que se da mucha más importancia a la Reina Madrastra y en la que Javier Gurruchaga haría el doblete Blancanieves-Reina, y Popocho sería los siete enanitos, muy subnormales, que ingenuamente surten de armas a una organización secreta anti-Reina. Yo veo un vehículo perfecto para la Mondragón, pero ellos tal vez lo consideren prematuro y prefieren dedicarse a reafirmar su condición de grupo de rock and roll.

SOUVENIR

Zulueta tiene una serie de films experimentales, la mayoría en Super-8, pero alguno también en 16 mm (Leo es Pardo) y 35 mm. Utiliza generalmente la refilmación, lo que da a la película una textura móvil que personalmente me encanta. Este efecto se ha convertido en un “tic” del actual cine de vanguardia europeo, pero afortunadamente el empleo de Zulueta sigue teniendo unas características propias.

Masaje son ocho minutos en 35 mm, en los que desfila, acelerada, la programación de TVE en un día de desfile de la victoria y demostración sindical. Salía un Franco subliminal, y ni lo presentamos a la censura. Lo producía El Imán, y nadie sabe dónde está.

Souvenir es un refirmado (Super-8) de una fiesta de cumpleaños infantil en un acantilado perdido de la costa sur marroquí. No sé si es porque ya está perdido, pero lo recuerdo maravilloso y ensoñador. Tal vez intente rehacerlo, sigo teniendo el material base.

A Mal Gam A no tiene ninguna planificación previa, está construida a posteriori (cosa que a veces me irrita: algún que otro esfuerzo penoso por dar estructura a algo que no la admite), contando, eso sí, con el truco final, brillante y peligroso (su fórmula es aplicable a cualquier película, Tristana incluida… ¡juro que la ví después!).

Babia seguía las andanzas de Will More por una isla mediterránea a la búsqueda de no se sabía qué. Este “qué” tenía que haber sido otro film más extenso y complementario, que iba de una ninfa acuática, buscada y raptada por el personaje de Will More, pero que aún enamorada de él, no conseguía adaptarse a la corteza terrestre. En Babia no había voces, sólo música y ruidos. La pasamos bastante en Madrid (proyecciones privadas), y luego la llevamos a los festivales de Paris y Nueva York. Todo muy exitoso, pero acabó perdiéndose. Mi ego está en Babia utiliza ya el material original sobre el que estaba Babia refilmada. Se trata de una narración dentro de otra, y de otra… Un personaje, Will More, narra su estancia en una casa con miles de chinitas, que a su vez le cuentan aventuras de su otro yo.

Finalmente Acuarium (super-8, 10 min.) forma parte de Primera parte, mediometraje (30 min.) destinado a preceder a un largo, compuesto por un NO-DO, un corto, un trailer y publicidad. Va de Will More esperando una conexión telefónica con un Acuarium, desde un apartamento elevado. Asistimos al desarrollo de un ciclo, seguido y precedido de otro igual, según puede deducirse.

Iván Zulueta también participó en el colectivo En la ciudad, en super-8. Su sketch mostraba fragmentos de la represión de una manifestación antifranquista. Es uno de los films más esenciales que he visto sobre la relación entre la autoridad y los gobernados. Pero Zulueta también ha tenido problemas personales con esas gentes.

En TVE, ¿te censuraron algún trabajo?

Sí, en cierta ocasión (y después de haberles hecho el Último grito durante casi año y medio), me encargaron ilustrar canciones-de-éxito-en-las-listas, a razón de una por semana. No pasé de la primera (“Ride Like a Swan”, T.Rex), porque según ellos el resultado era “como de drogadictos” o algo así. Todo debido a un primer plano del rostro de una chica, con los ojos cerrados y actitud serena, sobre el que se proyectaban aguas refulgentes…

Me gustaría que me hablaras de los registros de la policía y el material que se llevaron…

Trataré de activar mi depauperada memoria. Allá por los primeros setenta, cuando el follón del cine California (nos detuvieron a unas cuarenta personas mientras veíamos ingenuos super-8 de diversa procedencia a la una de la madrugada, creyendo que se trataba de algún mitín clandestino), registraron mi casa y se llevaron de todo, incluidos todos los super-8 que tenía en Madrid por entonces (60%)- Lo que más lamento es un material muy extenso del que te he hablado antes, rodado en Ibiza para ser completado con lo que luego sería Babia. Había muchas cosas, una Marilyn sobre fragmentos televisivos de sus películas… y qué se yo, porque luego me han vuelto a invadir la casa un par de veces más… y menos la tercera, nunca me han devuelto nada, me armo un lío, nunca sé cuándo fue cuál. Me falta un amplio reportaje sobre la filmación de Los viajes escolares, de Chávarri… Un material sobre New York, con Will More seduciendo a Taylor Mead, de la Warhol Factory… Parte del Te Veo, mucha sicodelia casera, etc., etc. Algún día que me sienta muy en forma (abogados, juzgados…), volveré a reclamarlo todo. En el “Super-8 New York Film Carnival” perdí (se la deje a unos franceses que iban a distribuirla por Universidades americanas, y nunca más se supo) , la primera versión de Babia. Y este año pasado, le preste Souvenir a la mujer a la que está dedicada, y se la han perdido al intentar hacer una copia. ¡El super-8 es verdaderamente efímero!

ARREBATO / Julio Pérez Perucha

En el sombrío panorama del cine español Arrebato implica una sorpresa y un riesgo. Sorpresa, porque la película de Zulueta se apoya sobre dos pilares absolutamente infrecuentes entre nosotros: unas muy asimiladas referencias a Edgar Allan Poe y una inesperada reflexión sobre el cine super-8 y la estética underground. Riesgo, porque el objeto de su discurso, la posibilidad de comunicación y/o diálogo sobre la imagen, y las retóricas que lo ponen en pie (las del propio cinema underground) se encuentran lo suficientemente alejada de nuestra experiencia cinematográfica como para que Arrebato se sitúe en las antípodas del cine dominante, y no sólo eso, sino que se encuentre prácticamente sin interlocutores, ya que la película es hija de unas preocupaciones contraculturales poco frecuentes en el cine español.

El tema del desdoblamiento del sujeto y la pugna entre éste y su alter ego, tal y como la plantea Poe referido fundamentalmente a la práctica artística (El retrato oval, Berenice, La caída de la casa Usher) constituye un punto de partida que Arrebato pretende trasladar a las condiciones contemporáneas mediante un sendero que atraviesa el mito del Doctor Frankenstein. La práctica artística es aquí el cinema: las condiciones, el desarraigo y soledad que producen las grandes ciudades. Un realizador de vulgares filmes de terror, desorientado e insatisfecho en su trabajo, se siente fascinado por el nuevo tipo de relato que se le presenta a través de una cinta de super-8 rodada y montada con las retóricas estilísticas del más acreditado cine underground (y de él, antes de Michel Snow o el alemán Werner Neskes que Warhol o el underground italiano). Este relato narra la creación del doble fílmico del actor retratado y la vampirización de ese actor por el doble hasta quedar tan sólo éste. El componente narciso de la práctica interpretativa cinematográfico, el riesgo que corre el actor de ser fagocitado y subyugado por su imagen (sentimos la tentación de entender Arrebato como una transposición biográfica y estilizada de Bela Lugosi) es tan objeto de reflexión en el filme de Zulueta como los límites en que se encierra la experiencia fílmica superochista, subjetiva y constreñida a un reducido diálogo emisor-receptor. Grandeza y miseria de tal experiencia, el cine industrial puede circular entre un amplio con junto de espectadores diversos, pero el diálogo entre estos y el cineasta será imposible por definición, mientras que el filme de super-8 consuma su trayectoria entre un reducido e individualizado núcleo de espectadores con los que, ahora sí, el diálogo existe, aunque se agote en una práctica narcisista y cerrada que sólo conduce a la desaparición del sujeto enunciante, o lo que es lo mismo, al suicidio del emisor, posible y definitiva prueba de amor de éste hacia quien recibe sus proposiciones.

Como decíamos, la única manera de vehicular tales reflexiones con un mínimo de pertinencia es a través de procedimientos fílmicos formalizados por las corrientes underground: ni el filme superocho podría ser la trivial película familiar al uso, ni la aventura del realizador protagonista del filme que nosotros contemplamos podía narrarse de forma muy alejada a la utilizada por la propia cinta super-8, ni la fascinación que ésta ejerce sobre aquél debía ser justificada. Así, Arrebato parece un enciclopédico escaparate de las diversas regiones que componen el más acreditado underground: lo que no es super-8 exhibe familiaridades estilísticas con el underground más industrial (Rappaport o Warhol, que no Morrisey). Vinculación estricta a tal universo que conduce a que Arrebato parezca ser ocasionalmente simple acumulación de un grupo de breves filmes experimental-universitarios, generándose una no desdeñable entropía en su discurso, y provocando una perniciosa confusión, sobre todo a partir de su segunda mitad, entre los puntos de vista del realizador profesional y del cineasta amateur.

Todo ello adobado por observaciones sarcásticas sobre la cultura y la historia pues tas en boca de los personajes secundarios y provistas de un acendrado sabor contracultural.

Que Arrebato sea la obra de un realizador que ha tenido que esperar once años para realizar su segundo filme, y que, entre tanto, haya trabajado asiduamente el super-8, no es la menor de las singularidades de una película que parece el comentario sobre esa trayectoria y sobre la imposibilidad de desarrollar ciertas experiencias culturales (vinculadas globalmente al universo pop) en el mundo cultural español.

2 thoughts on “«Leo es pardo»: recordando a Iván Zulueta”
  1. «Leo es pardo»: recordando a Iván Zulueta
    Estupendo artículo. Gracias Aurelio. A mí también me resultó «Arrebato» como una de las mejores películas que he visto en mi vida.

    Feliz año.

  2. «Leo es pardo»: recordando a Iván Zulueta
    El respetable público puede acceder a copias de las películas en super8 de Zulueta, y a sus cortos, en este enlace.

    Queda para quienes lean y vean la reflexión sobre si este modo de difusión -y visionado- afecta a las películas…

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