
inSurGente.- No sólo pueden, sino que deben abrir fuego contra los piratas. Los vigilantes que viajan a bordo de los atuneros españoles en el océano Índico deben cumplir un manual confidencial de actuación que los convierte, de facto, en un cuerpo militar.
Algunos vigilantes de seguridad que protegen de los piratas somalíes a 16 pesqueros españoles desde hace dos meses creen que si siguen fielmente las normas del protocolo de actuación establecido por la empresa que los ha contratado, Segur Ibérica, se convertirían en mercenarios, al estilo de la empresa paramilitar estadounidense Blackwater, conocida por sus fechorías en Irak. Las críticas de los vigilantes consultados por interviú inciden sobre todo en las normas recogidas en la página 25 de ese manual de actuación, confeccionado por la empresa Segur Ibérica, al que ha tenido acceso esta revista: “A unos 600 metros (0,32 millas) de distancia o en caso de recibir fuego enemigo, se empleará toda la fuerza letal, con contundencia, para evitar el abordaje”.
Segur Ibérica explica que “el procedimiento de actuación que siguen los vigilantes que prestan servicio en los atuneros que faenan en el Índico es conocido por los ministerios de Defensa e Interior”. Y, sorprendentemente, sostiene que este protocolo “no contempla la posibilidad de que la empresa obligue a los vigilantes a disparar contra embarcaciones sospechosas”.
El Manual de protección para los atuneros que faenan en el océano Índico y sus buques de apoyo (supply) tiene el encabezamiento de Confidencial y en su primera hoja se indica que “debe ser custodiado con las garantías de seguridad que esta clasificación determina”.
Firmado por tres directivos de Segur Ibérica, fue entregado a los jefes de equipo de seguridad en el mismo avión de las Fuerzas Armadas Españolas que transportó a los 54 vigilantes y su armamento a las islas Seychelles el pasado 13 de noviembre. Por cada atunero hay cuatro vigilantes; uno de ellos es el jefe de equipo, designado por la empresa.
Órdenes y represalias
No parece que los vigilantes estén dispuestos a seguir a pie juntillas las normas de Segur Ibérica, única empresa que suministra personal de seguridad a los 16 atuneros de bandera española que faenan en el Índico: “No somos asesinos, somos profesionales, y actuamos con cabeza, no disparando a matar contra la primera embarcación sospechosa que detectemos a una distancia tan larga como 600 metros”, se queja uno de los vigilantes que han sido despedidos por Segur Ibérica. “En parte, por negarme a disparar cuando el capitán me lo pedía”, explica.
Pero el motivo oficial que ha esgrimido la empresa para el despido de este vigilante ha sido “no superar el periodo de prueba”, después de dos meses a bordo de un atunero que ha sufrido dos intentonas de ataque por parte de los piratas. “No he tenido más problema en el barco que con el capitán y su afán de que disparásemos contra todo lo que se movía. Si eso es motivo de despido, pues, sí, me lo debo merecer”, ironiza este vigilante, que prefiere mantenerse en el anonimato por “posibles represalias de la empresa”. Segur Ibérica ha despedido con este argumento a seis vigilantes en el primer relevo de personal, el pasado 29 de diciembre. A la semana, mientras disfrutaban de sus vacaciones en España, les llegaron las cartas de despido.
En el apartado de Normas de enfrentamiento, en la página 24, el manual para los vigilantes de los atuneros contiene afirmaciones cuando menos arriesgadas, como que “el derecho de autodefensa o legítima defensa, según la legislación penal, no está limitado”. “Quieren tranquilizar nuestras conciencias. Quieren decir que si matamos a alguien no pasa nada”, protesta este profesional.
El protocolo de actuación de los vigilantes deja muy claro que estos deben comportarse en el buque “a todos los efectos como una unidad militar, en la que el jefe de equipo asumirá el mando”, pero dependiendo del capitán, que sigue siendo la máxima autoridad a bordo. El manual de actuación parece chocar con la legislación española, reformada días antes de que los vigilantes llegasen a aguas de Somalia para permitirles el uso de armamento de guerra a bordo de los barcos españoles. El Real Decreto 1628/2009, de 30 de octubre, indica que “los vigilantes de seguridad harán un uso limitado de este tipo de armas, que tendrá como único objeto la prevención y disuasión eficaz de posibles ataques, pudiendo ser utilizadas, en caso de necesidad, como medio de defensa para repeler agresiones armadas de forma adecuada y proporcional”.
Zafarrancho de combate
El protocolo de actuación señala que cuando se detecte un “contacto radar o visual (…) y que por sus características pueda ser una embarcación pirata, se le dará un primer aviso por canal 16 VHF, invitándole a desistir en su actitud (…). Si la embarcación pirata continúa su aproximación, se harán disparos de intimidación al aire. Si todavía no desiste o si se detecta personal armado a bordo cuando llegue a la distancia eficaz de las ametralladoras, unos 1.000 metros (0,55 millas), se abrirá fuego por la proa de la embarcación”. La fuerza letal deberá emplearse, según el manual, ante cualquier embarcación sospechosa que se acerque a 600 metros, aunque no haya hecho fuego contra el barco.
El atunero Alakrana seguía en manos de los piratas, el pasado 13 de noviembre, cuando, a bombo y platillo, se anunció la partida de 54 vigilantes a la zona conflictiva, tras su paso por la Escuela de Infantería de Marina General Albacete y Fuster, de Cartagena (Murcia). Allí, durante tres días, los vigilantes elegidos recibieron un cursillo sobre armas de guerra. En el recinto militar firmaron el contrato con Segur Ibérica, que establece un plus de peligrosidad y un complemento de Puesto de Trabajo de 4.000 euros mensuales. “El salario fue el motivo por el que muchos de nosotros nos embarcamos”, reconoce un ex escolta que renunció a su puesto de trabajo en una empresa de seguridad del País Vasco. Ahora, en paro, se lamenta de su decisión: “Cuando han visto que con menos personal se apañan, han echado a los que más hemos cuestionado las exigencias de la empresa y de la mayoría de los capitanes: que disparásemos sin ton ni son”.
Ocho acosos en once días
En once días, desde el 18 al 29 de noviembre, los atuneros españoles sufrieron ocho acosos de piratas, según consta en un informe interno de Segur Ibérica. El más grave fue el sufrido por el Ortube Berria, el 29 de noviembre de 2009, cuando entre ocho y doce piratas abrieron fuego contra el atunero. El informe recoge así el incidente: “Sufre un ataque por dos esquifes, cuatro a seis hombres cada uno y velocidad 20/22 nudos. Los piratas abren fuego con armas ligeras y posteriormente con lanzagranadas a unos 700 metros. El ataque dura treinta minutos y es repelido con fuego de ametralladora y fusil”.
En algunos casos, las embarcaciones corsarias navegaban a la deriva o por falta de combustible o fingiendo una avería para engañar a los buques con los que se cruzara, algo que sufrió el Txori Toki el 23 de noviembre. Cuatro días antes, el Txori Gorri fue perseguido por un esquife pirata: “Se toca zafarrancho de combate y se efectúa evasión a toda máquina… Tras veinte minutos, el esquife desiste”, relata el informe de Segur Ibérica antes mencionado. El Albatún, el Albacora Cuatro y el Txori Argi son los otros atuneros españoles acosados por piratas en ese periodo. Pescadores y vigilantes tienen faena.
Fuente: Interviú